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Enrique Nieto


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  • 02
    Septiembre
    2014

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    Apuntes del Natural: Desayuno fuerte

    Desayuno fuerte. Son las 10 de la mañana. En la terraza de un bar de Los Alcázares se sienta una pareja de turistas extranjeros, pienso yo que alemanes o austriacos por el acento. El camarero se acerca y les pregunta qué van a tomar. Ella, con grandes dificultades lingüísticas, le dice: ‘Dosss tostadasss de tomato y dosss a-si-á-ti-coss’. Cuando un rato después vuelvo a pasar por delante de su mesa, los veo, y, efectivamente, están bebiéndose los asiáticos en sus típicas copas con muchísimo deleite.

    Avanzamos. El lunes, después de más de tres meses de espera, me van a hacer la resonancia magnética de mi rodilla. Presenté una reclamación escrita en ‘Atención al paciente’, y ha sido atendida. Resulta que se había perdido el papel, Dios sabe cómo. Algún día les contaré a ustedes mi experiencia completa, desde que empezó a dolerme la rodilla y fui al médico, en marzo, hasta que consiga que un traumatólogo me dé un diagnóstico con las correspondientes pruebas en su mano. Y se lo voy a contar para que pasen un buen rato, porque ha sido indignante, pero tan absolutamente surrealista que a veces he tenido que reírme. Por no llorar.

    Decisión. Fui al cine a ver Los guardianes de la galaxia. Está entretenida, pero probablemente ya no iré más a ver ninguna película de este tipo. Estoy de efectos especiales digitales hasta la coronilla.

    Economía. En la playa, les hablo de la película a dos matrimonios jóvenes que veranean juntos y les digo que a sus críos les gustaría verla. Uno de los hombres me responde: ‘Antes de ir al cine hay que pensárselo muy bien. Somos cuatro mayores y cinco pequeños. A 7 euros la entrada de cada uno, son 63, más las palomitas, los refrescos y algo más, nos metemos en 100 pavos rápidamente. Hay que pensarlo, Enrique’, me dice.

    Receta de asado. Una mujer mayor habla por el móvil en la calle: ‘Mira, tu pones en la bandeja del horno una capa de patatas, encima otra capa de cebolla, trozos de tomate y ajo, y esclafas el pescado en todo lo alto. Le echas un poco de aceite, sal, limón y pimienta, y lo metes en el horno’ ‘………..….. ‘. ‘¿Cómo que cómo sabes cuándo está? ¡Pues cuando está hecho, coño!’

    Comodidad pagada. Unos amigos me cuentan que fueron a una cafetería - restaurante. Había un menú para comer de 8 euros y decidieron tomarlo, así que se sentaron en las mesas de la cafetería. Un camarero se les acercó y les dijo que, si querían, podían tomarlo en el comedor del restaurante y que estarían más cómodos. Así lo hicieron, y, después de comer, les trajeron la cuenta. El menú estaba valorado en 10 euros en la nota. Llamaron al camarero y se lo hicieron ver. Entonces este les dijo: ‘Es que en el comedor cuesta dos euros más’.

    Otro asado. El otro día uno de mis hijos había dejado el coche al sol, a mediodía, en Murcia ciudad. Cuando llegó a cogerlo el termómetro marcaba 53 grados dentro del coche. Tengo la foto del marcador de temperatura que me envió, por si tienen ustedes alguna duda.

    Adiós. Ha fallecido Pedro de Haro Guijarro, una persona a la que siempre tuve un gran afecto. Aunque hace tiempo que no nos veíamos, nunca he olvidado las muchísimas horas que pasamos charlando, en la rebotica de su farmacia, y hasta en su laboratorio, mientras que miraba por el microscopio. Era un conversador excepcional.

    Paisaje increíble. Hace años, muchos, el director de la cantera Emilia, una enorme explotación minera a cielo abierto de La Unión, me invitó a un concierto de polifonía en el fondo de la mina, por la noche. Imagínense ustedes ese tremendo agujero en el suelo, rodeado de paredes de piedra escalonadas, la luna en el cielo y los coros cantando. Fue realmente impresionante para el grupo de personas que estábamos allí, no más de cincuenta porque no cabía nadie más. Me gustó tanto el paisaje que pedí permiso para ir a pintarlo y me lo dieron. Allí, del natural, pinté dos cuadros, y uno de ellos está en la casa de Pedro de Haro.

    Tiene la certeza. Un chico de unos quince años habla por el móvil en la calle: ‘Claro, tío, lánzate y métele caña, que esa tía traga. Que estoy seguro, tío.’
     

     

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