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Enrique Nieto


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  • 12
    Febrero
    2016

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    SOCIEDAD Murcia

    Pintando al Fresco: De película

        Hace poco vi una película italiana, Suburra, en la que, sin dar nombres, pero claramente tomando hechos y personajes de la vida política reciente en ese país, se presenta una situación absolutamente tremenda. Con el fondo de la ciudad de Roma, bellamente fotografiada, aparecen políticos corruptos, prostitutas menores de edad que mueren por sobredosis, mafias tratando de hacerse con proyectos urbanísticos y matándose entre ellos, cardenales católicos metidos en negocios sucios, un Papa que renuncia a su cargo, un presidente del Gobierno que dimite o un diputado del Parlamento que maneja a su grupo para conseguir enriquecerse. La película resulta impresionante. Esa ciudad tan preciosa albergando a tanto canalla, tanta violencia, tanta corrupción.


        En el cine español, se han hecho cosas sobre estos temas. La caja 507, o la serie Crematorio podrían ser ejemplos, pero quizás falte algo más actualizado. Sin llegar a esos niveles tan sangrientos – creo yo, en principio – la vecina Valencia da de sobra para una buena serie de televisión. Las tres provincias: Alicante (alcaldesa y constructor) Castellón (aeropuerto y líder en la cárcel), Valencia (la Gürtel, todos los concejales del PP investigados y cien cosas más) ofrecen temas de sobra para filmar un thriller con el fondo del mar Mediterráneo y sus playas llenas de turistas tomando el sol.


        Y, viendo las páginas de este periódico en su edición del jueves, pensaba yo: qué buena película podría hacerse con lo que se contaba en ellas. No hay muertos, pero, desde luego, hay heridos, incluso heridos graves, y un montón de cosas inexplicables dignas de investigar, y, con ellas, elaborar un guión que podría rodarse en lugares señeros de nuestra Región. Sugiero algunas localizaciones muy cinematográficas: el valle de Escombreras, tan industrial, con esas chimeneas lanzando vapor al aire; el salón de plenos del ayuntamiento de Murcia, con tanto espacio para mover las cámaras, para hacer un contrapicado hacia el gallinero donde algunas extras podrían aparecer con pancartas pidiendo un AVE soterrado. El palacio de San Esteban, sobre todo, el patio, con sus columnas, por el que los personajes podrían pasear hablando de grandes proyectos urbanísticos, y del agua que han de necesitar. La Confederación Hidrográfica del Segura tiene también un edificio de una grandes valores plásticos, etc., etc.


        El desarrollo de la peli lo veo de esta manera: Tres personajes: Valcárcel y Garre, dirigiéndose a la Asamblea para comparecer en la comisión, y Megías en su despacho del Casino de Murcia piensan en lo los problemas a los que se enfrentan, y, entonces, en flashbacks, recuerdan las circunstancias que los han llevado a las situaciones actuales. Ramón Luís se ve paseando por ¡el patio de columnas de San Esteban! hablando con unos empresarios que le piden condiciones draconianas para construir una desaladora, mientras él piensa que quizás deberían diseñarla los propios funcionarios de la Comunidad, que tiene ingenieros a parvás, y que le saldría mejor y más barata, pero, aunque ve venir que los empresarios le quieren sacar hasta el saín, traga y va dando órdenes a unos consejeros, secundarios de lujo, para que también traguen, porque hay que optar por lo privado, para eso está en el PP. En otro flash back, se le ve cuando le dicen que la desaladora ha costado 70 millones de euros más de lo presupuestado – 11.000 millones de pesetas – y pone cara de susto. Etc, etc,


        Megías también medita, sentado en el salón de baile del Casino, -tan cinematográfico- mientras sostiene en sus manos el documento en el que ve que el ayuntamiento de Murcia le pide cárcel. Tiene la cara roja de indignación. Siempre se ha dicho que él se había ido de concejal porque no tragaba, y ahora resulta que allí dice que sí tragaba. Su mente vuela hacía atrás en el tiempo, y ve aquellas reuniones con el alcalde, aquellos encuentros con los funcionarios de Urbanismo, aquel italiano (qué bien, ¡un italiano!) que luego dirigió la restauración del Casino, y se dice a sí mismo cómo pueden haberme hecho esto a mí, y que, como se ponga a largar, se va a montar la de Dios. Creo que esta parte de la pelí tiene todos los ingredientes para ser fascinante.


        En su coche, en un plano corto, Garre se dirige a la Asamblea. La pantalla se oscurece y se ve a este hombre en su casa mirando la tele. Suena el teléfono. La voz de Valcárcel se oye en off: ‘¿Alberto, quieres ser Presidente? Es que Pedro Antonio no pude serlo ahora, y Paco Celdrán no quiere.’ Y ya se van sucediendo una serie de secuencias encadenadas en las que él va abriendo cajones y quedándose patidifuso al ver lo que contienen. Un momento clave de esta parte de la película es en el que Garre decide que ya que está allí va a hacer lo que tenga que hacer, mientras se oye una voz como de ultratumba que dice: ‘Cada palo que aguante su vela’.


        Propongo para interpretar el papel de Valcárcel a Inmanol Arias; de Megías podría hacer Mario Vargas Llosa, que ya ha trabajado como actor, y para representar a Garre, de no aceptar Sean Connery, podría hacerlo Antonio Resines.
        

     

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