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Enrique Nieto


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  • 21
    Diciembre
    2011

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    Pintando al Fresco: Problemas familiares

        Supongamos que usted es una persona muy importante pero cuya notoriedad, incluso cuya subsistencia, depende de la aceptación de los ciudadanos de un país a su persona. Vd. tiene un estatus absolutamente especial pero frágil porque hay en la gente un sentimiento de respeto a cómo ha desarrollado su trabajo en los últimos 35 años, pero, asimismo, no hay una convicción  profunda en materialmente nadie de que lo que usted representa sea la mejor opción posible, como sucede por ejemplo en países como Gran Bretaña, Holanda o Suecia, donde Vd. sería el rey sin ningún problema.

        Supongamos que, dado este primer párrafo, Vd. cuida como oro en paño el aspecto exterior de su trabajo y enseña a su familia a hacer lo mismo, consiguiendo que su mujer, su hijo y sus dos hijas realicen su labor con la aceptación de la mayor parte de la población. Un día, su hija mayor dice de casarse y le presenta a su novio. Es un joven de buena familia, no  parece traer ningún peligro a la institución y la nena, que no es una chica muy fácil de casar, parece contenta. Hay boda y vienen dos nietos, pero casi enseguida el yerno empieza a aparecer con pantalones color rosa y grandes pañuelos y bufandas alrededor del cuello o se pasea por la calle en un patinete. Resulta que él se especializa en moda, va a desfiles y cosas de esas y su hija comienza a aparecer en saraos y fiestas puesta de árbol de navidad con trajes de los que lo mismo le cuelga una cola que una capa de ciertopelo carmesí. Vd. comienza a mosquearse y, además, observa como su hija tiene unas agarradas a gritos con el marido que ya son la comidilla de muchos. La hija acaba mandando a hacer puñetas al marido y se divorcia. Es un disgusto, pero qué le vamos a hacer si se llevan a matarse.


        Sobre la marcha, aparece la segunda nena también con un novio. Es un deportista, está cuadrado y es vasco. No mete la pelota con el pié, que sería lo correcto, sino con la mano que tiene mucho menos mérito, pero Vd. lo acepta porque, ya que él, al conocer a su hija, se ha dejado una novia con la que iba a casarse, tampoco es cuestión de ponerse borde. Se matrimonian, se van a Barcelona y el deportista cumple con la dinastía porque preña a la chica continuamente. Todo va bien en este matrimonio hasta que un día se entera de que el deportista está utilizando el nombre de su familia para sacarse una pasta. Habla con él, se cabrea profundamente y le dice que no comprende para qué demonios quiere amasar dinero si tiene todos los gastos pagados. Le sugiere que se vaya lo más lejos posible y que corte el rollo de los negocios, y él agarra a la mujer y a los nenes y se va a América, pero Vd. se va enterando de que lo que parecía una pecadillo es un pecadazo y el que yerno tiene más cara que espaldas, y eso que está muy musculado.

        La situación actual es de lo más grave porque Vd. se da cuenta de esa fragilidad de su situación que arriba aludíamos. La gente se encorajina y comienza a decir que para qué les pagamos los gastos. Sus muchos méritos personales son reconocidos por todos pero la gente no traga y el sentimiento negativo a lo que representa se extiende. Le queda el nene pero todo depende tanto de él y de su mujer, que le da miedo que, el día de mañana, este matrimonio también pudiera fallar porque eso sería la hecatombe.
        Yo me pongo en su lugar y tiemblo.
     

     

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