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Enrique Nieto


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  • 07
    Junio
    2013

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    En fin, la política

        La mañana comenzó bien (ya me lo merecía después del día de ayer). Nada más llegar a la Asamblea, veo al presidente Valcárcel, nos saludamos y me dice: ‘Acabo de leerte’. Como ustedes comprenderán, no está mal que un presidente te diga que se ha desayunado con LA OPINIÓN y se ha leído las chorradas que tú hayas podido escribir. Enseguida le pregunto que si se ha dado cuenta de que más de uno le hemos cogido el rollito de no hablar ayer del estado de la Región, sino que parecía que iba a investirse, y, con cara de pillo, me dice: ‘Es que hay buscar el lado bueno de las cosas, crear esperanzas en los murcianos, decirles que vamos a salir, que estamos haciendo y vamos a hacer mucho y bueno’, y la verdad es que comprendo lo que me está dando a entender con la carita de pillo: que nosotros nos hemos dado cuenta, pero que a lo mejor otros no. Los tres consejeros que estaban con él mientras hablábamos, José Ballesta, Pedro Alberto Cruz y Manuel Campos, asentían con sus cabezas y sonreían con socarronería ante la agudeza y la habilidad de su jefe. En fin, la política.
     

        Cuando ya nos habíamos despedido, vi a José Antonio Pujante, portavoz de IULV. Llevaba puesta una camiseta verde para protestar por los recortes en Educación (por cierto, ¿vieron ustedes los desplantes de los premios nacionales universitarios al ministro Wert? Ese tío, ¿por qué no se irá a su casa?) que se veía muy reivindicativa, pero, hay que reconocerlo, no era la prenda de vestir ideal para disimular la barriguilla que el de IU ha echado. Porque ha espumado el hombre. No muy discretamente por mi parte, le hice un comentario al respecto, a lo que él, en vez de mandarme a hacer puñetas que era lo indicado, me contestó sonriendo: ‘Ya sé que he engordado, pero voy a empezar la operación bikini de un momento a otro’, o sea, que no se lo tomó a mal, y se fue a saludar a la gente de IU que había venido, que no sé si también le diría que está algo gordo.
     

        A propósito, es menester que les cuente aquí ahora, no vaya a ser que se me olvide, lo del público asistente a este debate en la Asamblea en el día de ayer. Como Begoña García Retegui hablaba la primera, un grupo no muy numeroso pero si presentable se sentó a escucharla acaudillado por algunos de sus líderes, como Martínez Tovar, Ramón Ortiz o María González Veracruz. Me extrañó vivamente que los sindicalistas, que estuvieron el día anterior a oír a Valcárcel, no aparecieran ayer, que iba la cosa más de izquierdas, pero a lo mejor tenían otras faenas más importantes que atender, que, al fin y al cabo, allí solo se iba a hablar de la posición del PSOE e IULV ante las políticas del gobierno de la Región de Murcia.
     

        Pero, a lo que iba, que es lo del público. Cuando, tras Retegui, Pujante salió a hablar, ya mermó la asistencia un rato largo, aunque lo gordo vino después. Cuando acabó la izquierda, vino la derecha, o el centro, bueno, el Partido Popular. Juan Carlos Ruiz subió al estrado y en los asientos del público quedaban ¡3 personas! ¿Cómo es posible que treinta y tres diputados del Partido Popular, su portavoz y el gobierno en pleno atraigan a la Asamblea Regional a 3 asistentes? ¿Dónde están los militantes y las militantas? ¿Todos trabajando? ¿Es que ellos no tienen parados? Y, curiosidad o interés por lo que dijera el portavoz, ¿tampoco tenían? De verdad que daba penica ver a Ruiz allí sin más aplausos que los de los que se sentaban en los escaños de su partido.
     

        Y hablando de Juan Carlos Ruiz y de su discurso de ayer. Qué difícil es eso de militar en un partido, oiga. Ustedes no se pueden dar una idea de las cosas que hay que decir en un estrado sobre su líder y presidente para quedar bien con él. Es que materialmente hay que glorificarlo, hablar de su tierno corazón, de que es ‘el presidente de las personas’ y repetirlo siete u ocho veces, decir que es como un santo, siempre en vela por el bien de los murcianos, amante de la paz y de la concordia, bueno como el pan. Un cromo, el presidente, según Ruiz. Yo no sé qué pensará Valcárcel cuando escucha esas cosas allí desde el estrado. ¿Le dará apuro? ¿Le dará gusto? En fin, la política.
     

       Claro está que después de todas las barbaridades que le dijeron García Retegui y Pujante un poco de pomada le tuvo que venir bien, porque ambos se emplearon a fondo en sacarle las vergüenzas y exponerlas a la vista del personal. Ella estuvo serena, pero largando metralla, enumerando uno a uno los desastres de esta crisis y achacándoselos a Valcárcel, al que llegó a decirle que ‘antes se pilla a un mentiroso que a un cojo’. El de IULV casi me asustó con el panorama regional que pintó. Por ejemplo, con las listas de espera en hospitales. Si los números que dio son ciertos, apaga y vámonos. Calificó al gobierno de ‘camarote de los hermanos Marx’ (había que ver la cara de desesperación cachonda que puso el consejero Ballesta cuando oyó semejante definición) y animó a todos a que dimitieran en fila.
     

        Cuando hablamos, Valcárcel me había dicho que, al escuchar a los portavoces de la oposición, le dan ganas de saltar del asiento y responderles, pero que tenía que aguantarse hasta por la tarde, cuando le toca. Que se le enciende la sangre, vamos.
     

       En fin, la política.



       
       
     

     

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