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Miembro de honor de la Asociación de Directivos de Empresas Turísticas de España, durante una parte de su vida profesional ha estado vinculado a la gestión y asistencia técnica de organizaciones y actividades turísticas, tanto en la empresa privada como en el sector público. Corresponsal de prensa d...

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La temática de aquellos artículos, reflexiones o ensayos que se van a difundir en este blog están referidos a acontecimientos puntuales relacionados con la actualidad de tipo social, político o profesional y no pretenden guardar ningún tipo de hilo conductor ni temático, en concreto, entre ellos, má...


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  • 14
    Marzo
    2018

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    Murcia

    El rescate a la banca, ¿fue necesario?

    El rescate a la banca española, producido en febrero de 2012, fue la consecuencia más visible –junto al empobrecimiento general y la escandalosa subida del paro- que se ocasionó por la reciente crisis económica desatada en 2008 y de la que todavía no hemos llegado a salir del todo, aunque algunos se empeñen en afirmarlo.

    Si bien el apelativo con el que se tituló esta acción fue la de “rescate bancario” sin embargo hubiera sido más correcto denominarlo como “rescate a la Cajas”, dado que el gran descalabro, por algunos tildado de agujero negro, se produjo en la mayor parte de ese conglomerado de entidades crediticias compuesto por las Cajas de Ahorro, aunque hubiera alguna otra pequeña entidad, como el Banco de Valencia y algún otro, que suponían una minoría en el conjunto de este gremio.

    Tras la pifia cometida por José Luis Rodríguez Zapatero, en septiembre de 2007, al considerar que España participaba en la "Champions League de las economías mundiales", y su mensaje en defensa de la fortaleza de nuestras entidades bancarias, que nos iban a permitir“…que España progrese más rápidamente que los países de su entorno”, el batacazo que nos dimos fue todavía mayor, ya que a muchos pequeños ahorradores e impositores les pilló desprevenidos o, al menos, con el paso cambiado, y no les dio tiempo a reaccionar liberándose de aquellos activos tóxicos en los que habían invertido.El rescate a la banca, ¿fue necesario?

    El resultado: miles de familias afectadas; especialmente aquellos pequeños ahorradores sin un conocimiento específico del mundo de las finanzas, la mayoría de los cuales estaban encuadrados en la amplia clase media española que tras esta profunda crisis ha visto disminuir su peso específico dentro de la sociedad.

    La cuestión es: ¿fue necesario acudir al rescate de una parte del sistema bancario español?  Aunque reconozco no soy un experto en este campo tan técnico como apasionante, cuál es la economía, voy a ofrecer mi particular punto de vista, aunque sea “a toro pasado”, y alrededor del cual todavía existe mucha controversia y disparidad de criterios a la hora de enjuiciar su evolución.

    En primer lugar, quiero insistir en que la mayor parte del dinero procedente del rescate impuesto por la UE se ha destinado (a través del FROB –Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria-) al saneamiento y liquidación de casi una decena de Cajas de Ahorros. En total, de los 100.000 millones de euros que supuso el rescate aprobado, el gobierno español utilizó unos 60.000 millones, de los cuales 21.000 millones los aportará el Fondo de Garantía de Depósitos y unos 40.000 millones se considera no van a recuperarse, por lo que correrán a cargo del contribuyente. Las Cajas de Ahorros, al contrario que el resto de las entidades bancarias (que son sociedades mantenidas por sus accionistas) no tenían un “dueño” identificable. Algunas de ellas se formaron al amparo de las antiguas Diputaciones y otras, que habían nacido como consecuencia de pequeñas cooperativas o agrupaciones sectoriales, acabaron en el seno de distintas corporaciones oficiales y políticas donde –en muchos casos- acabaron apoyando determinadas inversiones que eran auspiciadas por el poder político, al margen de la viabilidad financiera de las mismas.

    Salvo algunas honrosas excepciones, en la mayoría de los casos no ha habido profesionalidad en los dirigentes de estas entidades y, estas, más bien parecían un cementerio de elefantes donde colocar a políticos en la reserva. La prueba de ello nos la ha dado el que fuera ministro de defensa Narcís Serra, recolocado después como presidente de Catalunya Caixa: en una reciente comparecencia parlamentaria, ante sus señorías, se permitió afirmar que “unos seis meses antes de producirse la quiebra de la entidad, había ‘dispuesto’ que los miembros del Consejo de Administración de la entidad hicieran un curso acelerado (de dos horas al mes) sobre gestión y contabilidad bancarias”. Y todo ello al comprobar la “escasa capacitación” que algunos de estos Consejeros tenían para el cargo que habían sido nombrados.

    Bajo mi punto de vista, al Estado español no le quedó más remedio que aceptar el rescate “ofrecido” por la UE y el FMI, dado que en el contexto económico-financiero en el que nos desenvolvemos y dentro de un mundo globalizado no nos quedaban más opciones salvo la quiebra del sistema, cuestión esta que la Unión Europea no podía admitir por el efecto dominó que hubiera supuesto. Además, no éramos un caso aislado: países como Irlanda, Grecia, Portugal y Chipre tuvieron necesidad de un rescate-país mayor del que se generó en España; y, en menor medida, algunas entidades bancarias de Francia, Holanda, Alemania e Italia también fueron financiadas con dinero público. Además, la cantidad que España tuvo que desembolsar, para contribuir a sufragar los rescates de los cuatro países citados en primer lugar, fue mayor que la ayuda recibida por nuestras entidades financieras, por parte de la “troika”.

    Pero esto tampoco nos tiene que servir de consuelo, puesto que si hay alguna culpa que achacar a las autoridades monetarias de nuestro país esa es la de la imprevisión. El Banco de España conocía la situación financiera de las Cajas de Ahorros mucho antes de la crisis y no hizo nada por corregirlo. Era un tema político en el que se sentían afectados partidos de uno y otro signo y a los diferentes gobiernos de turno no les interesó entrar en la despensa para deshacerse de los huevos podridos. La consecuencia: Una quiebra parcial del sistema financiero español. La solución: La aceptación, por parte de España, de un préstamo por importe de 100.000 millones de euros, en la seguridad de que lo que no se recupere, tras la venta de las entidades –una vez saneadas-, lo pagaremos entre todos los españolitos.

    Sin embargo, esto no ha pasado en la operación de venta del Banco Popular y aquí sí que han sido los accionistas los que han sufrido las pérdidas y no el erario público. Otra cosa es que aquellos ejerzan las acciones legales pertinentes contra los gestores del banco, pero en esta operación el Estado no ha puesto ni un euro.

    Como ya he manifestado, el Estado no podía permitir la quiebra del sistema financiero porque ello hubiera supuesto la pérdida de los ahorros de muchos españoles, dado que el Fondo de Garantía de Depósitos no pudo cubrirla en su totalidad, por lo que el gobierno intervino para evitar una catástrofe mucho mayor. Pero eso no quita para que, a los responsables de este desaguisado que como mínimo han cometido una mala praxis, se les exijan las debidas responsabilidades en nombre de toda la sociedad española, que es la que se ha configurado como “accionista” de estas Cajas, al asumir los costos de su saneamiento.

    Una situación bastante compleja y excesivamente mediática donde en la mayor parte de las ocasiones los árboles no te dejan ver el bosque, y a la que se le podría aplicar aquél refrán que dice:ni son todos los que estánni están todos los que son.

    Jesús Norberto Galindo // Jesusn.galindo@hotmail.com

     

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