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Enrique Nieto


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  • 15
    Marzo
    2012

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    Apuntes del Natural: Lluvia

    Lluvia. Mientras esto escribo, llueve con intensidad. Es viernes por la mañana y oigo el agua caer sobre el suelo en el balcón de mi estudio produciéndome una sensación de alegría interior. ¿Cuánto tiempo hace que no llueve así en Murcia? Pienso en mis plantas, en el pequeño huerto, y sé que hoy, cuando llegue a casa, a mediodía, las veré con las hojas verdes y brillantes, llenas de fuerza, alegres, como yo, porque por fin ha llovido.

     

    Mala elección. Una mujer anda muy deprisa por la calle con su paraguas y sus bolsas de la compra. Otra la saluda. ‘Muchacha, ¿dónde vas corriendo así?’ ‘Calla, hija. No me puedo parar que tengo la ropa tendida y se me va a mojar toda’, responde mientras sigue su camino a toda velocidad. ‘Es que ayer cambié las camas y tengo las sábanas tendidas’, dice, mientras se aleja. ‘Pues has elegido bien el día’, le grita al otra. 

     

    De interés. Fui a ver la exposición de Chelete Moreneo en El Almudí. Es muy interesante. Un trabajo hecho concienzudamente en el que adivinas las horas y los días de la pintora entregados a conseguir plasmar unas ideas que digan algo a nivel humano, y que plásticamente sean bellas. Y las obras cumplen estos requisitos.

     

    Que no. Rajoy no ha conseguido convencer a los mandatarios europeos de que, si sigue recortando a este ritmo, la recesión va a ser brutal en España. Les ha pedido más tiempo para conseguir bajar el déficit a los niveles que ellos piden, pero le han dicho que nones, nene. Sepamos quien manda aquí.

     

    Repartidor culto. En la puerta de un pequeño bar, hay una carretilla hasta arriba de barriles (bueno, de contenedores de esos metálicos) de cerveza. El repartidor, un hombre de aspecto rudo y fuerte, habla con el camarero acerca de una película que ha visto y que le ha gustado mucho. Es ‘El acantilado rojo’, de John Woo. Intervengo en la conversación y resulta que al rudo repartidor le gusta el cine asiático, cita a Zhang Yimou y se ve claramente que es capaz de degustar el cine coreano, como yo mismo, que soy un cultureta de la peor especie.

     

    Orden expresa. Un hombre en un bar: ‘Ponme otra caña, y, si te pido una más, no se te ocurra servírmela que esta es ya la cuarta’.

     

    Lo conoce. Dos jóvenes hablan en una terraza. Uno dice: ‘yo tengo que cuidar mucho no cabrearme, porque, cuando me enfado, es que me pongo insoportable’. El otro le responde con cara de cachondeo: ‘Ya, ya. No me lo cuentes que te he visto así ya dos veces’.

     

    Fumador hipnotizado. Un amigo se ha sometido a hipnosis para dejar de fumar. No lo ha conseguido del todo, pero dice que fuma menos y que no tiene esa ansiedad característica cuando está en un sitio donde no se permite encender cigarrillos. ‘Al menos, ya no paso el frío que pasaba saliéndome de los restaurantes a medio cenar para echar un pitillo’, me dice.

     

    Mejor ahora. Ya tengo la relación de cuadros de la que saldrá mi exposición antológica. He conseguido encontrar cien, y de ahí se elegirán sesenta. La mayor parte de ellos están en las casas de quienes los adquirieron en su momento, o en colecciones públicas. El más antiguo es de 1968. Me ha hecho ilusión esta revisión de toda una vida pintando cuadros, aunque la exposición se haga porque ya soy mayor. Como me dijo un político: ‘Es mucho mejor que se haga ahora que cuando te hayas muerto’. (Me dieron ganas de asesinarlo allí mismo).

     

    Sintiendo la carne palpitante. Por la calle, va una pareja muy joven, de unos quince años. Vistos de frente, parece que van cogidos por la cintura, pero, desde atrás, te das cuenta de que ambos llevan metida la mano por debajo del pantalón del otro, o sea, que él le va acariciando una nalga a ella, y ella le va acariciando una nalga a él, tan ricamente, y sin tela que la recubra. 

     

    Harta. Una mujer mayor a su marido, por la calle: ‘¿Te quieres ir a la mierda ya y dejarme tranquila esta mañana?’

     

    Se acabó. Ha dejado de llover. Qué pena.

     

     

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