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Enrique Nieto


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  • 09
    Abril
    2014

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    Crónica Parlamentaria: ….Y se van

    En primer lugar, me gustaría decir aquí que pueden estar ustedes tranquilos. Quizás alguien haya pensado que el debate de investidura del nuevo presidente iba a ser un trámite, y Santas Pascuas, dada la mayoría superabsoluta que tiene el Partido Popular en la Asamblea, y puede ser que en algunos apartados haya sido así, Pero digo que pueden estar ustedes tranquilos porque, además de eso, ha habido más cosas. Los dos portavoces de la oposición, Begoña García Retegui y José Antonio Pujante, salieron ayer al estrado a explicarle a Alberto Garre cómo está esta Región, y lo expresaron claramente. Ambos desgranaron una a una las tremendas situaciones por las que están pasando muchos ciudadanos, los problemas de todo tipo, con el paro a la cabeza, que están en la calle y que todos vivimos a diario. Ante esta avalancha de realidades, Garre respondió con la estadística de todo lo que han hecho en estos diecinueve años: los colegios, los hospitales, los centros de salud que han construido, pero la socialista le reprochó que hablara del pasado y no del futuro, que es lo que a él le corresponde, y de cómo va a atajar esas situaciones. Juan Carlos Ruíz, en su última actuación como portavoz del grupo parlamentario del PP, trató de parar esos reproches sacándoles las vergüenzas a los socialistas, que también las tienen, de cuando gobernaron y de siempre. Pero el caso es que en el aire quedó el desafío enorme al que se enfrenta este presidente, con una situación realmente grave en la Región, y con el hacha de los recortes que aún ha de hacer, obedeciendo las órdenes del Gobierno de Madrid, pendiente sobre su cabeza.


        Quizás lo más desagradable del debate vino con el tema de las imputaciones de dos los consejeros, que fueron sacadas allí, a viva voz, sobre todo por García Retegui. Ver a esas dos personas, Antonio Cerdá y Pedro Antonio Sánchez, aguantar el discurso de la socialista incidiendo una y otra vez en las sospechas que recaen sobre ellos, y los reproches a Alberto Garre por dejarlos en el gobierno resultaba duro de oír hasta para mí, así que imagínense a  ellos escuchando todo eso allí, desde su escaño, delante de todo el mundo. Será discutible o no que sigan, pero no son personas condenadas por un juez, sino imputados y, como defendió Garre con toda la fuerza posible, tienen la suposición de inocencia. Es más, yo creo que, si siguen, es porque él los considera inocentes. No sé si tanta incidencia en el tema por parte de la oposición era lo indicado, y, sobre todo, si hacerles pasar ese rato, que amí me pareció tan desagradable desde el punto de vista humano, era necesario.


        Pero quizás, ya que estuve en el debate y muchos de ustedes no, yo debería intentar transmitirles aquí cómo estaba el ambiente ayer en la Asamblea Regional, porque no podemos olvidar que Alberto Garre comenzaba su andadura en el cargo, pero allí había también bastantes seres humanos que estaban despidiéndose, diciendo adiós a una vida que han tenido durante bastantes años. Y me refiero a los consejeros y la gente de sus equipos. Si Pedro Alberto Cruz siempre ha tenido un cierto aire melancólico, ayer era la pura estampa de la melancolía. Y eso que tiene un sitio al que volver, que le espera su plaza de profesor en la universidad, sus poemas y sus discos que pinchar. Pero está claro que deja la Cultura y se queda un poco huérfano. Antonio Sevilla, sin embargo, abandonó todo lo profesional para irse a la política, y, aunque es ingeniero y su punto de partida no es obviamente el mismo que el de otro parado, tiene que ponerse a buscar trabajo. José Ballesta es catedrático en la facultad de Medicina, así que tiene su empleo seguro, y, además, como me dijo, tiene experiencia en eso de dejar cosas importantes y cerrar etapas para comenzar otras. Yo creo que es al que vi menos afectado. María Ángeles Palacios deja Sanidad, y me pareció hasta con prisa de irse. A Juan Bernal lo encontré huidizo, como si no quisiera hablar con nadie, como si estuviera hasta las narices de mucha gente, incluidos los que escribimos en los periódicos.


          Y el que más se va, Ramón Luís Valcárcel, llegó al hemiciclo justo en la última intervención de Garre para votar e irse. Creo que estuvo en la Asamblea toda la mañana, pero solo se dejó ver al final. Si quieren que les diga la verdad, noté una cierta falta de cariño hacia su persona entre las filas del PP. Fue citado por los comparecientes, fue aplaudido por los suyos, pero, qué sé yo, a mí me dio la impresión de que todo era un poco flojo después de casi veinte años de repartirles a todos ellos. Era como si las vicisitudes de la creación de este gobierno hubieran dejado heridas que permanecen abiertas, y que allí se notaban, supurando. Habrá que aplicar mucha árnica. Me parece. 
     

     

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