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Enrique Nieto


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  • 05
    Mayo
    2014

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    Pintando al Fresco: Un cetro, o algo, por favor

        Como es natural, no me habían invitado a la toma de posesión del nuevo presidente de la Región de Murcia, ni había pensado ir, pero, estaba yo en mi estudio, y,  de pronto, me dio un repente, y decidí asistir. No me había vestido para ocasión tan protocolaria; iba limpio, eso sí, pero con una camisa negra y un pantalón que no era el de los domingos. En el armario del estudio, tengo una chaqueta que era negra también, pero me la puse y, con camisa y chaqueta negras, me dirigí al palacio de San Esteban, con una pinta de cura que no se pueden ustedes imaginar.

    Solo me faltaba el alzacuello. Pero creo que precisamente por parecer un cura, en la puerta, nadie me preguntó por la invitación y me dejaron pasar sin problemas. A lo mejor se pensaron que iba a echar una bendición, o algo. Es que solo me faltaba el monaguillo llevándome el hisopo y el agua bendita para aparentar el kit completo de presbítero.


        Y es que me hacía ilusión ver al ministro Cristóbal Montoro, porque, lo que se dice de ministros del gobierno de España, aquí, últimamente, vienen pocos. De cerca, es igual de feo que en la tele, pero parece más joven, ya ves tú. Dijo unas palabras, a mi juicio, poco adecuadas para el acto en el que estábamos, porque se puso a sacar cuentas, allí delante de todo el mundo, de sus dádivas a los murcianos: que si nos han dado tantos millones para pagar las facturas que se debían a los proveedores, que si a los ayuntamientos también se les ha dado perras para esto y para lo otro. En fin, un poco de agitación y propaganda del Gobierno Central, siempre tan necesaria, al estar su nivel de aceptación ciudadana por los mismísimos suelos.


        También habló el presidente saliente, Ramón Luís Valcárcel, que dijo lo que se tiene que decir en estos casos, sin sentimentalismos de despedidas, porque está claro que él se va de jefe del cotarro, pero se queda, jolines que si se queda, a todos los demás efectos. (Llámesele presidente del PP con las riendas del partido bien cogidas).


        Y lo que más me gustó fue sin duda el discurso del presidente Alberto Garre, una vez ya bien jurado, e investido, que, por cierto, me gustaría sugerir aquí algo para esto de las investiduras. A mis cortas luces, se debería instituir que, cuando tome posesión un Presidente se le dé, o se le imponga, algo que lo identifique como tal. No hablo de una corona, o un cetro, que a lo mejor, pero, joder, algo: una insignia, una banda con los colores de la bandera murciana, una medallica. A los alcaldes se les entrega un bastón, ¿por qué no se le va a dar alguna cosa simbólica al Presidente? Es que queda todo la mar de soso, oiga.


        Bueno, lo que les decía, que el discurso me gustó mucho. Una vez leídos los agradecimientos y los saludos que llevaba escritos, Garre levantó la cabeza, y dirigiéndose a todos, nos dijo que él era nieto de un molinero e hijo de un boticario, que había nacido en el campo de Cartagena, en Balsicas, que su experiencia política es la que es: concejal, diputado nacional y diputado regional, y que conoce bien las distintas comarcas de esta Región, y, sobre todo, a sus gentes. Ni siquiera mencionó que es abogado, como si quisiera hacernos ver que solo tiene dos experiencias, la que ha tomado de la vida y la que ha adquirido en la política, y que eso es lo que ofrece, lo que está dispuesto a poner al servicio de los ciudadanos. Sonaba a sinceridad, a que por él no va a quedar a la hora de intentar sacarnos del hoyo este en el que estamos. Que lo consiga es otro cantar, pero es que, además, le echó narices y le dijo al ministro bien clarito que lo de la financiación autonómica hay que arreglarlo de una puñetera vez (no dijo puñetera, pero casi). O sea, que estuvo valiente ante Montoro, el que reparte los cuartos, por más bajito que sea.


        Y, ahora, a esperar a ver qué hace el nuevo presidente. Y su equipo. Que esa es otra.
     

     

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