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Enrique Nieto


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  • 08
    Abril
    2016

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    SOCIEDAD Murcia

    Pintando al Fresco: Ventajas de la edad

        Aunque ustedes no lo crean, ser mayor tiene sus ventajas. La madurez, incluso a las puertas de la ancianidad, puede ser una muy buena época de la vida. Claro está que tiene inconvenientes, sobre todo, el del tema de las pastillas, las visitas al médico de esta o aquella especialidad porque esto o aquello comienza a funcionar mal, o ya no funciona en absoluto, y tienes que aceptar que es así, y que no tiene marcha atrás, lo que te provoca pensamientos del tipo: ‘joder, con lo que yo era …’, pero está claro que como en la película ‘All that jazz’, la ‘aceptación’ es un paso muy importante para poder desenvolverte con una cierta tranquilidad en esta penúltima etapa que estás viviendo.

        Una de las primeras ventajas que me gustaría señalarles es la diferencia tremenda que existe entre cómo reaccionabas antes y cómo reaccionas ahora ante la maldad, la estupidez, la envidia, etc. de alguna gente; y, como contraposición, cómo valoras la inteligencia, la bondad y la generosidad de otros. Ante las canalladas, los desprecios o las malas artes de los seres humanos de segunda o tercera categoría, cuando eras más joven, solías mostrarte airado, pillarte unos cabreos tremendos e incluso pensar en algún tipo de venganza. Cuando llegas a la edad, o a la circunstancia, porque a veces no es cuestión de años, de la madurez, incluso en las vísperas de la senectud, si no eres uno de esos desgraciados, lo habitual es que esas personas te importen un pimiento y sus maldades te provoquen risa. Y no es que pases de ellos, es que realmente piensas que bastante castigo tienen con ser como son, porque la gente de este tipo nunca es feliz, siempre está inquieta y las pequeñas satisfacciones que les producen sus maldades suelen volverse contra ellos, sobre todo a nivel de la consideración de los que lo rodean. Y viven bastante mal, los jodíos.

        Otra cuestión a tener en cuenta es cómo te sientes con respecto a la vida que has llevado hasta ahora; es decir, si encuentras que los años pasados y lo que has hecho te resulta satisfactorio, o, por el contrario, si crees que no has tomado las decisiones correctas o has caminado por sendas equivocadas para llegar a este momento. Con mi buen amigo Eusebio, que ya se fue, tuve momentos de reflexión y de diálogo sobre este tema. Solía decir él que no estaba muy seguro de haber hecho exactamente lo que debería en algunas ocasiones, y que quizás le había faltado valor para decidir cambios en su vida que lo hubieran llevado a diferentes experiencias. Yo le respondía que todos cometemos errores, pero que lo que importa es la síntesis de errores y aciertos, y el estado en emocional en el que te encuentras cuando piensas en ello como un todo, y no por partes. Digamos que yo mismo, dado el contexto donde nací y las circunstancias que rodearon mi infancia – época de posguerra civil, familia sencilla, cercana a la pobreza, sin formación, etc. – el haber podido acceder a la Cultura, desarrollar una vida como profesor, como pintor, e incluso escribiendo en los medios de comunicación durante más de cuarenta años ininterrumpidamente, sin que nadie me tire piedras por la calle por lo que he hecho en estos tres campos profesionales, colma de sobra e incluso sobrepasa cualquier cosa que hubiera podido imaginar. Pero, en estas o en otras circunstancias, diferentes en cada cual, la parte de la realización personal, si sabes valorarla, adaptarla al medio en el que has vivido, ponerle al menos un ‘pasable’, buena’ o muy buena’, ayuda mucho a afrontar lo que se va acabar pronto, si es que no se ha acabado ya. Y es una ventaja enorme no tener que preocuparte ya, dada la edad, por demostrarle nada a nadie.


        Y, como dijo Eliot, ‘my time has come to stand and stare’, (me ha llegado el momento de pararme y quedarme mirando despacio), y eso sí que es una ventaja. Te has pasado la vida corriendo de un lado para otro, con este afán o con aquel afán, pero ahora puedes detenerte varias veces al día para mirar un cielo, un mar, un cuadro, un libro, y, sobre todo, mirar lo que has creado: quién pueda, una familia, unos amigos, incluso unas cosas que sabes que has hecho tú y que quedan ahí. Y ya, cuando lo que ves te llena de alegría, esta edad resulta una ventaja enorme, casi inabarcable.
        

     

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