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Enrique Nieto


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  • 11
    Mayo
    2016

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    SOCIEDAD Murcia

    Pintando al Fresco: Aquí, a nuestro alrededor

        Hace aproximadamente un año, unos periodistas de un diario nacional vinieron a Murcia. Querían escribir un reportaje sobre la inmigración en varias regiones españolas, entre ellas, la nuestra. Previamente, me habían llamado de esa publicación para pedirme que hiciera de guía de sus enviados, y, durante un fin de semana, hice este encargo. Los llevé  a barrios y a pueblos donde había una gran presencia de inmigrantes, les puse en contacto con algunos que conozco personalmente, y en la mañana del domingo, les sugerí ir a algunos lugares del campo de Cartagena.


        Cuando llegamos a las cercanías de Torre Pacheco, llovía bastante, pero en un bancal de grandes dimensiones vimos que se estaba trabajando. Más de veinte hombres se afanaban en las tareas. Paramos el coche y nos acercamos al que parecía el capataz y los periodistas hablaron con él. Al preguntarle cuántos de aquellos hombres eran inmigrantes, el jefe respondió: ‘Todos. A ver qué español iba a estar aquí trabajando un domingo por la mañana, cayéndole agua encima y con este barro’.


        El accidente del martes en el que fallecieron cinco emigrantes me ha recordado lo que arriba les escribo y me sugiere varias cuestiones.  La primera de ellas es cómo es posible que, para trabajar en Águilas, haya que contratar hombres en Torre Pacheco, trasladarlos a diario en furgoneta, ida y vuelta, con los gastos correspondientes de transporte, cuando esa comarca está llena de gente que busca trabajo. No encuentro otra explicación que la de que esa situación le es rentable a la empresa que los contrata, quizás porque, como ha declarado un familiar de los fallecidos, el sueldo que se les paga es de alrededor de 25 euros día, y es posible que no sea fácil encontrar trabajadores en la zona por una cantidad como esa ‘en jornadas interminables’. Estamos hablando de personas que se levantan a las cuatro de la mañana, viajan 200 kilómetros cada día y trabajan desde la mañana hasta el anochecer. Si lo hacen cinco días a la semana, se sacarán unos 500 euros al mes, y ya, si también lo hacen los fines de semana, incluso cuando llueve, como les decía, conseguirán algo más de dinero. En cualquier caso, una verdadera miseria a cambio del tremendo esfuerzo físico que les supone.


        Hubo un momento hace unos años, cuando la famosa burbuja inmobiliaria, en el que los inmigrantes que vinieron a nuestra Región podían ganarse la vida dignamente llevando a cabo trabajos que los españoles, ocupados en otras actividades, no queríamos hacer. Ganaban lo suficiente para vivir, incluso para ahorrar un poco y mandar dinero a sus familias de otros países. Esta situación, vivida por nosotros mismos años atrás, cuando más de un millón de españoles emigró a Alemania, Francia, Suiza, etc., era algo normal para ellos y para nosotros. Muchos se afincaron aquí, sus hijos iban a los colegios, vivían encasas dignas La maldita crisis y su manejo por parte del Gobierno que hemos tenido, la reforma laboral y otras cuestiones han traído consigo la vuelta a sus países de muchos emigrantes. Pero otros se han quedado aquí, quizás porque les da miedo la situación económica que se pueden encontrar en sus lugares de procedencia, y así han visto cómo las condiciones de sus trabajos han empeorado hasta llegar al caso que hoy comentamos.


        Un amigo marroquí me contaba hace poco el problema que tenía en la empresa donde trabaja, en la que hay un buen número de españoles y de musulmanes. En Navidad, a los españoles, que se suponen cristianos, se les da los días de fiesta que le corresponden, pero no a los musulmanes, puesto que, según dicen los jefes, ellos no tienen nada que celebrar. Los árabes les pidieron a cambio esa fiesta para el día final del Ramadán, pero el jefe se negó a dársela, y, por más que han insistido, no han conseguido nada de momento.


        En absoluto quiero decir aquí que todos los empresarios que contratan emigrantes los explotan, pero sí que hay señales que deben ponernos en guardia contra estas situaciones. Somos españoles, seres civilizados con una ética y unas leyes. No podemos volver la cabeza cuando veamos estas cosas. Hay que, al menos, preguntarse qué está pasando aquí, a nuestro alrededor.

     

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