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Enrique Nieto


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  • 18
    Septiembre
    2012

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    Apuntes del Natural: Felicitación callejera

    Felicitación callejera. Los peatones, en gran cantidad, estamos esperando que se ponga el semáforo en verde para cruzar. Una chica joven está hablando por el móvil y dice: ‘¿no me digas que hoy es tu cumpleaños?’ e, inmediatamente, comienza cantar a voz en grito: ‘¡Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz…!’ Todos la miramos y nos miramos sin comprender nada, pero ella como si nada, como si aquel griterío fuese lo más natural del mundo.

    Abierto está. Quería decirles una cosa. Mi blog de este periódico vuelve a tener todo lo que escribo aquí. Por si se les escapa algo y quieren leerlo. Por cierto, si entran, comenten. Da gusto saber lo que piensan ustedes de lo que yo escribo. Aunque sea negativo.

    La gente se organiza. Una mujer a un hombre por la calle. ‘¿Nos tomamos una cerveza ahí en esa terraza?’ ‘Mejor en la de al lado que cobran veinte céntimos menos por caña’, le responde él.

    Hay otras posibilidades. El jueves fui al mercado de La Fama para comprar plantas para mi huerta. Coincidí con la movilización de sindicalistas en coche montando la de Dios es Cristo con el tráfico de esa mañana en Murcia. Había gente verdaderamente cabreada que llegaba a insultarlos, aunque algunos les hicieran gestos de apoyo. Yo no sé si sería más efectivo que se dedicaran a fastidiar a los políticos, responsables a l fin de sus problemas, y dejaran en paz a la gente que va por la calle a sus cosas.

    En marcha. He comprado plantas de brócoli, coliflor, apio, alcachofas y cebolla. Y ya tengo los caballones preparados.

    Era ridículo. Un consejo a la organización de manifestaciones sindicales. El miércoles hicieron una la mar de guapa por las calles de Murcia con más de veinte mil personas que daba gusto verla. Pero había algo que rechinaba. Justo al principio, delante de la pancarta, iba un señor con una bocina cantando canciones reivindicativas que llevaba escritas en unos folios. Ver allí a ese hombre solo, cantando a gritos ‘Resistiré’, mientras que el resto de la gente hablaba de sus cosas y no coreaba nada, resultaba patético. Parecía que estaba dando un recital modelo Julio Iglesias, allí, con su carro de la compra y su altavoz.

    Problemas de marketing. Un amigo chino que tiene un multinegocio en mi barrio me dice: ‘Ahola lesulta que algunos maestlos les dicen a sus alumnos que no complen material escolar a chinos porque lápices tener mala punta y lomperse y gomas no borral. Eso no ser verdad. Material chico muy bueno y mucho más balato que otro’.

    Buena peli. He visto en la tele una película belga la mar de interesante. Se llama Bullhead y creo que no la ha estrenado en España a pesar de tener un montón de premios. Es un thriller pero lo fundamental es que te da una idea del enfrentamiento, del a menudo odio ciego que existe entre muchos miembros de las dos grandes comunidades de Los Países Bajos: flamencos y valones. Como turista, creía conocer bien este país en el que he estado varias veces, pero todo eso que aquí descubres no lo ves cuando visitas Brujas, Gante o Bruselas. Ahora comprendo por qué han estado más de un año sin gobierno por no poder ponerse de acuerdo entre ellos. Si la pillan por ahí, véanla. Les interesará.

    Ya soy romano. La semana que viene comienzan las fiestas de Carthagineses y Romanos en Cartagena. Voy a ir a todos los actos que pueda porque ya soy romano yo también. Me he apuntado a una legión, Triunviros de Cartagonova, que tiene una gente estupenda y con la que me siento muy a gusto. Lo que todavía no he decidido es si me vestiré de romano. Este es un problema que tengo que resolver conmigo mismo delante de un espejo.

    Conductor despistado. Un policía local a un conductor en un cruce: ‘¡Pero, coño, para!. ¿Es que no me has visto con la mano levantada?

    Supongo que proceden de ‘la luna’. Voy por la calle. Hay un joven de raza gitana, perfectamente trajeado a pesar del calor, parado junto a un coche. Se me acerca y me dice levantando el capó: ‘Caballero, mire que ciruelas llevo a un euro el kilo’, mientras ojea a su alrededor por si viene algún agente de la autoridad.

     

     

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