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Diego Jiménez García

-Columnista de La Opinión de Murcia. Profesor de Historia jubilado. Interesado en temas sociales. Aficionado al senderismo y al contacto con la Naturaleza.

Sobre este blog de Sociedad

Blog de temática social y ciudadana.


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  • 23
    Enero
    2013

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    Contra la resignación, rebeldía

     

     Diego Jiménez

    Es claramente perceptible en la población europea, también en la española, un alto nivel de indignación. En nuestro país, está siendo directamente proporcional –más bien diría que en una progresión geométrica creciente- al grado de engaño y manipulación al que quieren tenernos permanentemente sometidos. Y motivos hay. Abundantes y también crecientes.
    Ahora resulta que, una vez que las agencias de calificación de riesgo de la deuda (Moody’s, Standard&Poors y Fitch, entre ellas) han manipulado a su antojo, destrozando con sus agoreras previsiones las economías de Occidente y empobreciendo a millones de personas, nos anuncian que van a ser reguladas por el Parlamento Europeo. ¿Y por qué no se hizo antes? Ítem más. Uno de los máximos responsables también de la condena a la pobreza y desesperación de millones de familias en todo el mundo, el Fondo Monetario Internacional (FMI), afirmó hace unos días que quizás las políticas de ajuste aplicadas en algunos países europeos, entre ellos España, han sido excesivas y han propiciado el estancamiento económico. Precisamente el FMI, responsable de la imposición de todas las políticas de ajuste estructural  habidas y por haber en el mundo, viene ahora con esas recomendaciones que suponen un atentado a la inteligencia. ¿Cabe mayor dosis de cinismo?
    Charles Robertson, de Renaissance Capital, en un artículo publicado en elconfidencial.com predice que España saldrá del euro en 2014 por la imposibilidad de crear empleo, por lo que necesita la devaluación para que nuestra economía sea  competitiva y crezca, como en los años 80, cuando con un paro del 20% la devaluación de la peseta estimuló la creación de puestos de trabajo. Afirma, además, que su tesis dista mucho del momento de complacencia que viven los mercados y especialmente España, alimentado por algún dato positivo, como el desplome de los costes de financiación y la pérdida de fuerza de la petición de rescate. Robertson rastrea precedentes similares a su tesis de la salida del euro de España en el abandono del patrón oro por parte de EE UU y Reino Unido, al inicio de los años 30 del pasado siglo, a consecuencia de la crisis sobrevenida al crack de Wall Street. Y afirma que, ante los negativos efectos de los recortes sociales y laborales en España, se va a poner a prueba la fortaleza y resistencia de los españoles como nunca antes en la historia se ha hecho con una sociedad.
    Tras oír esas previsiones, se entienden mejor, aunque muchos no compartimos, las apelaciones de Mariano Rajoy a soportar ciertas dosis de sufrimiento y paciencia ante un año 2013 particularmente difícil. Pero, antes al contrario, Robertson pronostica que, puesto que los españoles van a llegar a 2014 sin ninguna perspectiva de mejora, constatarán que Mariano Rajoy les ha fallado y la gente tomará las calles para exigir el cambio. “Aun si el Partido Popular aguantara hasta las elecciones de diciembre de 2015”, afirma, “es difícil que el electorado tenga paciencia y si bien en estos momentos no hay alternativa política tampoco nadie en Grecia había oído hablar de Alexis Tsipras antes de mayo de 2012, y en junio era uno de los candidatos plausibles a primer ministro”. (Con esta última reflexión, indudablemente se está refiriendo indirectamente al notable  ascenso electoral de IU, cuyo techo es difícil predecir hoy por hoy).
     
    Es evidente, creo, que entre la población española cunde en estos momentos la resignación. Pero los poderes públicos son conscientes de que, en cualquier momento –como afirma Robertson- la gente puede pasar de la pasividad a la acción. No de otro modo, pues, hay que entender el proyecto de reforma del Código Penal impulsado por el ministro de Justicia, Ruiz Gallardón, en cuyo texto, además de las modificaciones más llamativas, como la denominada prisión permanente revisable y la custodia de seguridad –cuestionadas por el informe del CGPJ-, aparecen temas tan sangrantes como la penalización de: la rebeldía ciudadana, la disidencia, la incitación a manifestaciones, la resistencia pasiva… Se trata, en definitiva, de anticiparse a lo que pueda venir de la calle e inculcar en la población el miedo. Así como en el ámbito del trabajo ese miedo viene determinado por una reforma laboral que trata de anular la capacidad de respuesta de las capas asalariadas, en lo social, se intenta que el temor a las represalias judiciales sea un elemento paralizante que anule la contestación ciudadana.
    Pero no están los tiempos para recluirnos en los cuarteles de invierno. Precisamente porque la situación económica, social y política es particularmente grave, contra la resignación procede responder con las adecuadas dosis de rebeldía. Sería bueno darle la razón, en este tema, a Robertson.

     

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