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Enrique Nieto


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  • 15
    Noviembre
    2013

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    Apuntes del Natural: Por ahí se empieza

    Por ahí se empieza. Una mujer a otra, en la calle. ‘Han detenido a unos cuantos banqueros’. ‘Algo es algo, hija mía, algo es algo’, responde la segunda.

    Mala cabeza. Un hombre muy mayor a mí: ‘Este año, al verano se le ha olvidado irse’.

    Música. Estuve en el concierto de clausura de la Semana Grande de Cajamurcia, en el auditorio El Batel, en Cartagena. Hacía bastante tiempo que no escuchaba a la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia y fue una buena experiencia. No son muchos, pero tocan, jolines que si tocan, y eso que, para Wagner, (este año se celebra el bicentenario de Wagner y Verdi y tocaron piezas suyas) cuantos más músicos mejor. Les quedó un concierto la mar de propio, y la directora, Virginia Martínez, se ve que se lo curra, pero bien currado, porque también dirigía a un coro de casi cien personas formado por varias corales de la Región. El ‘Va pensiero’ sonó tan bonico como siempre.

    Pequeñas dosis. Hay óperas que tienen una pequeña parte que las ha hecho famosas y, luego, enteras, son más bien tirando a droga dura. Por ejemplo: ‘Nabucco’, de Verdi con lo del ‘Va pensiero’. O ‘El elixir de amor’, de Donizzetti, con la que siempre ocurre lo mismo: te pasas la mitad de la obra esperando que el tenor cante ‘Una furtiva lágrima’, y la otra mitad esperando a que termine aquello para irte a tu casa. O con una de Haendel, que se llama ‘Rinaldo’, que tiene una copla divina: ‘Lascia ch’io pianga’, y, sin embargo, para escucharla entera hay que atarse los machos.

    Todo acaba en ‘fera’. Un chico, de unos 12 años, a otros con los que va hacia el instituto: ‘¡Le voy a clavar el examen! ¡Me lo sé to’, tío: la litosfera, la hidrosfera y la atmosfera!. (No es un error, es que lo dijo así: la ‘atmosfera’).

    Como debe ser. El jueves me invitaron a comer en casa de unos parientes. Hicieron guiso de cordero con alcachofas. Estaba de cine. Tenía todos los detalles que debe tener ese guiso: las alcachofas rebozadas en harina y fritas, las patatas, también fritas y cortadas en cubos, el caldo espeso y las chuletas en su punto exacto de cocción. No hay nada que me guste más que un plato tradicional bien hecho.

    Premiado. Un hombre mayor a otro que camina de prisa por la calle: ‘¿A dónde vas, Antonio?’ Sin pararse, el caminante le contesta con una inmensa alegría en su rostro: ‘¡A cobrar una Primitiva, que tengo 3 aciertos, y me dan 8 euros!’.

    Afgano. Hablo con el dependiente de una de esas enormes tiendas de frutas y verduras que se han extendido por la ciudad y que regentan pakistaníes o hindúes. Él es de Afganistán (‘el país de la guerra’, me aclara, por si no lo sé). Habla de la enorme cantidad de horas que trabaja cada día, de que duerme poco; y me explica que él sabe trabajar con excavadoras mecánicas y también es soldador; que si yo sé de algún sitio donde necesiten personal de estos oficios. Me resulta conmovedor.

    Arte. No se pierdan la exposición que José Claros inauguró el viernes en el Casino de Murcia. Es buena, y, además, divertida, sorprendente, con ese toque de ‘performance’ que este artista le da a todo lo que hace. Merece totalmente la pena ir a verla.

    Una pregunta. Vamos a ver: si el tipo de interés marcado el Banco Europeo está al 0.25, es decir, si a los bancos el dinero les cuesta a ese precio, ¿por qué a un amigo que ha pedido un crédito se lo han dado con el 7% de interés?

    Record. El domingo pasado, jugando una partida de dominó, mi compañero, Severo, dio un cierre que sumó 116. Y lo ganó. Creo que es el cierre más alto que yo he visto. Íbamos perdiendo, se presentó la cosa y dijo: ‘¡A tomar viento!’, y cerró. Yo llevaba muchísimos tantos, pero, claro, para sumar 116, es que todos llevábamos muchos. Por cierto, con ese subidón, también ganamos la partida.

    Desconcierto total. Uno de los jugadores contrarios al darse cuenta de que habían perdido el cierre: ‘¡La madre que me parió!’.

     

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