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Enrique Nieto


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  • 29
    Octubre
    2012

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    Tienes un Email: A/A de la buena gente



        Hoy me permito escribiros a vosotros, todos aquellos que vais por la vida con un esquema de conducta basado en la bondad personal. Esto de ser ‘buena persona’ es algo que ha estado muy en desuso en los años esos que recientemente se han ido debido a que llegó la crisis para pinchar el globo inmobiliario y deshacer ese mundo que se había creado. Parecía entonces, en la época de las vacas gordas, que las personas debíamos ser poco solidarias, buscar el enriquecimiento personal por encima de todo, llegar al poder y ejercerlo de modo que pudiéramos seguir subiendo en la escala social, pisando a quien fuese,  hasta llegar a ser cada uno de nosotros un rey del mundo cualquiera. Incluso los padres transmitían a sus hijos esta escala de valores, los preparaban para llegar a lo más alto por encima de todo y de todos, dejando atrás cualquier escrúpulo, cualquier ‘debilidad’ que los lastrara.


    No les cuento nada de cierto mundo empresarial de elite donde se estimulaba la competitividad hasta puntos realmente álgidos. Los hombres y mujeres jóvenes que entraban en estos espacios debían entregarse en cuerpo y alma a la firma para la que trabajaban, sin horarios, sin cortapisas éticas que los hicieran preguntarse si lo que estaban haciendo para reflotar una empresa, valga el ejemplo, no era una canallada porque había que sacrificar lo que fuese para lograrlo, incluidas a menudo las leyes vigentes. En estos puestos se premiaba la ceguera total, la fidelidad absoluta y era tan tremenda la tensión que conozco varios casos de estos jóvenes que acabaron hundidos en una depresión, o sencillamente abandonaron sus empleos por no poder soportar los problemas de conciencia que les suponían esas actitudes.


    La crisis ha hecho reaparecer y revalorizarse las posciones de bondad personal. Los padres que educaban a sus hijos para el triunfo por encima de todos han tenido que recogerlos en su casa y comenzar a enseñarles lo que es la solidaridad. Una cohorte de buena gente ha visto como sus actitudes ante la vida pueden desarrollarse ahora ante el aplauso de los demás, cuando hace unos poquísimos años, ser bueno parecía sinónimo de ser tonto. De hecho, mucha gente creía que lo importante era que alguien te dijera: ‘cómo ha subido tu hijo; el otro día lo vi con un cochazo impresionante’, cuando resulta que lo mejor en el mundo es que alguien venga y te diga: ‘he conocido a tu hijo: qué buena gente parece’.


    Quiero deciros una cosa que para mí es importante: si vas por la vida tratando de no hacer daño a nadie, y, si además has procurado echar una mano cada vez que has podido, es muy probable que, cuando llegas a la madurez, encuentres a tu alrededor gente y acontecimientos que premian esa actitud tuya. Y el que crea que ha sido una persona regular, que sepa que ser borde ni siquiera se lleva ya. Han ganado los buenos.
     

     

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