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Enrique Nieto


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  • 08
    Abril
    2016

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    SOCIEDAD Murcia

    Pintando al Fresco: Salvar vidas

        En este momento hay ya 13.653 habitantes de la Región de Murcia que se han registrado como donantes de médula. Esta es una magnífica noticia, y cada nuevo nombre que se sume a esa lista nos hará más grandes todavía. Cualquier donación, de sangre, de médula o de órganos es algo vital para los que la reciben, pero también es un acto que nos hace a los humanos, tan desprestigiados algunos por sus malas acciones, seres capaces de una generosidad sin límites, y estas son las cosas que nos  reconcilian con nosotros mismos, como especie.


        Es menester que se explique por qué la donación de médula ósea es algo tan especial y tan necesaria. La situación suele ser esta: la leucemia aparece de pronto, y el enfermo/a, que lo mismo puede ser un niño, un joven en lo mejor de su vida, o una persona mayor, ha de recibir unos tratamientos de quimioterapia de una agresividad tremenda. Hay que conseguir que desaparezcan a las células malas, pero a la vez también se mata a las buenas (es una explicación muy cutre, pero no soy médico). Al enfermo se le hacen transfusiones de sangre y se le aplican los medicamentos necesarios, pero llega un momento en el que su única posibilidad de salvación es encontrar una donación de médula que le sea compatible.


        Lo inmediato es ver si esa compatibilidad es posible con los hermanos. Se les hacen pruebas, pero es normal que ninguno la tenga. Entonces se analiza a la madre y al padre (ellos no suelen ser servir para esto) para ver cuál de las familias de ambos sería más compatible a fin de testar a los primos. Si estas pruebas no dan como resultado que alguien de la familia pueda ser el donante idóneo, la salvación del enfermo queda a merced de encontrar una médula compatible dónde sea.


        En estos casos hay que recurrir a la Fundación Carreras que lleva este tema a nivel internacional. Ellos introducen el perfil genético del enfermo e inmediatamente comienza a ser comparado con el de los donantes de médula de todo el mundo. En el caso que yo conozco hubo una gran suerte. En una ciudad de Alemania apareció un donante compatible. El enfermo solo supo que era un hombre alemán y que tenía treinta y tres años. Se le extrajo la médula al donante, se trasladó a Murcia en las mejores condiciones y se hizo el trasplante. El enfermo comenzó a mejorar, sanó y vive feliz con su familia.


        También hay que saber que, durante el tiempo que el enfermo espera esa donación compatible, su enfermedad sigue presente. Mientras llega, cada vez que se reproducen las células malignas, los médicos han de aplicarle sesiones de quimioterapia que van minando la salud del enfermo. Encontrar al donante idóneo lo antes posible es absolutamente vital para su supervivencia, y el índice de posibilidades solo sube cuantos más donantes estén registrados. Se trata de conseguir que el enfermo aguante hasta que le llegue su médula.


        Por todo esto resulta fantástico que, entre todos nosotros, los que vivimos aquí, haya ya 13.653 donantes de médula. Yo no puedo serlo por mi edad, pero, si no, ahí estaría. Mi experiencia como donante de sangre –he dado litros y litros porque tengo la de un grupo que siempre ha escaseado por estas tierras – ha ayudado a quienes la necesitaban, pero eso no es nada comparable a cómo me he sentido yo, por ejemplo, cuando le cambiaron mi sangre por la suya a una niña que había nacido con problemas de Rh., y que sigue por ahí haciéndose mayor. Esas cosas te hacen mejor persona.


     Pero lo de la médula es aún más vital, así que, amigos, si todavía no están ustedes en esa lista maravillosa de donantes, apúntense, porque están dando ustedes una vida a alguien que, sin ese poco de ustedes, la perderá, y las pequeñas molestias que supone la extracción no son nada comparado con la inmensa felicidad que van a producir a ese enfermo y a su familia. Y no olviden su propia autoestima: ¿qué sentirán cuando piensen: ‘yo he salvado una vida’.
        

     

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