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Enrique Nieto


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  • 28
    Septiembre
    2013

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    Apuntes del Natural: Buena fiesta

    Buena fiesta. Estuve en el campamento de las fiestas de Carthagineses y Romanos. Como siempre, disfruté de un ambiente agradable, lleno de buena gente que trata de pasarlo bien y hacérselo pasar bien a los demás. Además, tratan de rememorar la historia de su Ciudad, así que mucha gente que no ha tenido la oportunidad de estudiarla la ve allí, en directo. Así saben que hubo una civilización ibérica, que vinieron los cartagineses y después los romanos, que hubo cruentas batallas, que la conquista de Cartagonova mereció dos coronas, en vez de una, como era habitual. Hay un sentido lúdico, pero también una recreación histórica del máximo interés.

     

    El tiempo pasa. Como me suele suceder cuando voy a Cartagena, donde fui profesor durante veinticuatro años, un antiguo alumno me vio en el campamento y vino a saludarme. Cincuenta y seis años tiene la criatura y es abuelo de un precioso nieto. Y los hay mayores que él. Lo mejor: dijo tener un buen recuerdo de mis clases.

     

    Cansada. Una mujer, vestida de romana, a otra: ‘me voy a quitar ahora mismo el medallón porque pesa muchísimo y estoy ya, de medallón, un poco harta’.

     

    Soy de comer. Cuando uno nace ‘tripero’, o comilón, o tragaldabas, eso no tiene arreglo. Ando con mucho tacto con la comida, no bebo apenas alcohol y trato de cuidarme algo para que la barriguilla no vaya adelante. Bueno, pues estando la otra noche allí, en el local de los ‘Triunviros de Cartagonova’, tomando una cerveza, sin alcohol, con unos amigos, el camarero nos puso delante un plato de callos. Eran las diez y media de la noche. Los miré y dije que yo callos no tomaba. Pero los probé, y seguí, y seguí, y me puse de callos hasta arriba. Estaban muy buenos. Ya les digo: la cosa no tiene arreglo.

     

    Desengaño. Un hombre joven habla por el móvil, en la calle: ‘Nada, tío, que parece que sí, pero luego no traga’.

     

    Más grande la palabra que él. Un niño, de unos nueve años, a otros dos de igual edad: ‘…y, entonces, se me acercó el profesor y se me pusieron los gueeevoooos por corbata’. (Transcribo la fonética de la palabra porque aquello no era ‘huevos’, era una cosa tremenda de gueeevooos’, dicho por un crío imberbe y canijo)

     

    Como el Rosario. ¿Qué me dicen de la toma del aeropuerto de Corvera por las fuerzas armadas y un Director General? La Virgen Santísima, oiga. Y, esa empresa, Sacyr, ¿no es una de las más importantes de España? Supongo que si la tratan así, será porque se lo merece. ¿O no? Vaya panorama, oiga, con el aeropuerto. Esto está acabando como el Rosario de la Aurora.

     

    Cuadros bellos. Les voy a recomendar una exposición. Está en el Museo de Bellas Artes de Murcia y el pintor se llama Emilio Vieites. Es un interesante y joven artista que pinta unos cuadros llenos de color y de bellas texturas. Además, su obra tiene mensajes sociales que lanza al espectador con una gran fuerza. Merece la pena visitarla despacio y disfrutarla.

     

    Vergüenza. Han hecho un estudio sobre la democracia en Europa y han encontrado grandes retrocesos en el sistema. Por ejemplo, en la lucha contra la corrupción en España y en el respeto a las minorías, como está sucediendo con los gitanos en Francia. La verdad es que si lees algo del auto por el que la Justicia considera que no hay que imputar a Rita Barberá y a Camps en el caso Noos, se te caen los palos del sombraje. Si eso es luchar contra la corrupción, que venga Dios y lo vea. Es que, en mi opinión, da vergüenza.

     

    Muchos fumadores. El otro día, estaba sentado en una terraza de un café, y, a la quinta persona que me pidió un cigarrillo le dije que no, y me guardé el paquete en el bolsillo. No crean que todos eran mendigos, también se acercaron a pedir dos chicas muy jóvenes. 

     

    Como siempre. Una mujer a otras dos en una terraza: ‘Pues el restaurante que está enfrente de mi casa, que es de los caros, tiene gente siempre. Yo creo que los que tenían dinero siguen teniéndolo exactamente igual, y se lo gastan en lo que quieren, como han hecho toda la vida. Nosotros somos los que estamos jodidos’.

     

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