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Enrique Nieto


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  • 07
    Diciembre
    2014

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    Pintando al Fresco: Un delito contra la humanidad

         El jueves, en la tele, pude ver a los afectados por las Preferentes de Bankia manifestándose delante de los juzgados en los que estaban interrogando a Miguel Blesa y a Rodrigo Rato por el tema de las ‘tarjetas negras’.

    Dentro del edificio, el juez les preguntaba a estos presuntos delincuentes, y no presuntos sinvergüenzas, cómo fue que, encima de tener unos sueldos de millones de euros al año, y una tarjeta de la que podían sacar hasta tres mil más al mes para gastos de representación, todavía tenían otra, la ‘negra’ con la que pagar lo primero que se les ocurriera, sin que apareciera en ninguna contabilidad de la caja, sin que estuviera sujeto a ninguna declaración a Hacienda. Ellos, que fueron los responsables máximos de la entidad, no solo inventaron estas tarjetas para sí mismos, sino que también se las dieron a los miembros del consejo de administración, que con ellas pagaron y sacaron dinero para todo tipo de gastos. El mismo Rato, ex ministro de Economía, fue diecisiete veces al cajero con esta tarjeta para sacar mil euros cada vez. ¿Se lo imaginan?


        Pero, no olvidemos quién es esta gentuza. Se trata de personas con una vida absolutamente acomodada, con cuentas corrientes llenas de dinero, casas, mansiones, coches de lujo, sin ningún problema económico para hacer nada, que pueden darles a sus hijos lo que quieran, la educación más cara, los caprichos que pidan; que van a los restaurantes más selectos, que pasan sus vacaciones de invierno esquiando y las de verano en un yate. Todo esto y mil cosas las tienen aseguradas para toda la vida con lo que poseen ahora mismo, con sus acciones, sus inversiones, sus ahorros. Pues, aún así, hay que imaginarse a Rodrigo Rato yendo a un cajero a sacar mil euros para los gastos del día, o a otro pagando seis euros de una entrada de cine con esa tarjeta. Qué avaricia, qué desprecio a lo que significa la bondad del ser humano.


        Y vuelvo de nuevo a los manifestantes de las ‘preferentes’. Un periodista de la televisión les preguntó a algunos sobre su situación. Casi toda es gente mayor. Hablan de cómo les engañaron en su oficina de la caja de ahorros de siempre, el director al que conocían de toda la vida, la empleada esa tan simpática que les llamaba por su nombre: ‘Hola, doña María, ¿qué necesita usted hoy? ¿Como está su nieta Julita de lo de las anginas?’ Una mujer decía, temblando exageradamente, quizás con Parkinson, que la habían engañado, que le dijeron que podría sacar el dinero cuando quisiera. ‘Cincuenta y dos años ahorrando para la vejez, cincuenta y dos años tengo esa libreta de ahorros donde he metido cada mes un poco; en las pagas extraordinarias, algo más, pensando tener una vida tranquila en lo económico cuando llegar a esta edad, y mire cómo me encuentro’, decía.


        Y Blesa, ganando más de tres millones de euros al año, pagando 10.000 de una compra de vino con la tarjeta negra.


        Un hombre, mayor también, hablaba de los 24.000 euros que le había estafado Bankia. ‘Tengo una pensión de 700 euros’, decía. Sabía que iba a ser así de pequeña, y por eso ahorré todo lo que pude, para poder sacar algo todos los meses que me completara lo que necesito para poder vivir. Y se lo quedaron todo’, decía.


        Y otro, y otra. Todos en plena desesperación. Los pobres. Mientras que los altos cargos, los consejeros, forrados hasta las trancas, gastaban y gastaban con sus tarjetas negras. Dicen que es un delito fiscal. Yo lo considero un delito contra la humanidad. Una cosa de pérfidos seres humanos.
     

     

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