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Miembro de honor de la Asociación de Directivos de Empresas Turísticas de España, durante una parte de su vida profesional ha estado vinculado a la gestión y asistencia técnica de organizaciones y actividades turísticas, tanto en la empresa privada como en el sector público. Corresponsal de prensa d...

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La temática de aquellos artículos, reflexiones o ensayos que se van a difundir en este blog están referidos a acontecimientos puntuales relacionados con la actualidad de tipo social, político o profesional y no pretenden guardar ningún tipo de hilo conductor ni temático, en concreto, entre ellos, má...


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  • 28
    Febrero
    2018

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    Murcia

    Las dos caras

    En estos últimos días una cara conocida, pero quizá algo olvidada, de la política catalana ha vuelto a aparecer en los medios de comunicación, y la verdad he de confesar que me ha costado trabajo reconocerla. Se trata de Ana Gabriel, militante destacada de las CUP, y que fue diputada en el Parlament catalán, en la malograda legislatura pasada. Todos la recordábamos con su uniforme de progresista revolucionaria, un peinado que más bien no lo era y todo ello incardinado en una imagen que, a pesar de la radicalidad que destilaba y su permanente postura antisistema, hasta me caía bien. Ahora, sin embargo, se nos presenta con un nuevo look que más parece el de una niña pija, más acorde con el entorno social en el que ha decidido, al parecer, pasar los próximos años. En Suiza y alejada de su entorno: “he dejado mis amigos, mi trabajo y mi familia”, se prepara a dar un “gran giro a su vida”, y manifiesta “…sé que ya no podré volver a España en mucho tiempo”.Las dos caras

    Lo cierto, y lo digo sin chanza alguna, es que los militantes de las CUP a nadie han engañado al defender sus planteamientos. Nos podrían gustar más o menos, y podremos no estar de acuerdo con los métodos y procedimientos que defiende su formación política, pero es de agradecer la firmeza y la coherencia en la defensa de sus postulados y, sobre todo, que no engañaran a nadie; y no como otros que tienen un doble discurso según sea el lugar donde pronunciarlo: ante sus correligionarios apelan a la ruptura y a la radicalización, exacerbando a sus huestes en los momentos críticos, y llegado el caso, ante las instancias administrativas y judiciales, pliegan velas asegurando poco menos que estaban jugando al Monopoli y que todo era simbólico.

    Pues bien, la cara de Ana Gabriel (no me malinterpreten) ha vuelto a aparecer en el top ten de los medios de comunicación y en esta ocasión ha sido para darnos la primicia de su exilio voluntario en la bella Suiza. Unas vacaciones para las que esta antisistema, líder del anticapitalismo más radical, ha elegido pasarlas nada menos que en la cuna del capitalismo en Europa. Aquí, he de reconocer, se me han roto todos los esquemas y la coherencia a la que antes aludía, como elemento diferenciador con respecto a otros partidos y formaciones políticas, se ha hecho añicos. La ex-diputada se podría decir que ha ingresado en el Club de los políticos de casta, pero también de “pasta”; porque ya me dirán Vds. si la mayoría de los mortales que vivimos en este País nos podemos permitir irnos a Suiza, así sin más, salvo que tengamos un soporte y un aporte que nos permitan sufragar los mínimos vitales precisos para subsistir en la capital más cara de Europa.

    Ana Gabriel no ha sido imputada de momento.  El Tribunal Supremo le comunicó que estaba siendo investigada, pero no la había privado de ninguno de sus derechos civiles y ciudadanos.  Más bien al contrario, ha disfrutado de total libertad desde que se produjo esa notificación, lo que le ha permitido viajar a Suiza y permanecer allí algo más de un mes. Es una más de las pruebas que corroboran el sentido garantista de nuestro sistema de justicia. No ha existido ningún tipo de persecución ni de acoso, más bien al contrario, la simple información recibida sobre su investigación le ha propiciado poner pies en polvorosa sin que nadie haya intentado evitarlo. Ahora, el Juez la ha llamado para interrogarla y ella, dando por hecho que la iban a imputar, ha manifestado a una cadena televisiva helvética "…no he hecho nada contra la ley. He defendido el referéndum sobre la independencia, efectivamente, en intervenciones parlamentarias o en entrevistas, pero jamás he recurrido a la violencia".  ¿Por qué no le dice eso mismo al Juez?

    Curiosamente su compañera de partido, Mireia Boya, hace pocos días pasaba por el mismo trance, al haber sido citada igualmente por el Juez Llarena y, sin embargo, y a pesar de haberse reafirmado ante el Magistrado en sus convicciones independentistas, salió sin ningún cargo ni medida cautelar. Mientras tanto Ana Gabriel, a través del diario suizo Le Temps,manifestaba estar“convencida de que España no le garantiza un juicio justo y que la prensa y el Gobierno ya la han condenado”. Curiosa afirmación. ¿Por qué ella piensa que va a ser así?, ¿acaso tiene mala conciencia? Yo más bien opino que esto es una estrategia que está dirigida a “internacionalizar el conflicto”, y para ello ha intentado emular a su paisano Puigdemont, practicando una huida disfrazada de exilio, esgrimiendo diferentes mensajes con ataques y diatribas en contra de España, para lo que debe haber contado –entre otros muchos consejos- con el de un asesor de imagen que le hafabricado un nuevo estilo totalmente diferente al que nos tenía acostumbrados en su anterior etapa política.

    En la referida entrevista televisiva hecha en Suiza, la nueva “exiliada” ha abandonado los tonos oscuros y las camisetas con eslóganes reivindicativos para dar paso a los jerséis de punto. Sin embargo, el verdadero cambio sustancial reside en su nuevo corte de pelo: abandona su famoso flequillo y el cabello recogido en una coleta, que estaban considerados como su sello de identidad personal, y se muestra como un icono totalmente diferente y apartado del look antisistema que le era habitual.

    Ana Gabriel debe conocer que los ciudadanos de Ginebra, y en general la sociedad alpina, tienen un estatus basado en ciertas apariencias formalistas, y por eso se ha dispuesto a ponerse a tono con los usos y costumbres de su nueva patria de acogida en la que tendrá que convencer a sus flamantes paisanos para que le presten, al menos, alguna atención y pueda rentabilizar la inversión que le va a suponer. Y para eso nada mejor que parecerse a ellos, aunque solo sea en esas apariencias. Es decir que es una cuestión de imagen, pero que no deja de sorprendernos, pues choca con los postulados que ella ha defendido hasta ahora, más proclives a una concepción informal y rupturista y totalmente en contra de los convencionalismos y comportamientos tradicionales de la sociedad en la que vivimos.

    Un comportamiento que confirma la debilidad de ciertos axiomas y que pone en evidencia las dos caras con las que muchos de nuestros políticos se retratan a diario. Actitudes como esta no cabe duda que se podrían encuadrar en el ideario del genial humorista Groucho Marx, cuando dijo aquella lapidaria frase: “Estos son mis principios, pero si no les gustan, tengo otros”.

    Pues eso.

    Jesús Norberto Galindo // Jesusn.galindo@hotmail.com

     

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