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Enrique Nieto


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  • 03
    Junio
    2013

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    Apuntes del Natural: No se daban las condiciones

    No se daban las condiciones. Un amigo me pregunta: ‘¿Viste la entrevista de Aznar?’. ‘Un poco’, le digo, ‘no estaba yo esa noche para mucho Aznar’, añado.
     
    No lleva pañuelos. Estoy en la puerta de un bar tomando un café. De lejos, veo venir a un hombre con traje y corbata. ‘¿Político o empleado de banca?’, me pregunto. 
     
    Entonces observo que se mete un dedo en la nariz, hurga un poco y se saca algo que mantiene entre dos dedos. Ya lo reconozco, es un político, y el me ve a mí. Sus dos dedos con la cosa se quedan quietos en su mano que mete en el bolsillo, me sonríe, me saluda y sigue su camino. Cuando ya casi se pierde de mi vista calle adelante, saca la mano y lo veo frotar un dedo con el otro tratando de librarse de la pegajosa cosa.
     
    A mi juicio, un desastre. Lo de que vuelvan las reválidas me pone enfermo. Un alumno aprueba sus asignaturas por evaluaciones, por años, y luego tiene que aprobarlas otra vez en un examen de un día, que puede pillarle en malas condiciones de salud, distraído o preocupado por algo que le haya sucedido. Y sin tener en cuenta para nada el esfuerzo que haya podido hacer a lo largo del tiempo para superarlas, la observación de sus profesores del grado de interés que haya tenido, su aptitud ante ellas. Y ese día se juega su futuro. Es que es una cabronada, oiga.
     
    En primera. Veo en la primera página de una revista que una hija de Isabel Preysler ha hecho la Confirmación y que fue un día muy feliz para ella. Qué noticia, ¿no?
     
    Serena, ante el machito. Un lector de esta página me envía el siguiente sucedido: En la puerta de un taller, estaba él con un compañero de trabajo. Pasa una mujer joven y muy guapa con un niño pequeño. El compañero se dirige a ella y le dice: ‘Oye, preciosa, si me das ese niño, te hago yo otro’. Ella, se para, se vuelve hacia él y con mucha tranquilidad, le dice: ‘Usted sabe que una madre nunca va a dar a su hijo, pero, si tiene mucho interés, le puedo decir a mi marido que le haga otro parecido a su mujer’.
     
    Se retiraron temprano. Una chica joven habla por el móvil: ‘Estuvo fatal, tía. A las cuatro de la mañana ya nos habíamos ido todos’.
     
    Cultura piscícola. Una mujer en el puesto de pescado: ‘¿ese, qué pescado es?’. ‘Lecha’, le dice la vendedora. ‘No la he comido nunca. ¿Está buena?, ¿cómo se prepara?’ Entonces intervengo yo y le doy una conferencia sobre las virtudes de la lecha, a la plancha, frita con tomate y pimientos, etc. La mujer me escucha con atención, creo que pensando quién será este tío que sabe tanto de la lecha. ‘Es que soy de Cartagena’, le digo, para que queden las cosas claras.
     
    La opinión de la calle. Un señor mayor que me aborda en la calle y me habla de este periódico, que suele leer. Entre otras cosas, dice: ‘En los primeros años de la democracia, los políticos estaban muy pendientes de lo que aparecía en los medios de comunicación sobre ellos, se preocupaban si había cosas en su contra, y, si se producía una manifestación de protesta sobre algo, la tenían en cuenta, realmente les afectaba y a menudo les hacía cambiar sus políticas. Incluso había dimisiones. Ahora, les importa todo un pimiento. Ahí están las acusaciones de todo tipo, las imputaciones por corrupción, las manifestaciones masivas en contra de sus decisiones. Y ellos como si nada. Parece que la única opción que nos ha quedado a los ciudadanos es votar cada cuatro años. Y, mientras tanto, que nos vayan dando’.
     
    Reapertura. Vuelven a abrir el museo de la Catedral de Murcia y me alegro mucho porque es un sitio bello para visitar. Tiene mucha cosa de oro y plata que, la verdad, a mí me gusta poco, pero hay piezas de escultura y pintura de gran interés.
     
    Recomendación de santidad. Hablando de un tema, un hombre le dice a otro en la barra de un bar: ‘Oye, las pastillas azules son mano de santo’.

     

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