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Desde mi picoesquina, blog de Diego Jiménez
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Diego Jiménez García

-Columnista de La Opinión de Murcia. Profesor de Historia jubilado. Interesado en temas sociales. Aficionado al senderismo y al contacto con la Naturaleza.

Sobre este blog de Sociedad

Blog de temática social y ciudadana.


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  • 06
    Junio
    2013

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    SALIR DEL EURO

    http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2013/06/05/salir-euro/474094.html

     

    La gravísima crisis económica que soportamos  ha actualizado en nuestro país el debate sobre nuestra pertenencia a la Europa del euro. Todo comenzó con la firma del Acta de Adhesión de España a las Comunidades Europeas, que entró en vigor el 1 de enero de 1986. A partir de ese momento, se inicia una adecuación de nuestra estructura productiva a los intereses del gran capital dominante en Europa, lo que lleva al desmantelamiento progresivo de parte de nuestro tejido industrial, con reconversiones salvajes en la siderurgia, la construcción naval y la minería, y con sacrificios también evidentes en los sectores agrícola y ganadero. A nuestro país se le asignó el papel de suministrar a Europa productos agropecuarios y ser la reserva de un turismo de sol y playa, lo que evidenciaba nuestra posición de debilidad. Pese a ello, el espíritu crítico respecto a la pertenencia de España a las instituciones europeas ha sido muy tenue, como quedó demostrado con el referéndum para la ratificación del Tratado Constitucional Europeo, celebrado en febrero de 2005. Empero, la gravísima crisis económica que atraviesa el país ha actualizado el debate sobre nuestra adhesión a la moneda única.
    Felipe González firma el tratado de adhesion a la CEEFelipe González firma el tratado de adhesión a la CEE | Foto: antena3.com
    Nuestra situación actual es sumamente complicada: un endeudamiento de cerca de un billón de euros, un paro que, según la OCDE, puede alcanzar el 28% a medio plazo (con seis de cada diez jóvenes en desempleo) y un desmantelamiento gradual de los servicios públicos. Ahora se empieza a ver que no había condiciones para implantar la moneda única entre países tan dispares, si no iba acompañada de una armonización fiscal. Porque está claro que la construcción europea ha ido a ritmo vertiginoso en cuestiones de índole económica y muy lenta en lo político-social. Si repasamos, muy brevemente, la historia de esa construcción, detectamos que ha habido un empeño evidente en consolidar esa Europa del Capital.
    En 1979 se dan pasos hacia la consolidación del Sistema Monetario Europeo, con el ECU como unidad de cuenta. Ello vino acompañado de una inicial reforma fiscal que primaba las rentas del trabajo sobre las del capital. En la década de los ’80, con el impulso del neoliberalismo por Margaret  Thatcher, asistimos a una disminución del papel de los Estados en la regulación de la actividad económica y, además, las élites económicas se aprestaron a poner en marcha la ERT, la superpatronal de las multinacionales europeas. Tras la aprobación del Acta Única en 1986, la creación del Mercado Único en 1993 conduce a una aceleración de las concentraciones empresariales y a una liberalización de servicios y capital, junto a la libre circulación de personas y capitales.
    Posteriormente, el Tratado de Maastricht establece los pasos hacia la moneda única, para lo que era necesario entrar en la senda de los ajustes presupuestarios y la fijación de topes máximos de deuda pública y déficit público. Todo encaminado a llegar al euro a corto plazo. En 1998 se creó el Banco Central Europeo (BCE), institución independiente del poder político. En enero de 1999, empieza a reconocerse al euro en los mercados mundiales. Y en 2001, doce países, entre ellos España, aceptan la moneda única. Con la incorporación al euro, nuestro país perdió un instrumento esencial para competir y mantener un equilibrio razonable de los intercambios económicos con el exterior, como era el control y manejo del  tipo de cambio con respecto al resto de las monedas. Además, hubo una cesión de soberanía al BCE en cuanto a la aplicación de una política monetaria propia. La rigidez absoluta que impuso el euro nos llevó, a lo largo de la década del año 2000, a un déficit exterior acumulado de casi 700 mil millones de euros, que hubo de financiarse endeudándose con el exterior, y a un incremento exponencial de la deuda privada, en manos de familias, empresas y bancos. A partir de 2008, con el estallido de la burbuja inmobiliaria, la situación se agravó, al no poder hacer frente el país a los acreedores extranjeros. El sector público, además, se resintió por la caída de ingresos.
    Y en ésas estamos. La pérdida de competitividad de la economía española ha servido de excusa para aplicar a rajatabla las recetas neoliberales y se ha tratado de compensar con el llamado ajuste interno. Al no poder competir por la vía de las exportaciones, se intenta hacerlo por el camino más fácil: la disminución de los salarios y una legislación tendente a facilitar los despidos. Con ello se pretende abaratar los precios de las mercancías y servicios españoles, desde el momento en que la vía de la devaluación de la moneda está cegada por el euro. Si a ello le añadimos los brutales recortes que se están dando en servicios públicos esenciales (Sanidad, Educación, la Dependencia…), está claro que las imposiciones de la Troika (Bruselas, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) han anulado en nuestro país todo atisbo de soberanía. Hay en marcha una campaña por la salida de España del euro. A la vista de tanta desventaja acumulada, creo que es la mejor opción.

     

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