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Enrique Nieto


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  • 31
    Enero
    2012

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    Tienes un Email: A/A de las amas/os de casa que cocinan

      Estimadas amigas/os:

     

    Os escribo para que sepáis que somos muchos en el mundo los que reconocemos vuestro trabajo. Si hay algo que sea digno de agradecimiento es sin duda el hecho de que cada mañana alguien, en una familia, se levante y piense: ‘¿qué hago hoy de comer?’, porque eso trae consigo de inmediato una serie de observaciones que vienen a su mente: ‘habichuelas no que no le gustan a Juanito’, ‘tengo que triturar la cebolla que a Paqui le da asco encontrársela’, ‘patatas no que ya llevo mucha patata esta semana’, etc., etc., y, con todos esos condicionantes, hay que ponerse a preparar la comida, la cena y lo demás.

     

    En el mundo de las comidas del hogar ha habido una evolución muy importante y –voy a dejar de dirigirme a ambos sexos porque, al final, la absoluta mayoría de los que guisan en casa a diario son  mujeres – vosotras habéis tenido que adaptaros. Los hijos se han acostumbrado, quién sabe cómo, a un nuevo tipo de alimentación a menudo basada en platos preparados y, aunque tiráis de esas cosas más bien para la cena, - es el mundo de las pizzas, de las preparaciones rebozadas para luego freírlas - a veces, hay que usarlas también a mediodía si no quieres que surja el consabido problema de que el nene o la nena no quieran comer.

     

    Sin embargo, sé que muchas de vosotras lucháis como gatos panza arriba por mantener la alimentación clásica de esta tierra, la que aprendisteis de vuestras mayores, y yo os quiero decir algo que he experimentado en mi familia: los críos, cuando pequeños o adolescentes,  a veces protestan de que haya lentejas, o habichuelas, o cocido un día para comer, pero os aseguro que, si insistís en ello, resulta que, cuando se hacen mayores, jamás os van a pedir que les pongáis una hamburguesa, sino que, cuando vienen a tu casa, ahora ya de vez en cuando porque estudian fuera, porque viven lejos o porque ya están casados y tienen sus familias, van a deciros: ‘para comer, por favor, haz uno de esos cocidos tan estupendos que haces tú’, o vas a oír que croquetas como las de mi madre ningunas, o lo más estupendo, que cuando lleguen a tu casa abran el frigorífico y pregunten: ‘¿hay sobras de algo?’ y busquen un táper con unos restos de conejo frito con tomate y pimientos, se lo calienten en el micro ondas y se chupen los dedos mojando pan.

     

    Es verdad que los guisos se llevan bastante tiempo que ahora es tan escaso para muchas, pero, además de estar tan buenos, de

    ser tan sanos, es que salen absolutamente baratos. El otro día, comíamos en mi casa unas habichuelas estofadas, con su laurel, su clavo, su pimienta en grano y estaban de cine. No llevaban nada de carne y el guiso para todos salía por unos poquísimos euros. Un arroz con verduras y unas migas de bacalao es un plato exquisito y los ingredientes muy baratos. En los tiempos que corren eso es una gran ventaja.

     

    Y os diré más. Cuando tengáis invitados a comer, incluso cuando sea gente de alto copete de esa que está muy comida y muy bebida en altas calidades, dadle un guiso bien hecho. Hace poco tuve una ocasión así en mi casa, hice potaje de garbanzos con acelgas y albóndigas de bacalao y se pusieron ciegos. Ningún foie hubiera tenido más éxito.

     

    Un cariñoso saludo

     

     

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