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Enrique Nieto


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  • 17
    Octubre
    2014

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    Crónica de un instante: Buena labor

     

        El instante que plasma esta fotografía es un buen instante. Se corresponde con una campaña que ha llevado a cabo la policía local  para prevenir a los niños sobre los peligros que pueden correr en las calles y animarlos a que, en una situación que les preocupe, acudan a ellos: ‘si no están vuestros padres y necesitáis algo, acercaros a nosotros donde nos veáis’, les han dicho, además de advertirlos sobre cualquier extraño que se les acerque. Esta familiaridad de los policías con los niños en el aula es, sin duda, muy positiva.


        Lo cierto es que mucha gente ve todavía a los policías locales como unos señores que ponen muchas multas de aparcamiento, o que a veces se manifiestan algo bordes con los contribuyentes. Pero esto no es así. Bien es verdad que todavía no hemos llegado al grado de integración social de este cuerpo, o similar, en Gran Bretaña, donde los ‘Bobbies’, en sus barrios, acuden cada día a las 10.30, a Baker St., nº 24, a ayudar a la anciana Sra. Brown a bajar la escalera cuando sale a pasear a su perro, entre otras acciones. O como en los barrios de las grandes ciudades de China, donde hay una comisaría a la que tú vas, preguntas por el Sr. Chang Tse, y te dicen que no está en su casa porque ha ido a pasar tres días a su pueblo para asistir al funeral de su tío Chin Chu.
        Pero solo hay que ver a nuestros policías locales por las mañanas en la puerta de los colegios tratando de poner orden ante la situación creada por padres y madres, en sus coches, al dejar a sus hijos, a quienes, con los vehículos en segunda y tercera fila, les dan el beso, les arreglan el pelo, y salen corriendo porque llegan tarde al trabajo, ante la mirada paciente, los brazos arriba y abajo, y alguna pitada con el silbato del policía local que ya no sabe a quién dar paso y a quién darle un grito para que se vaya de una vez y deje de interrumpir el tráfico.


        Y los hay muy vocacionales. Alguno conozco que, por sus años de servicio podría estar en una oficina, pero en ningún caso quiere dejar la calle, que es lo que le gusta. O algún otro que lleva años en el servicio nocturno, durmiendo de día y enfrentándose a todo los problemas que la noche crea en algunos barrios, y dice que no lo dejaría por nada porque allí se siente de verdad el policía que quiere ser.
       
     

     

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