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Enrique Nieto


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  • 20
    Febrero
    2012

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    Pintando al fresco: Opositores

      En primer lugar, me gustaría decir aquí que si voy a escribir sobre los opositores es porque sé de qué va. Yo fui uno de ellos, y más tarde actué como miembro de un tribunal de oposiciones para profesores de mi mismo cuerpo y especialidad, así que creo conocer qué sienten los que, estando preparándolas, han recibido la noticia de que el Ministerio de Educación ha cambiado el temario cuando muchos de ellos estaban a unos meses de presentarse a realizar sus ejercicios.

     

    Un opositor es un ser muy frágil. Aunque algunos comparten el estudio con el trabajo, lo general es que estén dedicados en exclusiva a la preparación de sus oposiciones. Suelen llevar una vida sacrificada y metódica: se levantan a una hora, comienzan el estudio de los temas y dedican a ello la mayor parte del día. No suelen tener fines de semana libres, quizás alguna tarde o una noche dejan todo, salen y tratan de expansionarse un poco, o hacen ejercicio físico de vez en cuando. Algunos acuden a una academia de preparación que les suele costar algo más de cien euros mensuales pagados por los padres del estudiante, siempre pensando que será una buena inversión, aunque el nene o la nena, que ya acabó su carrera universitaria, todavía no haya podido ganar un euro por sí mismo. Pero los progenitores sienten que la oposición es un proyecto común de la familia y apoyan al que estudia no solo con dinero, sino también creando a su alrededor un ambiente propicio, tratando de no molestar, recabando silencio, procurando que el que está haciendo el esfuerzo se encuentre lo mejor posible, dentro de lo que cabe, es decir, sacrificando horas y horas de su vida en el estudio para tratar de conseguir aprobar y desarrollar su vocación profesional.

     

    Un opositor sabe que la memoria es un músculo que ha de ejercitar y que el tiempo juega a su favor, es decir, que a más tiempo empleado en el estudio, mejor se sabrá la materia y conseguirá más rapidez en la asimilación y memorización de los temas. Este factor es el que anima a seguir cuando suspende en una convocatoria, porque él o ella saben que, para la próxima, tiene ventaja sobre los que empiecen en ese momento de nuevas. A menudo los que están fuera de esta situación admiran la capacidad de ponerse otra vez a estudiar después de no aprobar, pero el opositor sabe que él sabe ya hasta un nivel y que es más fácil llegar al punto requerido con esa base.

     

    La fragilidad que les apuntaba arriba es obvia. Psicológicamente se mantienen con la ilusión de aprobar, pero cualquier problema que rompe la monotonía de sus vidas les afecta y más si tiene que ver con la propia oposición. Normalmente, sus parejas los animan, aunque también a veces se quejan de no poder llevar una vida normal durante años, como la otra gente que no está encerrada en una habitación clavando los codos sobre la mesa.

     

    Y ahora imagínense ustedes lo que les habrá supuesto a todos estos seres humanos que les digan que cambian los temarios a unos meses de los exámenes. El que piense que los contenidos serán los mismos se equivoca. Pueden cambiar los formatos, estar unidos dos temas, aparecer este y desaparecer el otro, e incluso los tipos de exámenes cambian, así que hay que reprogramar todo el estudio asimilado y memorizar lo nuevo, y eso les afecta totalmente.

     

    Vamos, que esto ha sido una tremenda putada.

     

     

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