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Enrique Nieto


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  • 04
    Octubre
    2010

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    Nos han hecho felices

    Lo sabía. Lo sabíamos todos nosotros, pero ustedes han necesitado que vengan los científicos a explicarlo para creernos. Han tenido que hacer una investigación profunda, llevar a cabo análisis sin cuento, relacionar estadísticas, trabajar durante meses y quizás años para poder demostrar algo que todos nosotros conocíamos de antemano con una total seguridad en nuestras convicciones. La cerveza es buena. Todos los bebedores habituales de este excelso néctar, cada vez que nos echábamos una caña al coleto, sentíamos un bienestar en nuestros cuerpos, un agradecimiento en nuestras vísceras que nos confirmaba la bondad de lo que estábamos ingiriendo, pero ustedes nada, a pensar que éramos unos engañados de la vida y que acabaríamos con una tripa hasta la pared de enfrente y el hígado hecho harina.


    Bueno, pues no engorda. Un vaso de cerveza tiene las mismas calorías que uno de zumo de naranja, así que ya me contarán, porque yo he decidido ya dejar el zumo que habitualmente tomo con el desayuno y tomarme una cerveza con el café con leche, aunque, la verdad, me apetece menos. Pero quitando ésa, las otras pienso seguir bebiéndomelas y ahora con mucha más satisfacción, porque si además de lo buena que está resulta que me hincho a ácido fólico, a hierro y a calcio, es que me voy a poner que va a dar gusto verme. Los investigadores han dicho que debemos tomarla con moderación, pero no dicen qué entienden por ‘moderación’, así que voy a interpretar ese dato a mi gusto y lo voy a hacer depender de la sed que tenga.
    Además, yo soy un bebedor de cerveza de libro, un poco ‘a la europea’. Por ejemplo, me gusta casi más sola que con tapa – los alemanes, los ingleses o los belgas se las toman a palo seco y ahí los tienes, con países que funcionan perfectamente a nivel económico, lo que demuestra que ingerir cerveza ayuda a encontrar caminos para mejorar la vida de los ciudadanos – y me gusta exactamente igual en verano que en invierno, o sea, que no es por la sed y el calor por lo que la bebo, es porque está buena.


    También es cierto que, como dijo aquél: ‘los miserables buscan otros miserables para sentirse a gusto’, y yo tengo a mi alrededor un buen grupo de amigos y amigas a los que les gusta la cerveza, así que nos reunimos a menudo a charlar y a empinar el codo (insisto en lo de ‘moderadamente’, ¿eh?). Terminar de trabajar. Después de haber pasado varias horas en soledad, bajar a la calle, y, en uno de esos baretos que tienen ventana, pedir un quinto y compartirlo con los amigos a los que has llamado previamente, o con el camarero conocido, o con la contemplación del personal que pasa arriba y abajo por la calle. Qué placer, oiga. Y hay otros momentos ‘cerveza’, centenares de ellos: una ‘negra’ en casa por la noche, una cita fija los viernes con un grupo de amistades a las que, si no fuese por ese encuentro, apenas verías, una en un pub de Londres, otra en una terraza de Bruselas, aquella junto a un canal de Ámsterdam. Inolvidables. Y, encima, ahora sabes que estás haciendo por tu salud, que ya no es solamente un placer. Gracias Señores Investigadores porque nos han hecho felices, a mí y a todos los de mi calaña.

     

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