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Enrique Nieto


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  • 14
    Octubre
    2013

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    Pintando al Fresco: Amor perdido

        Ustedes seguramente no sienten así porque son duros como el pedernal, pero yo, al ser artista y una persona muy sensible, ando inquieto y triste por esos seres humanos que se llaman políticos. Ellos se han convertido en la segunda preocupación fundamental de los españoles, solo por debajo del paro, asi que: ¿Qué pensarán al verse tantos de ellos imputados, procesados, señalados como prevaricadores; o a al darse cuenta de que su compañero de partido está imputado, procesado o señalado como prevaricador? ¿Qué pasará por esas cabezas cuando vayan a un cine, o a un restaurante, o paseen por la calle y sientan sobre ellos que las miradas de la gente no les demuestran cariño alguno? Bueno, y digo esto de los que salen de sus casas o de sus despachos, que son poquísimos, y es raro encontrarte con uno de ellos comprando en un supermercado o tomándose una cerveza en cualquier bar de su ciudad. Es que es una situación muy triste, oiga.


        ¿Y, entre ellos?, ¿cómo se llevarán? Bajando al ruedo regional puedo decirles que, el otro día, un consejero de nuestro Gobierno comentó: ‘Cómo me alegro de que hayan nombrado a Pedro Antonio Sánchez para Educación. Así, al menos tendré alguien con quien hablar en los consejos de gobierno’. ¿Ustedes se dan cuenta? Es que ese consejero no tiene a ningún compañero con el que, o con la que, cambiar unas frases, no ya sobre su trabajo, que de eso nada de nada, sino, un ejemplo, algo parecido a: ‘qué bien te sienta ese traje’, o ‘me han dicho que tu cuñado tiene una novia que está muy buena’. Qué se yo; cosas de esas que se dicen entre colegas.  Otro ejemplo: ¿es que siendo la consejera de Sanidad la única mujer en el gobierno no se merece que Juan Bernal le diga algo que no sea: ‘recorta, recorta y recorta, que me voy a cagar en diez’ (bueno, esto último no creo que lo diga el vicepresidente, que es muy educado, ni tampoco que ella le conteste: ‘déjame en paz, coño, que ya no sé de qué quitar, y, además, luego viene el presi y me desautoriza’).


        Bien es verdad que tienen la compensación de cobrar a fin de mes un buen sueldo, que eso, en las circunstancias actuales, es una auténtica maravilla, un verdadero orgasmo mensual del que no disfrutan tantos de sus administrados que están en el vil paro. Pero, como les decía, a mí me preocupan mucho sus sentimientos, porque si hay algo que duela es sentirse fuera del conjunto, estar apartado de la sociedad a la que perteneces.

    Cada político tiene un campo de actuación: ¿cómo pueden llevar sobre sus hombros que la mayoría del gremio de sus administrados piensen que son unos un cernícalos como sucede con los ministros Wert y Gallardón, pongamos por ejemplo? Al primero, los profesores, los alumnos, los rectores de universidad, los del cine y el teatro, etc. le montan la marimorena a dondequiera que va. Al de Justicia, los jueces, los fiscales y demás personal de su departamento no paran de decirle que no soluciona nada de lo que necesitan y que lo de las tasas, por ejemplo, es una guarrada absoluta. ¿Es que les merece la pena ser ministros porque un obispo le diga al primero: ‘muy bien puesta la Religión evaluable, querido’, o por otro obispo que le diga al segundo: ‘que se jodan las del aborto, ministro’. Por dios, qué sufrimiento.


        Y agárrate a la oposición. Encima de que el papel es poco agradecido, a Rubalcaba ya lo critican hasta los de su propio partido. Pobres personas estos políticos. Solo deseo que los dejen irse a sus casas pronto y que vengan otros que sepan ganarse nuestro cariño. Porque si no lo tienen, ¿qué hacen ahí?
     

     

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