Blog 
El Blog de Enrique Nieto
RSS - Blog de Enrique Nieto

El autor

Blog El Blog de Enrique Nieto - Enrique Nieto

Enrique Nieto


Archivo

  • 14
    Enero
    2013

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Pintando al fresco. Dos tipos de gente

    En la calle y en las casas, la gente de ahora trata de vivir conviviendo con la crisis. Hay un ambiente generalizado de miedo, una falta de confianza absoluta en lo que el día de mañana va a proporcionarles. Unos tienen ya el problema encima, bien gordo y bien hermoso, y otros lo intuyen, huelen en el ambiente que les va a llegar, que casi está aquí ya a sus puertas si las cosas siguen como van.

    Ante esta situación, los grupos humanos se hacen más pequeños. Las familias se refugian en sí mismas, se crean núcleos compactos de abuelos padres e hijos al que se unen algún cuñado, o una hermana de la madre que lo ha perdido todo. Se sacan cuentas de lo que se dispone entre esta pensión y aquel subsidio de desempleo, mientras dure. Alguno dispone de un bien, pero no puede venderse, nadie compra. En un cajón de la cómoda está la caja del tesoro: una serie de cadenitas de oro de las primeras comuniones de los hijos, la medalla del amor que le regaló el abuelo a la abuela cuando eran novios, la pulsera de monedas de mamá. Todo espera su momento para ser vendido en la tienda del compro oro y se discute cuándo, para qué ocasión: ¿para las matrículas de Yolanda, o debe dejar la universidad?, ¿para arreglar el coche o debemos seguir prescindiendo de él y esperar otro momento? Mientras eso esté ahí, parece que tienen algo y les da seguridad.

    En cualquier caso, a la gente, a esta gente, todavía le quedan ciertos valores que ni esta situación lamentable han podido cambiar. La madre le da a una vecina dos cartones de leche porque los críos que tiene le dan lástima. El padre se fue ayer con el hijo mayor a ayudar en el banco de alimentos, el abuelo invita a desayunar de vez en cuando a un africano que pide limosna en la esquina y han sacado ropa de sus hijos, de cuando nacieron, y que guardaban con cuidado extremo por los preciosos recuerdos que les trae, y se la han dado a una vecina inmigrante boliviana que va a dar a luz y no tiene nada.

    Y hay otra gente. Un payo que cerró sus empresas, una a una, y dejó a un montón de gente en la calle, que llevó a cabo todas las triquiñuelas financieras para no pagar a nadie, para que se arruinaran los proveedores que habían tenido la confianza de venderle algo. El plan que llevó a cabo fue el siguiente: se alió con otro canalla especializado en liquidar empresas procurando que nadie cobrara y quedándose con la mayor parte de pasta posible a repartir entre el payo y él. Para ello, desviaron el dinero de aquí allá, crearon y cerraron empresas fantasmas, sacaron maletas de dinero más negro que sus corazones y acordaron que el uno le daría al otro cien mil euros mensuales hasta llegar a la cifra de ocho millones.

    Y el payo se declaró insolvente: ‘Ya me gustaría a mí pagar pero no tengo dinero’. ‘No volaría yo en mi compañía aérea. No me da confianza’, decía, y, al igual que la otra gente de arriba, guardaba oro para venderlo en caso de apuro, un kilo exactamente.

    Y parece que los han pillado. Y la pregunta es: ¿habrá muchos como estos? Porque, como los otros, como los de arriba, si que hay muchos, y para todos los que piensen que he cargado las tintas trágicas con lo de las cadenitas y la ropa de nene, les diré que todo lo ahí he escrito es absolutamente real, tomado de personas que conozco. En este país, definitivamente, hay dos tipos de gente.

     

    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook