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Enrique Nieto


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  • 11
    Mayo
    2016

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    SOCIEDAD Murcia

    Apuntes del Natural: Siempre hay algo que arreglar

    Siempre hay algo que arreglar. Un hombre y una mujer, de mediana edad ambos, están hablando en la calle de las ventajas y los problemas de vivir en una casa grande, individual y con jardín, una vez que los hijos se han casado y se han ido. Comentan el trabajo que da, y, sobre todo, los problemas de mantenimiento que se producen: que si una rotura de algo aquí, que si una avería de otra cosa por otro sitio: ‘Siempre hay una puta que confesar’, dice ella.

    Dos situaciones distintas. Esta semana he vuelto a Madrid para estar en la exposición. Ha llovido, ha hecho frío, ha salido el sol –la gente va todavía de invierno, con chaquetones y bufandas -, o sea, tiempo de típico de abril. Además de haber vivido cinco años en Madrid cuando era un joven inexperto, he viajado a la capital decenas de veces, y he llegado a esta conclusión: para pasar allí unos días, yendo al teatro y a ver exposiciones y museos, es un lugar ideal; para estar en plan de trabajo no me gusta absolutamente nada.

    Encuentros. Como la sala donde expongo está en el centro, muy cerca de la Puerta del Sol, a menudo veo a gente conocida por la calle. Por ejemplo, a Iñigo Errejón, que efectivamente tiene cara de crío; es muy flaco y más alto de lo que aparenta en la tele. También he visto a David Trueba, al que estuve a punto de darle la enhorabuena por su serie ‘¿Qué fue de Jorge Sanz?’, que me gustó mucho. Y a Santiago Segura, que me lo encontré cuando entraba en su casa de la Gran Vía.

    Poca fe. Estaba yo sentado en la terraza del Círculo de Bellas Artes con dos amigos, cuando vimos pasar a Teodoro García, joven diputado del PP. Venía del Congreso, de la celebración del aniversario de Cervantes que se había celebrado esa mañana. Le preguntamos qué le había parecido el acto. No se manifestó muy feliz, sobre todo, cuando comentó las palabras que había pronunciado el presidente del Congreso, Patxi López. ‘Te falta fe’, le digo. ‘Fe sí tengo, pero no en Patxi López’, me responde.

    El móvil olvidado y la buena gente. Son las once y media de la noche. Estoy en la habitación del hotel donde me alojo en Madrid. Suena el teléfono de la mesilla de noche. Me extraña mucho que alguien me llame allí. Contesto, y escucho la voz de un amigo que me dice: ‘Escucha: te he puesto un mensaje a tu móvil, y me ha respondido el camarero de una cafetería diciendo que te lo has dejado allí hace una hora. He llamado a V. para preguntarle si sabía en qué hotel estabas, y me ha dicho que no, pero que llamaba a C, para preguntarle, Tampoco él lo sabía, pero ha llamado a Ch. que sí lo sabía, me lo ha dicho, he buscado el número y te estoy llamando’. Me visto, voy corriendo a la cafetería, y allí me encuentro al camarero que está llamando a un número de otro mensaje que yo había recibido. Le doy las gracias y una gratificación que no quiere aceptar, pero insisto. Por cierto, es un emigrante sudamericano.

    Eso, buena gente. Para que vean ustedes que hay gente buena. Por un lado el amigo que se pasa media hora buscando en qué hotel estoy, y, por el otro, el camarero emigrante que, en vez de guardarse un móvil nuevo y caro, intenta una vez y otra localizarme.

    Nuevas formas de relacionarse. Un chico joven a otro, en la puerta de una zapatería, donde parecen estar esperando a alguien que está dentro: ‘la conocí en un chat, quedamos, y ya llevamos tres meses juntos. Lo de ligar en una discoteca se ha acabado para mí, tío. Internet es lo que mola’.

    Nuevo rector. La Universidad Politécnica de Cartagena ya tiene nuevo rector. Le tengo afecto a esa institución. He estado nueve años en su Consejo Social y fue una experiencia muy positiva para mí. He trabajado con dos rectores: Félix Faura, y José Antonio Franco, dos personas estupendas que han dejado su impronta en la universidad. Ahora comienza una nueva andadura con Díaz Morcillo. La UPCT es una gran realidad, pero también un proyecto muy ilusionante que ha cambiado a Cartagena.

    Ya tiene plan. El viernes por la mañana comienza a chispear en la ciudad de Murcia. Un  hombre mayor, que está en un bar, se asoma a la calle, mira al cielo y dice: ‘Si llueve, esta tarde salgo a coger caracoles’.

     

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