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Enrique Nieto


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  • 13
    Septiembre
    2012

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    Pintando al Fresco: Dos Despertares

        1.- El hombre se levantó por la mañana y lo primero que le vino a la mente fue la larga conversación mantenida con su mujer la noche anterior, con un papel y un bolígrafo, en la mesa de la cocina, una vez dormidos los dos críos.


        Habían hecho cuentas. Sobre el folio anotaron cada apartado de los gastos fijos: hipoteca, luz, agua, teléfonos, clases de apoyo para María, de taekwondo para Juanito, etc. etc. y habían estudiado a fondo de qué se podía prescindir y cómo bajar las cifras de consumo. La madre, hasta ahora trabajando cinco horas por la mañana como empaquetadora en una empresa, cobrando en negro, ha perdido su empleo por la crisis y su aportación a la economía familiar, aunque no muy grande, ha dejado de existir y eso lo cambia todo. Hay que recortar y va a hacerse de inmediato porque con el sueldo de funcionario de él solo, ya rebajado dos veces por el gobierno y sin paga de navidad, los cambios son absolutamente necesarios. ‘Se trata de mentalizarse, Paco’, dijo ella, ‘desde que nos levantemos hasta que nos acostemos tenemos que tener claro que hay que bajar los gastos, que hay que ahorrar en todo lo que se pueda’.


        Así que se levantó, se fue al baño, orinó, y, cuando iba a tirar de la cadena, pensó: ‘No, mejor tiro después cuando termine de todo y gasto menos agua’, y se dispuso a afeitarse. Al presionar el dispensador de espuma de afeitar, procuró que la ración fuese más o menos la mitad de lo habitual (‘así me durará el doble’). La cuchilla ya cortaba menos suavemente, pero decidió usarla al menos cuatro días más; masaje no se puso (‘desde hoy, en días alternos). La ducha se la racionó como nunca: agua ligerísima, enjabonamiento de partes peludas, aclarar rápidamente y fuera. No se secó el pelo con el secador (‘menos luz y ahora se seca enseguida al aire) y procedió a vestirse. Mirando el armario se dijo: ‘voy a reservar el polo verde y el polo azul para el año que viene’ y los quitó del estante habitual.


        Desayunó en la cocina. Su mujer le dijo: ‘desde mañana, voy a hacer yo un bizcocho. Las madalenas salen carísimas’. La miró y comprendió que ella también había empezado el nuevo régimen, y se sintió contento. Besó a su mujer al irse y le dijo: ‘No te preocupes. Vamos a conseguirlo. Ya lo verás’. 

              
        2.- El asesor Pepito se despertó en su hotel de Madrid, el mismo al que acudía desde que empezó su contrato, hace siete años. El día anterior, había venido desde su autonomía con su jefe para una reunión con el director general de Algo, y la cosa se alargó mucho, así que decidieron irse a cenar todos – a un restaurante no muy caro, porque las cosas no están como antes, que miedo da presentar una factura de cena como las de hace un par de años -. Luego se tomaron una copa y se hizo algo tarde, pero el jefe estaba feliz porque había conseguido que le pagaran el castillo de fuegos artificiales de las fiestas. Él, Pepito, había intervenido en la reunión de un modo que lo había dejado muy satisfecho porque había explicado la necesidad de la gente de mirar al cielo un rato y ver luces, y así escaparse de lo que se ve alrededor. El jefe le dijo luego que había estado muy bien, muy profundo. Se desperezó. Llamó a su mujer. La pilló en su trabajo de la empresa pública de Ornitología, y le mandó un beso.


        Se levantó, se fue al baño y miró lo que había para su uso. Tenía de casi todo, kit de afeitar, kit de coser, kit de limpieza de dientes, etc. ‘Este cuatro estrellas está muy bien’, pensó y se dispuso a asearse. La ducha era buenísima, con treinta chorros en vertical y se pasó un cuarto de hora relajándose con el agua. Al salir, se miró desnudo en el espejo y se gustó: ‘macho, el gimnasio te va de maravilla; los masajes de los martes y jueves se notan ya en la barriga, y la depilación láser ha sido un acierto’, pensó, y pasó a vestirse con el traje de seda fría y la corbata de Arman que le regaló su jefe por su santo.


        Bajó a desayunar. El bufete estaba muy bien: fue cogiendo cosas calientes, cosas frías, zumos, etc. y se sentó en la mesa. ‘Es demasiado’, pensó, pero es que luego, en el viaje, solo pararemos a la hora de la comida. ‘Hoy me apetecen habichuelas con almejas’, a ver si paramos en kilómetro 100’, y . . . .
     

     

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