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Enrique Nieto


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  • 29
    Febrero
    2012

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    Pintando al Fresco: Una cena

      El otro día vinieron unos amigos a cenar a mi casa. Varios de ellos no habían estado nunca y quise quedar bien, así que me puse a cocinar en serio, que, por cierto, hacía bastante tiempo que no lo hacía. Voy a escribir aquí lo que guisé, así que, si no le gusta a usted la cocina, no siga leyendo porque este artículo no le va interesar.

     

    Como aperitivos, hice dos platos. Almejas con chanquete al ajillo y gambas con fresas. Para el primero, preparé dos sartenes. En una cuajé el chanquete y en otra abrí las almejas, ambas con su preparación de ajo, guindilla. Luego puse en una fuente las almejas y les repartí por encima los chanquetes (es muy importante no hacer los dos productos juntos porque con el agua de las almejas se pone blando el chanquete). Espolvoreé con perejil y serví en la mesa. Acabaron mojando pan en la salsa.

     

    Las gambas peladas – que eran congeladas, pero unas que no llevan agua y son grandes y muy buenas – las hice de la siguiente manera. Se ponen unos ajos laminados muy finos y una punta de cayena. Se sofríen algo y se echan las gambas. Se cortan las fresas, que deben estar maduras, por la mitad, y se pasan por una plancha o una sartén, para que pierdan el frío. Cuando las gambas están casi cuajadas, se le añaden las fresas y un pequeño chorro de miel. Se revuelve y se dejan unos minutos que reduzca, y se sirve. Es un plato especial pero suele triunfar.

     

    De primer plato, puse rosbif. Se prepara así. Se coge un trozo de ternera que sea de una parte buena, se brida con un hilo bramante, se sazona con sal y bastante pimienta, y se sofríe bien por todo. A continuación se mete en el horno, a 180 grados,  entre veinte y treinta minutos dependiendo del grosor de la carne. Normalmente, ya está hecho y lo importante es que, al cortarlo, se quede color rosa por el centro y más hecho por la parte exterior, que quede bonito, vamos. Esta vez, también lo hice así, pero, en vez de cortarlo fino y ponerlo con mostaza u otra salsa, lo corté grueso, preparé una salsa de champiñones, la puse en el fondo del recipiente y metí otra vez el rosbif en el horno durante diez minutos. Quedó muy bien porque se mantenía rosado, y me quité de en medio el problema de que la carne tan cruda pudiera no gustar a los comensales. A mi juicio y el de mis invitados, estaba de cine.

     

    De segundo plato hice calamares rellenos. Limpié bien los calamares (un coñazo, porque hay que volverlos del revés y cuesta trabajo) que eran grandes y muy carnosos. Preparé el relleno con un picadillo de pechuga de pollo, magro de cerdo, un poco de morcón y algo de longaniza blanca. Le añadí ajo, perejil, piñones, huevo y miga de pan mojado en leche, y un  poco de zumo de limón, sal y pimienta. Rellené los calamares, no mucho porque si no revientan al freírlos. Los cerré con palillos. Se sofríen bien, se prepara una salsa con abundante tomate, cebolla, zanahoria y algo de ajo. Se le añade caldo de carne, y se cuecen los calamares hasta que están hechos. Se cortan en rodajas y se les pone la salsa por encima al servirlos. El plato, que es un encuentro en productos de la tierra y del mar, es una cosa exquisita, diría yo.

     

    Y de postre fruta, porque estaba ya de cocina hasta el gorro. Me llevó casi cuatro horas prepararlo todo, pero puedo decir y les digo que los asistentes comentaron ampliamente lo bueno que estaba aquello y yo me quedé más ancho que largo. Cuando uno se lo curra, como yo lo hice el viernes, el pago por todo ese trabajo es ver a tus amigos felices y diciendo repetidamente que la cena está estupenda. Vamos, anímense. A guisar.

     

     

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