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Enrique Nieto


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  • 27
    Mayo
    2014

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    Pintando al Fresco: Adiós rector

        Una vez, hace ya tiempo, le pregunté a un rector de universidad qué tal era eso de dirigir una cosa tan grande y con tanta gente dentro, y él me contestó que era como ser alcalde de un pueblo, pero con una particularidad, materialmente todos los ciudadanos de ese pueblo sabían leer y escribir, y eso podía llegar a ser un problema. Lo de ‘materialmente’ fue dicho así, con un poco de retintín, pero lo cierto es que comprendí perfectamente lo que quería decirme.


        José Antonio Cobacho ha dejado de ser el rector de la Universidad de Murcia tras ocho años de ejercer este cargo, aunque realmente lleva decenios haciendo trabajos de gestión en esa institución porque ha sido Secretario General, Vicerrector, Decano y algunas cosas más, así que sobre el papel, es un hombre que se las sabe todas en lo que a la vida universitaria se refiere. Es catedrático de Derecho Civil y ha llevado a cabo toda su carrera en la UMU, aunque también se ha implicado en actuaciones en otras universidades como la Pompeu Fabra, o la Autónoma de Barcelona. Total, que, si había alguien que tenía currículo para ser rector, ese era él y ahí ha estado durante ocho años.


        Tomando en serio el símil del pueblo, la UMU tiene casi cuarenta mil habitantes entre profesores, alumnos y funcionarios de varias especialidades, que van desde la gigantesca gestión y administración, hasta los trabajos de limpieza y mantenimiento de las instalaciones, pasando por los auxiliares de laboratorios, bedeles, empleados de varias profesiones, etc. etc. Es cierto que la estructura dirigente tiene sus cabezas que son los vicerrectores, el gerente, etc., pero, el rector es el alcalde, así que con que solo un mínimo de personas de cada campo quiera verlo cada día, su trabajo debe ser más bien complicado. Además, no olviden ustedes que la gran parte de las relaciones exteriores de la universidad cae sobre el rector, así que su presencia es requerida en todo tipo de actos institucionales y de los otros.


        En lo que se refiere al párrafo anterior parece ser que el rector Cobacho ha cumplido perfectamente y ha recibido hasta al gato. Quizás lo tenga apuntado, y sería curioso saber el número de visitas que ha atendido en su despacho en estos ocho años, desde catedráticos coléricos a funcionarios coléricos, pasando por alumnos coléricos y políticos coléricos (pueden ustedes cambiar ‘coléricos’ por ‘cabreados’, si quieren). Dados los últimos años que le han tocado vivir, con María Malasombra Recortes y Sube Tasas Wert a cargo del ministerio, y el gobierno de la Comunidad Autónoma con los cajones del dinero llenos de telarañas, gobernar la UMU debe haber sido un trabajo muy poco fácil, de la que otra estadística, que quizás también conserve, daría fe: ¿Cuántos viajes ha hecho Cobacho a Madrid en este tiempo? ¿Cuántas veces ha hablado de dinero con los consejeros de Hacienda o con el Presidente de la Región de Murcia?


        A pesar de todo esto, mi impresión de José Antonio Cobacho es que ha sido un hombre capaz de escuchar a mucha gente, amablemente incluso, y sobre todo, con una gran educación a pesar de que más de una vez hubiera tenido ganas de echar los carros por el pedregal y mandar alguno a hacer puñetas. Nunca olvidaré la estampa de este hombre el día de la apertura del curso 2013 – 2014, tratando de dirigirles la palabra con su dañada garganta a un grupo de manifestantes que boicotearon el acto y con los que trataba de dialogar. Fue realmente conmovedor porque no perdió en ningún momento la dignidad del cargo que representaba, y aquello, créanme, era para perderla.


        Se merece ese descanso que dice necesitar, pero no me extrañaría nada que, pasado un tiempo corto, apareciese por alguna otra parte con el encargo de hacer algo importante. Y es seguro que José Antonio Cobacho tiene experiencia y virtudes para gestionar. Y no como otros. Adiós, rector.
       
     

     

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