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Miembro de honor de la Asociación de Directivos de Empresas Turísticas de España, durante una parte de su vida profesional ha estado vinculado a la gestión y asistencia técnica de organizaciones y actividades turísticas, tanto en la empresa privada como en el sector público. Corresponsal de prensa d...

Sobre este blog de Murcia

La temática de aquellos artículos, reflexiones o ensayos que se van a difundir en este blog están referidos a acontecimientos puntuales relacionados con la actualidad de tipo social, político o profesional y no pretenden guardar ningún tipo de hilo conductor ni temático, en concreto, entre ellos, má...


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  • 17
    Agosto
    2017

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    Murcia

    Juana Rivas no está en mi casa

    La verdad es que me había prometido no fastidiarles las vacaciones, y para eso había decidido no escribir en estas fechas tan inoportunas, obligándoles a Vds. a utilizar las neuronas en unos momentos en que las altas temperaturas que estamos soportando nos invitan más a buscar una sombra, tomarse un cerveza bien fría y acostarse a dormir la siesta. Pero seguramente ese caloret me ha revolucionado las mías y no me van a dejar tranquilo hasta que termine de escribir este, mi artículo veraniego, que lo voy a dedicar a analizar un “acontecimiento” sociológico como el que a continuación expongo.

    Desde mediados de julio no hay día en el que no nos desayunemos con alguna noticia relacionada con el culebrón veraniego que se ha montado, en un pueblo  de Granada, con la señora doña Juana Rivas y su decisión de llevarse a sus hijos, huir y esconderse de la justicia.

    Hagamos un rápido repaso de los acontecimientos para situarnos en el meollo de la cuestión.Juana Rivas no está en mi casa

    Esta historia empezó en Londres en 2004. Juana Rivas estaba en la capital del Reino Unido para aprender inglés, y es allí donde conoce a Francesco Arcuri, quien llevaba más de una década en Londres, donde regentaba un restaurante. Se conocen, se enamoran y ella se queda embarazada. Su primer hijo nace en Granada, en 2006, y ya entonces el matrimonio barajaba la idea de mudarse a un pueblo de Italia (Carloforte) y allí gestionar una casa rural. En el año 2009, y tras una denuncia de Juana, Francesco es condenado por maltrato, a la pena de tres meses y a 15 meses de alejamiento. De común acuerdo se saltan la orden de alejamiento y a los dos meses ya estaban viviendo juntos otra vez. Visitaron Londres con el niño, y  también viajaron a Suiza con la familia de Rivas. Después ya sí se separaron y ambos llegaron a tener otras parejas. Francesco vivía en Italia y viajaba a menudo a Granada, donde se veía de forma normal con Juana y con su hijo, y en junio de 2013 volvieron a juntarse y se fueron a vivir a Italia, donde regentaron una casa rural. Juana se quedó de nuevo embarazada de Arcuri y volvió a Granada a tener a su segundo hijo. En 2016, y mientras Juana Rivas estaba haciendo un curso on-line, conoció a un ciudadano español, quien (al parecer, y según sus propias declaraciones) se convierte en un buen amigo al que ella confía sus sentimientos, y es en mayo de 2016 cuando Juana y sus dos hijos, de común acuerdo con Francesco, marchan a España para pasar el verano y ver a su familia.

    Aquí se inicia la última etapa, y la más conocida, de este culebrón: La madre, aconsejada por el compañero de estudios al que conoció por Internet, a los dos meses de su llegada a España pone una denuncia en los juzgados de Granada. Decide no volver con su marido y se queda en España con sus dos hijos. A continuación se suceden una serie de denuncias, por ambas partes, culminando estas en una serie de resoluciones y sentencias del juzgado de Primera Instancia y de la Audiencia de Granada por el que decretan la devolución inmediata de los niños al padre, además de una Orden italiana.Actualmente Juana Rivas está en busca y captura desde el pasado 8 de agosto, tras eludir una orden judicial de entregarlos al padre, Francesco Arcuri, quien tiene la custodia provisional de los menores. Hay que aclarar que los juzgados de Granada archivan la denuncia de Juana por falta de jurisdicción: es decir, como los hechos han ocurrido en Italia la denuncia no puede prosperar en España, por lo que procede remitirla a la jurisdicción italiana. A esto habría que añadir que cuando estoy escribiendo este artículo acaba de hacerse pública la decisión del Tribunal Constitucional, al que Juana había pedido amparo, y por la que este se lo ha denegado, aduciendo “extemporaneidad”.

    A partir de este momento se desata el circo mediático. Estimulado por la falta de noticias habitual de un periodo vacacional, y auspiciado por un fuerte grupo de comunicación, la noticia –de inmediato- hace mella en la sociedad, cansada de ver tanta serie de televisión repuesta y harta de escuchar ese otro serial, más conocido por el sobrenombre de “pasión de catalanes”, salta a las primeras páginas de los medios informativos, abriendo –incluso- telediarios y con programas especiales al efecto.

