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Enrique Nieto


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  • 13
    Enero
    2012

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    Tienes un Email: A/A de D. Salvador Marín



    Estimado Sr. Consejero de Hacienda,

    Le escribo para solidarizarme con usted. Aquí, en esta Región, mucho hablar de nuestros empleos basura, de sueldos basura, de pensiones basura (véase el estupendo trabajo de Victoria Galindo en las páginas de este periódico ayer en el que explica con claridad meridiana donde se encuentra Murcia a todos los niveles y en todos los marcadores económicos: en el mismísimo rabo de Europa), pero de su puesto de responsabilidad no se acuerda nadie. Si alguien me preguntara qué empleo es el de peor calidad – que no el de peor sueldo, ese es otro cantar – yo respondería sin duda que el suyo, y, para demostrarlo, voy a intentar explicar aquí cómo imagino su día de trabajo para que sepa que por lo menos hay alguien aquí que se preocupa por el pobre consejero de Hacienda.
    Verá, yo lo veo a usted comenzando su jornada llegando al despacho, sentándose a su mesa y abriendo la agenda del ordenador. En ella, para ese día, aparece un listado que tiene cosas en rosa, cosas en rojo y cosas en color morado tirando a púrpura. Mientras que sus compañeros del Consejo de Gobierno tienen una inauguración, una reunión en Madrid con colegas del partido y un paseo en lancha o en jeep, ora por el Mar Menor, ora por el Altiplano, con comida posterior, café copa y puro, usted tiene dos vencimientos de créditos bancarios por valor de tropecientos cincuenta mil millones de rupias, cuatro en dólares y seis en euros. En rosa están marcados los pagos pendientes que sabe que no va a pagar hasta que las ranas críen pelo; en rojo, los que va a pagar, si puede, antes de cinco años y en morado los que ha de pegar, por cojones, antes de un año o los meten a todos ustedes en la trena.


    A la derecha, en la pantalla, está el listado de los escritos de proveedores, empresas y desgraciados que, en su momento, se fiaron de ustedes y les reclaman sus deudas. Los tiene usted divididos en varios apartados: los que piden por favor que les pague, los que piden airadamente que les pague, los que dicen que si no les paga van a quemar San Esteban, y luego ya los peores. Usted los mira, como cada mañana, y da órdenes inmediatas que les manden fotocopiado y bien encuadernado  el plan de pagos, que ha resultado un capote estupendo, de grana y oro, con el que torear al personal. A la gente que duda de su capacidad les daría yo con el plan de pagos en toda la geta, porque hay que ver qué cosa más bien traída ha parido usted, oiga.


    A continuación, en su horario, entran las reuniones con colaboradores y técnicos. Les tiene prohibida la frase: ‘de donde no hay no se puede sacar’ y solo admite sugerencias de cómo se pueden quitar gastos. Sus frases preferidas son: ‘al de Cultura le podemos quitar cien mil euros’, ‘la universidades que se jodan y esperen’, ‘podemos parar la carretera tal’, y ‘al ayuntamiento de tal ciudad que le vayan dando’.


    Y así trascurre su día, y, por la noche, cuando llega a su casa, está cansado y poco satisfecho, porque el suyo es el peor trabajo del mundo mundial, y, encima, todos hablan por ahí de ‘el que vendrá’, al que debe allanarle el camino como si usted fuese San Juan Bautista. Qué situación tan dura, Señor.


    Cuenta usted con mi simpatía,
     

     

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