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Enrique Nieto


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  • 21
    Enero
    2014

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    Crónica de un instante: Mascotas

    Esta foto está tomada el día de San Antón, cuando hombres, mujeres y niños llevan sus animales a que los bendiga un cura, y a veces se produce algún incidente porque hay animales que se llevan mal por tradición,  como los perros y los gatos. Observen cómo la mujer protege a su minino, al que le ha hecho un trajecito de lana roja monísimo, de la mirada algo inquisitiva del perrazo, que también lleva puesto un signo de amor de su dueño en forma de corazón en su collar.

      A los animales que tenemos en casa se les toma cariño, y no solo a esas máquinas de dar afecto y fidelidad que son los perros, si no también a otras especies. Dicen que hasta San Antón Pascuas son, y esta Navidad algunos padres han decidido regalarle a sus hijos una mascota, un animal vivo. Lo normal es que a los críos, su llegada los llene de alegría, e inmediatamente se pongan a jugar con él y lo colmen de afecto. Pero me temo que mucha gente no piensa bien antes lo que ese nuevo miembro de la familia trae consigo: gastos en alimentación y cuidados veterinarios, molestias cuando son muy jóvenes, problemas cuando la familia se desplaza a lugares donde no admiten animales de compañía, salidas a darles paseos, etc. etc. 

    Y, precisamente después de San Antón, algunos padres ven que los niños les hacen menos caso a sus mascotas, se resisten a ser ellos quienes se encarguen de su cuidado y se arrepienten de de tenerlo en casa. Y deciden abandonarlos. Por la Región de Murcia vuelan ya algunas pequeñas bandadas de pájaros exóticos, en el río Segura nadan galápagos, peces extraños y hasta serpientes. Y lo peor: en las Protectoras de Animales cientos de perros entregados por sus amos esperan a alguien que los quiera antes de ser sacrificados. Una mascota no es juguete que se tira a la basura. No lo es. Nunca.  

     

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