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Enrique Nieto


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  • 07
    Diciembre
    2014

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    Apuntes del Natural: Cosas de la edad

    Cosas de la edad. En un bar, un hombre de unos cincuenta años habla con otro: ‘Me ha dicho la Loli que, ya, a pajera abierta, que l’a venío’ la ‘meopausia’’. El otro, sonriendo dice: ‘Qué suerte, tío’.

    Explicación. Es curioso que uno diga ‘meopausia’, y que otro entienda perfectamente el término. Quizás es que, dado de lo que se trata, esta forma de decirlo les parezca más relacionado con lo que quiere expresar.

    Confusión. Fui a la presentación del nuevo poemario de Pedro Alberto Cruz Sánchez, pero no lo presenté yo. Digo esto porque media docena de personas me han preguntado esta semana: ‘¿qué tal la presentación del libro?’ Esto es porque uno de los escritores que actuaron se llama Enrique Nieto (la otra fue la enorme poetisa Dionisia García), y a él lo han confundido a menudo conmigo, y a mí con él. Me contó que, una vez, un amigo le trajo una crítica del periódico ABC de una exposición mía en Madrid, y le dijo: ‘No sabía que, además de escribir y de ser arquitecto, también pintabas’.

    Poemas. El libro es bello. Los poemas, muy sintéticos y cercanos a la prosa, encierran mucho. A menudo, no es fácil acceder a ellos, pero, si los dejas entrar en ti, los meditas y los paladeas, te dan cosas, te motivan sentimientos.

    Bailando con la más fea. El paro, en el último trimestre, ha bajado en España. En Murcia ha subido.

    Luego, tranquilamente. Voy a mi centro de salud. En los asientos, en los que esperamos nuestro turno cinco o seis personas, hay una mujer que habla por el móvil. Lo hace durante más de diez minutos. Como es natural, todos nos enteramos de lo que está diciendo. No es nada importante. Que si fui a yoga ayer y que qué bien me sienta, que si vi a Antonio con su nueva novia, que hay que ver, que por ‘esa’, que no vale na’, se ha dejado a la Paqui, etc. etc. Lo que más llama mi atención, es que después de ese largo rato de no parar de parlotear, al despedirse, dice: ‘Mira, luego te llamo y hablamos tranquilamente, que estoy en el médico’.

    Abuelo. Hablo con el director general de una de las tres empresas más importantes de esta Región. Tiene un nieto del que su mujer y él han de hacerse cargo una parte del día porque los padres trabajan. ‘Nos lo traen a las siete y media, y yo le doy el desayuno. A mediodía, procuro llegar pronto para darle la comida. ¡Es que le gusta que se la dé yo!’, me dice con cara de absoluta felicidad.

    Temporada. No sé si estarán ustedes comiendo mejillones estos días, pero salen buenísimos. Grandes, jugosos y llenos de sabor.

    Engañoso. El sábado por la noche fui con unos amigos a tomar algo. No suelo salir los fines de semana desde hace tiempo, y me llamó mucho la atención ver todas las terrazas del centro de Murcia ciudad abarrotadas de gente cenando. No había una mesa libre por ningún sitio. Aquello parecía una escena de los tiempos anteriores a la crisis. Lo cierto es que, en las ciudades, estamos los que podemos ir a esos sitios a tomar cosas, y los que no pueden ni asomarse. Es cierto que ya casi nadie se gasta un dineral en salidas, pero la escena es engañosa. Te vas de ese centro y la aparente abundancia desaparece.

    ¿De dónde? Dos mujeres hablan en la calle de la corrupción. Salen los nombres de muchos de los imputados de última hora. Están escandalizadas. Una de ellas dice: ‘Madre mía. ¿De dónde habrá salido tanto sinvergüenza?’

    ¿Tenías? Una preciosa niña a mí, al ver una vieja foto que hay en mi casa: ‘Abuelo, ¿es que tú tenías barba?’

    Rencor. El otro día me encontré con un político y me miró como si quisiera asesinarme. Me temo que no le haya gustado algo de lo que he escrito aquí.

    El tiempo pasa. Dentro de ocho semanas será Navidad. ¿Verdad que parece imposible?

     

     

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