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Diego Jiménez García

-Columnista de La Opinión de Murcia. Profesor de Historia jubilado. Interesado en temas sociales. Aficionado al senderismo y al contacto con la Naturaleza.

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Blog de temática social y ciudadana.


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  • 06
    Enero
    2016

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    SOCIEDAD Murcia

    La pelota, en el tejado del PSOE

    Tras el 20D, los dos principales partidos que han venido sustentando el régimen del 78 han sufrido un serio varapalo en las urnas, lo que ha conducido a una fragmentación del Parlamento que ha de constituirse el próximo día 13, una situación nueva en nuestra corta etapa democrática. Como es sabido, los artífices de la Transición diseñaron una ley electoral pensada tanto para dar cabida a las formaciones nacionalistas, como para alejar de la Cámara baja a los grupos minoritarios. Pero la irrupción de los partidos emergentes en esta última contienda electoral ha producido una cierta distorsión en ese esquema, diseñado para preservar intactos los privilegios de los de siempre. 

    Confieso que, según iba conociendo los avances de resultados de la noche electoral, albergué cierta esperanza de que, por fin, fuera posible un Gobierno de izquierdas, tras la aciaga y ominosa presencia de Mariano Rajoy en el Ejecutivo. Pero la pelota estaba y sigue estando en el tejado del PSOE. Y no parece que tenga demasiada prisa en que baje de ahí para proseguir el juego. Empecé a intuir que este partido se desviaba del deseo expresado por un 21% de españoles (un Gobierno PSOE-Podemos-IU, con el apoyo de algunas formaciones nacionalistas) en una encuesta del CIS del pasado mes de julio, cuando, en la misma noche electoral, las declaraciones de Pedro Sánchez de intentar caminar en esa dirección fueron fulminantemente silenciadas por la inmediata intervención de los barones territoriales. A partir de ahí, la guerra se ha declarado en Ferraz. El anuncio, por parte de la dirección federal, del aplazamiento del congreso, previsto para el próximo mes de febrero, fue su detonante. La posibilidad, además, de que se repitan las elecciones ha acelerado los planes de quienes desean poner fin al mandato del actual secretario general socialista. Por si eso fuera poco, el pacto que Pedro Sánchez alcanzó con los barones territoriales limita su posibilidad de sentarse a negociar con quienes, como Podemos e IU, plantean abiertamente un referéndum en Cataluña. 

    Con este telón de fondo, con un partido, el PSOE, que es determinante en todas las combinaciones posibles para formar Gobierno, pero cuyo secretario general está maniatado por quienes, comoSusana Díaz, parece que sólo aspiran al poder a toda costa, ¿qué escenarios podríamos encontrarnos? Está claro que el PSOE, en una primera opción, está obligado a votar en contra en una posible investidura de Rajoy. Pero no está tan claro que esa fuera su postura en una segunda votación. En ese contexto, un eventual pacto de las fuerzas de izquierda para invalidar el deseo de Rajoy de permanecer en La Moncloa estaría condicionado por la tormenta que ha estallado en Ferraz. Un sector del PSOE, preso del vértigo de un viraje hacia la izquierda, propugna la celebración del congreso, en las fechas previstas (febrero), una nueva cara (¿Susana?) y... las manos libres para pactar. ¿Qué cosas? En materia económica, todo parece que seguiría igual (por las presiones de las empresas del Ibex 35, de Angela Merkel y de las instituciones comunitarias); se anunciarían leves retoques en la Constitución y en el modelo institucional para hacer frente al desafío soberanista en Cataluña, y a formar Gobierno. ¿Cuál? Un tripartito PP, PSOE y Ciudadanos. 

    Es indudable que la crisis interna del PSOE ha hecho emerger a la superficie una especial sintonía de este partido con muchas propuestas de la derecha. El mismo Rajoy, tras reunirse con los líderes de los principales partidos, dijo coincidir con Pedro Sánchez y Albert Rivera en temas tales como la manida unidad de España, las políticas económicas, el papel de España en la UE y la lucha contra el terrorismo. Está claro que, de darse este supuesto, el PSOE perdería muchos apoyos entre sus votantes y se enemistaría con sus bases, pero la presión de los poderes fácticos aleja a este partido de veleidades izquierdistas. En ese sentido, tengo para mí que las líneas rojas que han trazado los dirigentes territoriales del PSOE, y que hacen bastante inviable un proceso negociador para la configuración de un Gobierno de izquierdas (esto es, la unidad de España y, consecuentemente, su negativa al referéndum de Cataluña situación que podría salvarse mediante la negociación), no son sino un pretexto para seguir anclados en el inmovilismo, en las viejas prácticas y en la vieja política. Porque, pese a su clara debacle electoral, el PSOE está en disposición de acordar un Gobierno con Podemos, IU y algunos grupos nacionalistas, que de inmediato debería abordar un plan de choque contra la desigualdad y la pobreza, con una política de intervencionismo estatal en sectores claves de la economía, conformar, mediante la reforma constitucional, un nuevo marco de convivencia y, en sintonía con los países del sur de Europa (Italia, Grecia, Portugal y Francia), hacer frente a las políticas neoliberales impuestas por la Troika y el FMI, lo que abriría el camino a un nuevo diseño de la Unión Europea. 

    Es el deseo de muchos votantes de izquierdas, como expresé arriba. El PSOE y la izquierda no deben desaprovechar esta oportunidad.


     

     

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