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Enrique Nieto


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  • 14
    Marzo
    2014

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    Pintando al Fresco: Los culpables

        La idea de que ‘vivíamos por encima de nuestras posibilidades’ se ha convertido en un mantra que justifica todo lo que la crisis ha traído consigo. Comenzaron expresándola los europeos al hablar de los PIGS, es decir, de los países del sur de Europa, y aquí, en España, ha servido para justificar toda esa pesadilla de los recortes, las subidas de impuestos, la reforma laboral, la bajada de sueldos generalizada, etc., etc.


        Bien, vale, vamos a aceptar que vivíamos con optimismo y muy al día. Una pareja, trabajando los dos, pensaba en casarse e iba a un banco a pedir una hipoteca para comprarse una casa. El banco o la caja de ahorros se la concedía, ellos sacaban cuentas y podían pagar las cuotas. A menudo, la entidad le ofrecía darles más dinero aún del que pedían para que pudieran comprarse también el coche o los muebles, y ellos aceptaban. No parecía haber ningún problema. Ganaban lo suficiente para poder hacer frente a esos pagos y vivir; la situación económica era estable, todo el mundo lo hacía. ¿Por qué no yo?


        El ejemplo de la compra de la casa es significativo, pero hay muchos más: Una persona de clase media entraba en una exposición de pintura, le gustaba un cuadro, tenía el dinero para comprarlo, o no lo tenía, y preguntaba en la galería si podía pagarlo en unos cuantos plazos. Sacaba sus cuentas y le era posible hacerlo, así que se embarcaba en una deuda a cambio de algo que le producía un gran placer tener en su casa. Y lo mismo con un viaje o con la instalación del aire acondicionado. ¿Era esto vivir por encima de nuestras posibilidades?

    Probablemente sí, pero no sabíamos nada, no teníamos la más mínima información sobre la posibilidad de que todo pudiera irse a hacer puñetas porque una empresa financiera en EE.UU. estuviera vendiendo hipotecas basura a otras entidades de todo el mundo y que ese factor traería consigo la mayor crisis que hemos vivido desde la guerra civil.


        Por otro lado, los políticos gobernaban este país. Las tres administraciones, la estatal, la regional y la municipal, en manos de un partido o de otro, regían nuestras ciudades y nuestros pueblos, rivalizando entre ellos a ver cuál hacía la obra más impresionante, el acto más brillante, la conmemoración más tremenda. En Matalaperra de Encima se construía un auditorio con programación millonaria como respuesta al que se había construido en Matalaperra de Abajo. Se trataba de que a una ciudad llegase lo mejor de lo mejor, independientemente del gasto que produjera, así que, si se podía traer al mismísimo Papa, se traía, si se podía conseguir que el mejor director de orquesta del mundo viniera a ese Matalaperra, o a Murcia, o a dónde fuera, aunque cobrara 200.000 euros por su actuación, venía. Qué les voy a decir de AVES y aeropuertos, de grandes eventos musicales, de edificios inteligentes, o tontos perdidos, para la administración autonómica, para la municipal, para los componentes del grupo de actividades diversas relacionadas con el autobombo y el hazme la foto, nene, y si te vi no me acuerdo.
        Los ciudadanos mirábamos y nos mirábamos en nuestros políticos, y también queríamos sentir esa alegría de vivir y gastar. Algunos de ellos, al despiste, aprovechaban la coyuntura y se lo llevaban crudo. Había para todo. Para los megaproyectos y para las megacuentas en Suiza, o para los megasobres, o las megacomisiones, o las megadietas. Ahora hay que quitar de donde sea. Lo último aquí, en la Región de Murcia, 300 millones más del presupuesto que nos afecta a todos los ciudadanos, a nuestra Sanidad, a nuestra Educación, etc.


    La razón de este nuevo recorte es que ustedes y yo, hermanos, vivíamos por encima de nuestras posibilidades. Somos culpables. Paguémoslo.
       
     

     

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