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Enrique Nieto


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  • 02
    Abril
    2014

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    Pintando al Fresco: En el año 1973

                            
        En el año 1973, con Franco vivo y coleando, mi buen amigo E. me habló de algunos contactos que había hecho con viejos socialistas de esta Región que vivían lo más discretamente posible. Yo conocía ya a algunos comunistas, y sabía dónde tenían sus sedes secretas, con aquellas multicopistas donde hacían sus panfletos. E. me dijo que, si quería, me podía llevar a conocer a esas personas, todos bastante mayores y que habían vivido la guerra civil, porque eran seres humanos de gran valía. Acepté, e hicimos algunas visitas, entre otras, una en Los Nietos, otra en el barrio de Los Dolores, en Cartagena, y otra en Murcia. Todos habían sufrido penas de cárcel después de la guerra. Uno, incluso, había estado condenado a muerte, y nos contó que durante varios meses, cada tarde sacaban al patio de la prisión a los que estaban condenados y nombraban a los que iban a fusilar a la mañana siguiente. Nos habló de aquellas terribles esperas diarias, de la pena por los que mataban. Al final, él había estado diez años allí sin que lo ejecutaran.


        Aquellas visitas y otros contactos aumentaron mi motivación por hacer algo en política. Nunca milité en ningún partido, pero colaboré intensamente con varios, sobre todo, en la época de la transición, hasta 1981, con una implicación grande, y algo menor hasta 1984 que perdí interés participativo por el tema y me dediqué a otras cosas. Por entonces, era fácil que una persona independiente colaborara con un partido político, porque, si les hacía falta alguien de una especialidad –un economista, un gestor cultural, etc. – y no lo tenían en sus filas, recurrían a hombres y mujeres que conocían esos trabajos. Había independientes en las listas de las diferentes elecciones, - a mí me ofrecieron ir en alguna, pero siempre me negué porque estaba seguro de no servir para eso - los había en cargos de responsabilidad, o como asesores de políticos ejecutivos. De estos últimos, no solía haber cuñados o parientes del líder en esos puestos.


        En la política ejerciente se ganaba poco dinero, y, los colaboradores, normalmente, ninguno. Un concejal, incluso con dedicación exclusiva, apenas llegaba a fin de mes con lo que percibía por su cargo. Hubo algún caso de corrupción, pero hubo también muchas dimisiones, incluso de alcaldes y de presidentes de Comunidades Autónomas. El que la hacía, y a veces sin hacerla, la pagaba, pero de inmediato, sin esperar a que un juez dictaminara si era culpable. O se iba él, o ella, por su propia decisión, o el partido lo machacaba para que se fuera.


    Aunque ya no tan implicado, he seguido la política regional, nacional e internacional siempre, procurando estar informado, leyendo todo lo posible y manteniendo una variable amistad con muchos de los hombres y mujeres que se han dedicado a ella en todo este tiempo, sean de un partido o de otro, y creo tener buenos amigos en cada uno de ellos.


        Cuento hoy todo esto porque el fallecimiento de Suárez me ha traído a la memoria aquellos tiempos, y, sobre todo, porque ver el movimiento que ha provocado, la sensibilidad de la gente ante este hecho, me ha llevado a pensar que el aparente desinterés por la política de los ciudadanos hoy en día no es tal, si no que sigue ahí, desengañado y adormecido por la situación actual y por la irresponsabilidad de muchos de los políticos que la manejan. Creo yo que, si tuviéramos en política a las personas indicadas para crear ilusión, si se acabara con la corrupción y con el desprecio de los gobernantes a las aspiraciones de los ciudadanos, volvería a aparecer el interés, incluso el colaboracionismo de personas independientes, y el deseo de ayudar, por parte de mucha gente, a que esto funcione, sentimientos estos que ahora están materialmente desaparecidos.
     

     

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