Blog 
El Blog de Enrique Nieto
RSS - Blog de Enrique Nieto

El autor

Blog El Blog de Enrique Nieto - Enrique Nieto

Enrique Nieto


Archivo

  • 30
    Diciembre
    2013

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Pintando al Fresco: Un rato para pensar

    Entonces, él se sentó en el sillón de su despacho, tomó el teléfono, marcó un número y una voz respondió: ‘Sí, presidente’. ‘No me pases llamadas y que no me moleste nadie’, dijo. La voz respondió: ‘El pesado ha llamado ya seis veces. Parece que es urgente’. Él, con voz alterada, casi gritó: ‘Joder, qué pesado es este hombre; no he conocido a nadie más pesado en mi vida. Si no estuviera a punto de irme lo cesaba mañana mismo. Dile que luego lo llamas. Pero no lo llames, que me pone la cabeza hecha un bombo’. ‘Sí, presidente. Es verdad, es muy pesado’ asintió la voz, y ambos colgaron el teléfono. 

    Se echó hacia atrás en el sillón y miró a su alrededor. ‘Este despacho, comparado con el que tengo en Bruselas, es más señorial pero también es más triste y estoy hasta las narices de estos muebles. ¡Y de la agenda! A la agenda es que la odio ya. Aunque han pasado tantas cosas entre estas paredes…. Madre mía si hablaran los ladrillos…. Oye, pero me gustan estos cuadros. Y el de Luzzy que tengo en la sala de recibir sí que lo voy a echar de menos. Además de buen pintor, qué buena persona era Ramón. La verdad es que he conocido a tanta gente interesante que ni soñaba que iba a poder conocer…. Quién me lo iba a decir a mí cuando estaba de profesor raso con aquellos desarrapados, hace ya más de veinte años. 

    Pero, ¿y en lo demás? En el partido, bien. ¿Qué digo bien? Cojonudo es la palabra. Como una seda, tío, que no se ha movido ni una mosca, mientras que los socialistas ahí matándose los unos a los otros. Claro, que tenía mucho para repartir, y así cualquiera: que si tú a esta lista, y tú a esta otra; que si tú directora general, que si tú asesor, que si tú a asesor del asesor. Hay varios que no se han bajado del carro en veinte años. Así, como para que se quejaran. Y mira que de algunos y de algunas estoy hasta la coronilla. Pero no soy yo persona que deje a la gente tirada. Está mal que lo diga, pero, en eso, no hay quién me tosa.

    De los que sí estoy harto es de mi equipo. No, de todos no, pero, de algunos, es que hay que joderse, ya: todo el día quejándose. ‘Presidente, que a fulanita le mandé un papel hace seis meses y no me lo devuelve, y, además, no recorta, la tía’. ‘Presidente, que menganito no me habla, y zutanito no se me pone cuando lo llamo’. ‘Presidente, que ese está haciendo cosas de mi competencia, ¡y yo, por mis competencias, mato!’. La Virgen Santísima. Pero, mira, el que venga detrás que arree. No me voy yo a poner ahora a hacer cambios. Que los cambie su tía.

    Y, ¿quién se va a quedar aquí?, se pregunta la gente. Si hay alguien que crea que eso no está ya más que decidido, allá él. Alguno de Madrid dice que este, los de allá que este otro, y los de acá que yo a ese no lo trago. Sabéis lo que os digo: que aquí se va a hacer lo que diga el nene, porque lo que dice el nene es lo que dice la mayoría. Así ha sido siempre y así será. No sé si me explico. 

    Y eso que me da rabia irme ahora con el parral como está. Anda que lo del aeropuerto tela marinera. Y la deuda por las nubes. Y los ingresos por los suelos. Y los indicadores de esta Región dando ganas de llorar. Pero, oye, que yo me lo he currado a fondo todos estos años. Y la culpa es de la crisis. Y de Zapatero, coño. ¡Y las exportaciones suben! Pues a ver.

    Si estoy contento por algo en esto de irme es porque ya no voy a tener que escuchar más discursos poniendo cara de atención cuando la mayor parte de ellos me importaban una leche. La cantidad de cosas que he pensado yo sobre mi familia, mis viajes y cosas así mientras estaba oyendo los discursos de uno y de otro. ¿Y las cenas con premios? ¿Cuántas llevaré en el cuerpo, Señor? Y más discursos. Y el estómago destrozado por las putas salsas de la cena. Ya ves tú, yo que con un hervidico o una ensalada y un poco de queso me arreglo en mi casa tan ricamente. Pues nada, venga salsas pringosas. Y encima a decirle al cocinero que estaba muy bueno todo. Yo no sé cómo es que estoy presentable todavía. Bueno, por el ejercicio y porque en mi familia nos mantenemos muy bien. Mira mi padre, que no cogió nunca un kilo de más.

    Y yo ahora a Bruselas, tan ricamente: lunes para allá y jueves para acá, y el fin de semana jugando con mi nieto. Oye, a lo mejor me hacen ministro europeo, o portavoz general, o algo. Bueno, la verdad es que el cupo de orgullo de mandatario lo tengo cubierto. ¿Quién lo iba a decir cuando estudiaba Historia, que todo el mundo me avisaba que eso no tenía ninguna salida? ¡Toma salida, nene!’.

    En ese momento levantó el teléfono y dijo: ‘Anda, llama al pesado. A ver qué demonios quiere’.

     

    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook