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Enrique Nieto


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  • 17
    Octubre
    2014

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    Pintando al Fresco: Las maricondas de la Cultura


        Algunos, bastantes, más de los que muchos se imaginan, tenemos la costumbre muy arraigada de mirar a fondo las páginas de Cultura en los periódicos para ver qué han programado en nuestra ciudad, o en nuestra Región, que, al ser tan pequeña, te da igual que lo interesante esté en la capital o en cualquier otro lugar. Las distancias son cortas, y, si realmente deseas asistir a algo, puedes trasladarte tranquilamente hasta allí sin mucho problema.
        Durante muchos años, la Región de Murcia tuvo una oferta cultural de primer orden, y no hablo solamente de los buenos tiempos de la burbuja inmobiliaria, que aquello fue sencillamente fantástico, sino también de mucho antes.

    En los distintos equipos que hemos tenido en la consejería correspondiente ha habido casi siempre alguien que realmente amaba la Cultura, la conocía o sabía rodearse de colaboradores expertos en cada uno de los campos. Lo mismo ocurría en muchos ayuntamientos que fueron capaces de atender a todo el arco sociológico de su municipio, desde los degustadores de la música clásica hasta los que disfrutaban haciendo cosicas de barro.

    Algunos de estos ayuntamientos crearon actividades que se han mantenido en el tiempo contra viento y marea, entre otros, pocos, La Mar de Músicas, o el Festival del Cante de las Minas que atraen aficionados de todo el país e incluso del extranjero.


        Por otro lado estaban las Cajas de Ahorro. Las ofertas de Cultura de estas entidades o de sus obras sociales y culturales llegaron a ser realmente impresionantes. En algún momento de aquellos tiempos, hablaba yo con gente de Madrid o de Barcelona y les decía que había visto aquí a Baremboim, a Solti, a Celibidache; que había asistido a un concierto de Monserrat Caballé, de Teresa Berganza, de Alfredo Kraus o de Carreras; que había venido a dar una conferencia María Zambrano o Gustavo Bueno; que había visto una magnífica exposición de Saura, o de Miró, o la colección del siglo XIX de la baronesa Thyssen, y flipaban los de las grandes capitales con lo que estaba ocurriendo en esta Región.


    Y también se convocaban bienales con lo más moderno del panorama de las artes plásticas, o concursos como el Premio Párraga de pintura. Los más afamados escritores venían a la Región a presentar sus libros o a dar conferencias. También se editaban libros aquí, y para un escritor local publicar su trabajo no era ningún problema: acudía a una institución o a otra y casi siempre encontraba donde se lo publicaran, aunque, he de decirlo, algunos estuvieran desprovistos del más mínimo interés. Teníamos buen cine, magnífico teatro; había actividades de todo tipo y hubo momentos que era imposible atender toda la oferta cultural, por más que te gustara, porque era realmente inabarcable.


        Cuando comenzó la crisis, a alguien se le ocurrió que lo primero que se podía recortar es la Cultura (‘las mariconadas de la Cultura’, como las llamó ante mí un consejero del Gobierno, hace muchos años), y se pusieron manos la obra. Primero se quitó el dinero, y, después, poco a poco, la inteligencia, la sensibilidad y el conocimiento de este campo, porque si había alguien que sabía de qué iba alguna manifestación cultural, cómo se hacía, cómo se gestionaba, se le quitaba de en medio de inmediato, salvo alguna excepción que han mantenido. Hay ayuntamientos, algunos muy grandes, que han convertido el tema Cultura en una ‘maría’, algo así como la Formación del Espíritu Nacional de la educación franquista, que, si hacías la libreta, aprobabas. Queda alguna cosa por ahí que todavía te sorprende por su originalidad y su buen hacer: el premio Mandarache de Literatura, por ejemplo, pero, en general, es como si todo se hubiera muerto, como si la Cultura en Murcia oliera a cadaverina.
        A lo mejor es que hay más gente en el poder actual que piensa, como aquel consejero, que las cosas de la Cultura son unas mariconadas.
     

     

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