    Lo más relevante, una vez más, es la alarma social que ha provocado este caso en la ciudadanía. De nuevo hemos vuelto a ver las “manifestaciones” con pancartas de apoyo y los desocupados que siempre aprovechan este tipo de situaciones para hacerse notar y aprovecharse del rio revuelto; eso sí, acompañados de algunas buenas personas que, de buena fe, apoyan este tipo de causas (muchas desde el desconocimiento) pero con la sinceridad que les aporta su vinculación más o menos afectiva o los lazos familiares, mientras a rebufo de esta situación, aparecen individuos que utilizan los sentimientos legítimos que algunos defienden y los tergiversan, amañándolos y adaptándolos a circunstancias que nada tienen que ver con la realidad, aprovechándose del desconocimiento que, en la mayoría de los casos, se tiene –tanto a nivel informativo como jurídico- sobre los entresijos de este tipo de causas.

    Se dice que es una aberración entregar los niños a un maltratador que ha sido condenado. Efectivamente fue condenado a tres meses de prisión; condena que ya quedó saldada y cuyo delito redimió mediante la pena impuesta. Y yo me pregunto: ¿Dónde está la rehabilitación del condenado? ¿Es que una vez le condenen a uno ya es para toda la vida? ¿Entonces de que vale la redención de las penas?. En ningún momento aparece en la sentencia ninguna vinculación de esta con el maltrato a los menores. No ha habido ninguna denuncia al respecto, ni informaciones procedentes de vecinos, docentes, familiares y ciudadanos en general, en la que se manifieste este tipo de denuncia, salvo la que se hace últimamente en Granada, en 2016, cuando la madre ya ha decidido quedarse con los niños. En los informes procedentes de las actuaciones judiciales que se han seguido, constan diversos exámenes sicológicos hechos a los menores para analizar su situación –en el proceso de separación de la pareja- y de ninguno de ellos se deriva ninguna circunstancia que haya implicado riesgo alguno para ellos.

    Con todo esto y mucho más que se podría estar contando sobre este peliculón, en ningún momento pretendo defender una postura ni otra, ni manifestarme a favor de las pretensiones del padre, como algunos se podrían imaginar. En absoluto; lo único que intento es desdramatizar el hecho y sacarlo del circo mediático en el que está sumido. Dejemos a la justicia que actúe y confiemos en ella.  Ya sé que algunos ya han dictado sentencia, y eso es lo que precisamente yo no voy a hacer.  No tenemos todos los ingredientes como para juzgar lo que los jueces profesionales no han podido hacer, con mucha más información de la que nosotros disponemos. Les pido a los medios de comunicación y a algunos de los tertulianos, que no se han ido de vacaciones, que se relajen y sean más serios y objetivos. Es muy fácil hacer mella en la opinión pública con este tipo de parodias. Y a algunos de los profesionales que están aconsejando a Juana les pediría un poquito de más profesionalidad. Parece que estén utilizando los sentimientos para beneficio propio, sin darse cuenta del daño que están haciendo a su representada y, sobre todo, a los niños a los que pretenden proteger. No hay más que ver la cantidad de errores judiciales que han cometido (el auto del Tribunal Constitucional es demoledor en ese sentido), y a los que han expuesto a sus clientes, solo y exclusivamente por el hecho de salir en la foto y darse un poco de lustre.

    Mi conclusión es, por tanto, que dejemos de prejuzgar y que permitamos que la justicia se pronuncie. Si el caso se tiene que juzgar en Italia, porque así lo marca la jurisprudencia, pues que se haga; y que salga la sentencia que salga, que se acate; y si no nos gusta, la apelamos, y se llega hasta donde sea necesario, pero dentro de un orden y de un estado de derecho que es en el que nos encontramos, y sin hacer valoraciones ni tomarnos la justicia por nuestra mano. Las instancias administrativas y judiciales que han intervenido hasta ahora en este proceso no han encontrado indicios de peligro para los niños. Las informaciones que se facilitan desde los medios de comunicación son contradictorias, según sea la fuente de donde procedan. Estoy seguro que esos mismos profesionales que asesoran a Juana están suficientemente capacitados para interponer cuantas iniciativas sean precisas para llegar a donde sea necesario con tal de conseguir sus legítimos propósitos, pero dentro de la legalidad y del respeto al orden y el derecho establecidos; y aconsejarle (como he escuchado a alguno) que no se entregue y que siga huida de la justicia no es el mejor camino para conseguir sus objetivos.

    Sigan disfrutando del calor, no se olviden de la cerveza… y perdonen las molestias ocasionadas por esta interrupción.

    Jesús Norberto Galindo // Jesusn.galindo@hotmail.com

     

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