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Enrique Nieto


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  • 13
    Diciembre
    2011

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    Apuntes del Natural: Desconcierto

    Desconcierto. Yo no sé a ustedes, pero a mí esta semana me ha resultado
    desconcertante. Nunca he sabido a qué día estábamos, si era martes o sábado, si era
    fiesta ya o había que esperar al día siguiente. Supongo que esta sensación se ha debido a
    que no me he ido de puente.

    Fascinación. Uno de mis hijos me llama desde Londres: ‘Estamos dando un paseo por
    Picadilly’, me dice, y una envidia corrosiva inunda mis meninges. Es que esa ciudad
    me encanta y en ella hay referentes apasionantes para mí. Por ejemplo, un cuadro, un
    retrato, en la National Gallery, ‘El Dogo’, de Bellini, que me fascina. Cada vez que he
    ido por allí, aunque no haya tenido tiempo para una nueva visita a este museo, siempre
    he entrado, me he dirigido a donde está esa obra y me he pasado un rato mirándola,
    escudriñando detalles, tratando de entender la mirada cruel e inquisitiva del modelo,
    vestido con ricos ropajes que se le despegan, que no son para él, porque él es vulgar y
    mala persona. Tiene cara de asesino.

    Error de interpretación. Por la calle va un grupo muy animado de mujeres de mediana
    edad. Hablan, gritan y ríen. Una de ellas dice: ‘Ay, que se me había olvidado contaros
    una cosa. Ayer, la monitora del gimnasio me dijo que me quitara las bragas’. Una
    serie de comentarios de altísimo tono, por parte las otras, sobre la identidad sexual de
    la monitora, siguen a esta comunicación. ‘Que no, que no, que no era eso. Es que me
    dijo que las llevaba muy apretadas y que no era bueno hacer gimnasia con esas gomas
    oprimiéndome las venas’, dice la primera.

    Barato de verdad. Estuve en Albacete el martes. En todos los bares, (los propietarios
    se han puesto de acuerdo) sentado en la terraza, te sirven una caña y una tapa por 1.50
    euros, y el aperitivo puede ser una cazuela de gazpacho manchego, un pincho de tortilla
    o uno de pan con jamón y tomate, es decir, que con tres aperitivos de esos, comes. Igual
    que aquí, oiga.

    Siempre pagan los mismos. La CAM se ha vendido, bueno, se ha regalado. Ahora, a
    cerrar trescientas oficinas y a echar a un montón de gente a la calle. Y los directivos
    sueltos por ahí, con sus millones. Es absolutamente indignante.

    Humo malo. Estoy en la acera, esperando que se ponga verde el semáforo para cruzar.
    Pasan autobuses y coches acelerando y largando por el tubo de escape cantidades
    ingentes de veneno. Una señora, a mi lado, hace un gesto de desagrado y dice: ‘Tanto
    decirnos que no fumemos, ¿a cuántos cigarrillos equivale una bocanada de ese humo
    que estamos respirando?’

    Saludo amistoso. Un hombre mayor a otro, un vejete con su bastón, con el que se
    encuentra en la calle. ‘¡Hombre, Paco!, ¿cómo estás mariconazo?’

    Casi listo. ¿Recuerdan que les dije que estaba escribiendo un libro? Pues ya lo estoy
    terminando. Ahora voy a mandárselo a un par de amigos, personas de esas que saben de
    literatura, para que lo lean y me contesten a varias preguntas. La primera será: ¿Es esto
    un libro? Si me responden que sí, intentaré publicarlo, aunque buenas están las cosas
    ahora para que un escritor de pueblo intente sacar un libro al mercado.

    Arriba. Cada día paso por delante de una carnicería que tiene la lista de precios en la
    puerta. Ayer vi que han subido el solomillo de ternera 5 euros. Se acerca la Navidad.

    No todos. Salimos con unos amigos a tomar una cerveza. Llegamos a una plaza de
    Murcia y todas las terrazas están absolutamente abarrotadas de gente. ‘Mira, la crisis’,
    le digo a uno de mis acompañantes. ‘No te engañes’, responde, ‘hay mucha gente a la
    que le ha tocado quedarse sin nada, pero también hay muchos otros que están igual o
    mejor que antes’, y comienza a enumerar: políticos, gente de la banca, empresarios que
    han cerrado pero han salvado sus patrimonios, ricos de familia, hijos de papá ricos de
    familia, etc., etc.

    Ventaja. Una mujer a otra en la cola de un puesto del mercado (están hablando de los
    maridos jubilados): ‘Mira, ahora con lo del fútbol todos los días en la tele, por lo menos
    lo tengo entretenido’.

     

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