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Enrique Nieto


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  • 14
    Enero
    2013

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    Apuntes del natural: Bufandas, bolsas rotas y soledad en la multitud

    Huerta. Las alcachofas van mal. No sé qué demonios les pasa.

    Invitación. Me llama un hijo y me dice que me invita a comer en el campo. Acepto encantado. Minutos después, me manda un mensaje que dice: ‘Somos treinta y uno y tienes que hacer tú el arroz para todos’.

    Problema serio. Un hombre a otro en un bar: ‘Hice la compra en el supermercado y no llevaba bolsa, así que compré una en la caja y lo metí todo, que era bastante. Cuando iba por la calle se me desfondó la bolsa y se me cayó al suelo hasta la última cosa que había comprado. Y allí me tienes que no sabía qué demonios hacer: metiéndome las latas en los bolsillos, cogiendo la fruta y abrazándola contra el cuerpo. Qué desesperación me entró, tío’.

    Voto por él. Me ha parecido muy bien que Iniesta esté en la terna del Balón de oro. Sería estupendo que se lo dieran porque es un jugador buenísimo, porque es español, porque es feo, porque está flaco, porque es humilde, porque es limpio jugando y porque siempre se manifiesta como el muchacho de pueblo que es.

    Impresión. Una mujer mayor, muy escandalizada, a otra más joven, en la calle: ‘¡No me digas que te estás acostando con él! ¿Pero es tu pareja, o algo?’

    Un día es un día. Un hombre muy mayor al carnicero, en el mercado de Verónicas de Murcia: ‘Ponme un par de morcillas que hoy voy a pecar’.

    Lo español a través de Francia. El otro día vi en la tele la ópera La coronación de Popea, de Monteverdi. Una auténtica maravilla de puesta en escena, con cantantes excepcionales y músicos tocando instrumentos de la época en la que se compuso esta obra. Un espectáculo total, una belleza. ¿Y saben ustedes lo curioso? Se trataba de una representación  en el Teatro Real de Madrid, pero yo la veía en una emisora de televisión francesa, el canal Mezzo. ¿Es que la televisión pública española no podía darnos esas cosas para los que nos gustan? ¿No está la Dos para eso? Me cachis en la mar.

    Los primeros. A mí el tal Monteverdi me gusta muchísimo. Hace años, cayó en mis manos un disco de sus ‘Vísperas de la Beata Virgine’ y flipé con él. Entonces empecé a hablarles a mis amigos, que están igual de locos que yo, de aquella maravilla y todos fueron a comprárselo, y, a su vez, se lo dijeron a otros locos. Un día, aparecí por la tienda de discos y el dueño me dijo que la empresa que lo editaba lo había llamado para preguntarle qué demonios pasaba en la Región de Murcia con las ‘Vísperas’ que se habían vendido más que en ningún otro lugar de España. Ya ves tú, la música de un payo que nació a mediados del siglo XVI, en Italia.

    Reacción natural. En mi exposición, hablo con un amigo al que hace meses que no veo. Me pregunta cómo estoy y le comienzo a contar con detalles mi operación de próstata y su asqueroso postoperatorio. De pronto me hace un gesto de miedo y dice: ‘¡Calla por favor, que, según vas hablando, se me va encogiendo la cosa!’.

    Le gustó. Una profesora me dice: ‘Leí tu artículo sobre las nuevas reválidas de la enseñanza y lo que más me gustó fue cuando las llamabas ‘las putas reválidas’. (Esto lo escribo aquí para que mi Directora me siga perdonando el utilizar un léxico tan deslenguado en este periódico).

    Es así. Me llama un amigo que está viviendo en Madrid desde hace unos meses por cuestiones de trabajo, aunque suele venirse los fines de semana que puede. A mi pregunta de cómo le va, me responde: ‘Pues ya sabes tú cómo es esto: la soledad total en medio de mucha gente’.

    Helado. Un hombre a otros dos, en la ventana de una cafetería donde están desayunando: ‘En cuanto salga de aquí me voy a comprarme una bufanda, que tengo frío, coño’.

     

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