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Enrique Nieto


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  • 27
    Mayo
    2014

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    Crónica de un instante: Si te vi, no me acuerdo

        En unas decenas de años, las palomas han sufrido un proceso en la consideración de los seres humanos que va desde ‘la palomita del Señor’, o ‘la paloma de la paz’ a la de ‘rata con alas’. Nunca  ha ocurrido algo igual en la historia de los animales y su relación con el homo sapiens. He visto yo, con estos ojos que se ha de comer la tierra, o que serán devorados por una paloma hambrienta si dejan mi cadáver a la intemperie, una imagen de la Virgen paseada en procesión con palomas posadas sobre sus hombros y su corona. He visto, a gente soltando palomas en señal de de alegría por un acontecimiento, y fotos en las que se ve a un entrenador de palomas mensajeras recibiendo una condecoración del gobierno de su país que él, a su vez, colocaba al cuello de una de sus palomas por haber salvado a no sé cuantos soldados de un ataque enemigo, por medio del aviso que les llevó el bicho, volando entre las balas y las explosiones de obuses. Ah, y tengo en sitio de honor en mi casa el libro ‘Marinero en tierra’ que Rafael Alberti me dedicó dibujando una paloma tras su firma.


        Y, ahora, aquí tienen ustedes a las palomicas de la foto, odiadas y en perenne lucha contra ellas, como si nunca hubiesen sido nada nuestro, terminándose el aperitivo de esta mesa en la terraza de un bar de Murcia. Pero, es más, si se fijan observarán que se trata de una paloma madre y de una paloma hija, un pichoncillo que apenas acaba de abandonar el nido, y que está siendo entrenada por la mayor en la forma de encontrar sustento. Y sentimos asco al verlas entre nuestros platos, a ellas, las que tanto apreciábamos.


        Durante años, los seres humanos, cuando llegaban de turismo a una ciudad, se hacían una foto en la plaza principal rodeados de palomas que normalmente habitaban en los recovecos de la iglesia, catedral o basílica de ese centro urbano. Pero, un día, alguien se dio cuenta de que los bichos cagaban y que esas ácidas deposiciones corroían la piedra y se cargaban a los santos de las fachadas. Y, hala, guerra a las palomas, como si nunca hubiesen sido anda nuestro, como si no las hubiésemos alimentados con nuestras propias manos.


        Ahora, cambien ustedes a los seres humanos por partidos políticos, y a las palomas por políticos corruptos de esos partidos, un Bárcenas, un Guerrero (el ex director general de Trabajo en Andalucía, el de los ERES, la coca, etc.). Es lo mismo. Parece como si nunca hubiesen tenido relación o se hicieran fotos con ellos, ni los hubieran alimentado y premiado con cargos, Y con encargos.
         
     

     

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