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Enrique Nieto


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  • 27
    Mayo
    2014

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    Crónica de un instante: Al ataque

       Esta fotografía, señoras y señores, es una metáfora, es decir, que provoca, al menos en mí, una percepción distinta a la literal de lo que se ve. Ahora vamos a ver si también lo pudiera provocar en ustedes.


        Y, ¿de qué es una metáfora? Pues de las elecciones europeas que se celebraron el domingo. A saber: un perrito pequeño se atreve a ladrarle al perrazo grande, y no solo eso, sino que parece amenazarlo con tirarse a su cuello y morderle la yugular, o cualquier otra cosa, bien sean los escaños, los ministerios, las alcaldías o los testículos, que es donde más les duele. ¿Me siguen ustedes?


        El can grande, que podría llamarse PP o PSOE, enseña los dientes, pero yo diría que un pelín acojonado sí que está al ver tan decidido y con tanta marcha al bichito que tiene enfrente, que seguramente se llamará Podemos, UPyD o Izquierda Plural, y que les ha salido absolutamente respondón a pesar de su poca envergadura. Por más pedazo de rabo que tenga el grande, y a pesar de no disponer de rabo el pequeño porque se lo cortaron cuando era un cachorro, este está dispuesto a dejar claro que va a llegar hasta donde haya que llegar en esta confrontación callejera, y en las sucesivas que haya menester, porque está crecido el enanito, como si del Tyrion de Juego de Tronos se tratara, que es el enano con más mala leche que he visto en mi vida.


        Quizás la clave de esta cuestión esté en las correas que sujetan a cada perro. Miren ustedes la del grande: pedazo de cadena corta, bien gruesa para que no pueda nunca soltarse, con los eslabones de los Mercados, la Troika, la Merkel, el FMI, etc. sucediéndose hasta llegar al collar que le ciñe el cuello, mientras que el otro lleva una correa blandita, color rosa, quizás femenina o gay, y aunque no se aprecia en la foto, estoy seguro de que es de esas que pueden extenderse un montón de metros para que el perrito tenga libertad de movimientos.


        Y, ahora, a esperar las próximas elecciones, pero como el grande – los grandes -no cambie de collar, el pequeño pudiera crecer y crecer, y hasta conseguir un rabo más grande, aunque sea mediante un trasplante de rabo que le prestara otro perro de similar collar. No sé si me explico.
     

     

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