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Blog Desde mi Atalaya - Jesús Norberto Galindo Sánchez

Jesús Norberto Galindo Sánchez

Miembro de honor de la Asociación de Directivos de Empresas Turísticas de España, durante una parte de su vida profesional ha estado vinculado a la gestión y asistencia técnica de organizaciones y actividades turísticas, tanto en la empresa privada como en el sector público. Corresponsal de prensa d...

Sobre este blog de Murcia

La temática de aquellos artículos, reflexiones o ensayos que se van a difundir en este blog están referidos a acontecimientos puntuales relacionados con la actualidad de tipo social, político o profesional y no pretenden guardar ningún tipo de hilo conductor ni temático, en concreto, entre ellos, má...


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  • 16
    Noviembre
    2017

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    Murcia

    Una dosis de autoestima

    La todavía encrespada situación motivada por la crisis en Cataluña ha posicionado a la sociedad en dos frentes. Por una parte están los que defienden sus pretensiones independentistas; los cuales tiene unas firmes convicciones que, dicho sea de paso, son totalmente  legítimas (otra cosa son los medios que se utilicen para conseguirlas); y por la otra nos encontramos a aquellos que no aprueban la secesión y defienden el orden constitucional, aunque no se identifiquen con algunas de las medidas que se hayan podido utilizar para salvaguardar la legitimidad.Una dosis de autoestima

    En el primero de los casos, los partidarios del secesionismo conforman un bloque bastante monolítico y muy cohesionado en sus manifestaciones y en los pronunciamientos en los que están participando,  donde el fin justifica los medios y la consecución de la tan anhelada independencia les hace defender, justificar y hasta practicar la vulneración de la legalidad vigente. Los acontecimientos del 6 y 7 de septiembre en el “parlament” y las innumerables violaciones de cuantos preceptos, normas y Leyes se han producido son una muestra palpable de lo expuesto.  En el segundo supuesto, aun teniendo claro su desacuerdo con la consecución del proceso separatista, sin embargo hay un sector que no está de acuerdo con la aplicación de determinados métodos o procedimientos que se están utilizando para llegar a conseguir la restitución de la legalidad y de la convivencia social en Cataluña. Así, por ejemplo, hemos podido comprobar las distintas opiniones surgidas con motivo de la encarcelación (por parte de la Audiencia Nacional) de algunos exconsejeros de la Generalidad y lo que algunos tachan como de un trato diferencial, en el caso de aquellos encausados por el Tribunal Supremo,  donde todos han salido libres con fianza.

    Los que tenemos el privilegio de escribir lo que pensamos, en demasiadas ocasiones  nos metemos en camisas de once varas y nos ponemos a analizar cualquier tipo de situación, conducta o actuación, por complicada que esta sea y aunque no dominemos la materia de la que se trate. Enjuiciar y criticar el Auto de un Magistrado, por más que esté legítimamente permitido, es –en algunos casos- un acto de osadía, cuando en la mayoría de las ocasiones no se conoce ni la totalidad del texto, ni los fundamentos de derecho en los que se ha basado, y tan solo nos ponemos a objetar sobre la resolución final; y si esta no nos gusta somos capaces, sin el más mínimo conocimiento jurídico, de cuestionarlo y de ofrecer alternativas en un tema tan riguroso como delicado.

    Volviendo a los procesos judiciales abiertos como consecuencia de la declaración unilateral de independencia, nos encontramos con dos posturas muy distintas a la hora de valorar las resoluciones judiciales: por una parte están todos aquellos defensores a ultranza de la secesión de Cataluña que critican abiertamente, y sin ningún tipo de duda, no solo las medidas preventivas acordadas, sino la mera imputación de aquellos instigadores y organizadores, miembros del gobierno catalán, presidentes de organizaciones instrumentales y mesa del parlamento. Desde este  sector se ha acuñado el término “presos políticos” para favorecer la propaganda y el adoctrinamiento en el que persisten y del que, hasta ahora, han sacado un buen rédito al contaminar de forma descarada y reiterada a un buen número de la sociedad catalana inmersa en una burbuja, plagada de fantasía, de la que no saben cómo salir.

    Por otra parte está el resto de la sociedad que no es independentista. En esta parte de la ciudadanía,  que está en contra del “procés”, no obstante conviven distintas sensibilidades a la hora de analizar estas resoluciones. Aquí, junto a los más vehementes defensores de la utilización de la “mano dura”, nos encontramos a quienes –estando de acuerdo con el fondo- discrepan de las medidas preventivas (encarcelamiento), que las tachan de desproporcionadas, o aquellos otros que critican la capacidad de los jueces y su mayor o menor inclinación hacia una cierta ideología. Por no obviar a aquellos otros que se permiten analizar y opinar sobre la idoneidad de las penas imputadas en primera instancia, cuando estas son meramente orientativas, ya que es en el desarrollo de la causa donde se produce la petición formal de las mismas. Así pues lo mires desde el lado que lo mires la justicia, en este caso, se está llevando los palos desde la mayor parte del tendido, eso sí, cada uno con su criterio y por afinidades totalmente contrapuestas.

    No creo que, a estas alturas, nadie se permita dudar (salvo los independentistas radicales) de la gravedad de los hechos que se están enjuiciando y del serio problema que ha acarreado a todo el país, del que nos vamos a resentir durante mucho tiempo. Aunque estoy totalmente de acuerdo que el problema de Cataluña se tiene que solucionar políticamente y que para eso todas las constituciones permiten su modificación, lo que no es justificable es que los delitos que se han cometido se puedan saldar con meras declaraciones de intenciones. Aquí se han vulnerado unas leyes y las consecuencias que ello acarrea hay que aplicarlas, con proporcionalidad, pero con rigor. Dejemos a los profesionales de la justicia que hagan su trabajo. Nuestro sistema judicial es la mejor garantía de objetividad que precisa España en estos momentos. En muchos sectores de nuestra sociedad continúa habiendo un cierto temor a proyectar una imagen retrógrada de España, sobre todo ahora, en un momento en el que los radicales están utilizando las consabidas consignas en torno al fantasma del “franquismo”.

    Nos haría falta alguna dosis de autoestima que nos induzca a creer más y mejor en nuestro país, en su solidez y en nuestras instituciones. España es un Estado de Derecho totalmente reconocido a nivel internacional que no tiene que examinarse todos los días para demostrarlo. Nos hemos ganado a pulso, durante casi cuarenta años, ese privilegio. La división de poderes es una realidad, por más que algunos se empeñen en desmentirlo, y los procedimientos judiciales son de los más garantistas de la UE, existiendo todo tipo de recursos, en instancias superiores, que permiten al sujeto investigado llegar hasta los tribunales internacionales si hubiera necesidad de ello. Me da pena ver a algunos de nuestros representantes políticos tener que salir al extranjero a explicar la situación real de España, como si tuviéramos que pedir perdón por algo que han hecho otros. Pero todavía me avergüenzo más de ver a esos otros ciudadanos que, aprovechándose de esa libertad que ellos mismos niegan que exista, están tratando de difundir una imagen totalmente distorsionada que les permita continuar su campaña de acoso y derribo a la estructura institucional de nuestro país.

    Menos mal que muchos ya se han dado cuenta y esto ya no cuela.  Pero estén atentos a la pantalla, porque aquellos continúan con su estrategia, preparando una segunda versión edulcorada pero con la misma dosis de neoindependentina, y sino al tiempo.

    Jesús Norberto Galindo // Jesusn.galindo@hotmail.com

     

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