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Blog Desde mi Atalaya - Jesús Norberto Galindo Sánchez

Jesús Norberto Galindo Sánchez

Miembro de honor de la Asociación de Directivos de Empresas Turísticas de España, durante una parte de su vida profesional ha estado vinculado a la gestión y asistencia técnica de organizaciones y actividades turísticas, tanto en la empresa privada como en el sector público. Corresponsal de prensa d...

Sobre este blog de Murcia

La temática de aquellos artículos, reflexiones o ensayos que se van a difundir en este blog están referidos a acontecimientos puntuales relacionados con la actualidad de tipo social, político o profesional y no pretenden guardar ningún tipo de hilo conductor ni temático, en concreto, entre ellos, má...


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  • 17
    Noviembre
    2016

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    Murcia

    El PSOE: un dilema pendiente de resolver

    La  preocupante situación por la que pasa el Partido Socialista Obrero Español me ha motivado a hacer una reflexión sobre el escenario actual y las consecuencias más inmediatas de índole política y social que se está generando en el panorama sociológico de nuestro país.

    Soy consciente de que, tras las últimas concurrencias electorales, la tendencia de la mayoría de los españoles apuntó al fin del bipartidismo con la aparición de una serie de partidos “emergentes” que han variado la configuración política y social. Pero no es menos cierto que si analizamos los resultados de las elecciones, no solo de las generales sino también de algunas de las autonómicas realizadas recientemente, nos encontramos con que a pesar de que –efectivamente- hay cuatro grandes partidos que dominan el 95% de los escaños del parlamento, estos se alinean en dos grandes bloques, en cada uno de los cuales hay un partido que es hegemónico de esa tendencia. Así pues nos encontramos que en el bloque que podríamos llamar conservador el partido que lo lidera es, claramente, el PP; mientras que en el bloque de izquierdas o progresista (como se llaman ahora) sería el PSOE el que ejerciera su liderazgo, si bien a escasa distancia de su más inmediato seguidor (Podemos) quien en las últimas elecciones ha acortado esas diferencias gracias, entre otras causas, a una errática política ejercida por el primero, que a lo largo de los últimos años ha dado como consecuencia una pérdida de identidad y el consiguiente abandono de muchos de sus votantes.El PSOE: un dilema pendiente de resolver

    Todos sabemos que la aparición de Podemos fue coincidente con el movimiento “15 M”, y este –a su vez- lo fue como consecuencia de una situación de hartazgo y de cabreo de toda la sociedad española, presionada por una brutal crisis económica y donde un considerable número de familias vieron truncadas sus expectativas, pasando directamente de estar en una situación acomodada a caer en la pobreza más absoluta. La sociedad española culpó directamente a la clase política de la aparente inacción de esta por solucionar sus problemas y esto degeneró en una serie de manifestaciones más o menos espontáneas que hicieron patente el desencanto de un bipartidismo que estaba formado por un socialismo desnortado y una derecha debilitada por la corrupción; consecuencias, que fueron aprovechadas por aquellos otros que supieron pescar en rio revuelto, dando como resultado el escenario del panorama político actual. Ya sé que no es tan sencillo como esto, pero, a grandes rasgos, esta podría ser la sinopsis que resumiera el origen de la situación actual en la que nos encontramos.

    Los partidos tradicionales pagaron las consecuencias del cabreo generalizado y, merced a ello, el PP comenzó a perder votos por su izquierda, (recordemos que a su derecha no hay de momento ninguna otra fuerza política). Y los perdió en favor de un partido recién creado (Ciudadanos) que –aunque nació en Cataluña, vio la oportunidad que se le presentaba, y pronto amplió sus objetivos a nivel nacional. Por su parte el PSOE ya había iniciado una hégira errática con una cierta radicalización ocasional y puntual hacia su izquierda y con un grave problema en el tratamiento de la territorialidad de nuestro país, donde no es que precisamente goce de coherencia en sus distintas posturas, según sea la región donde las manifieste. Estas causas le llevaron a perder votantes, tanto por su derecha (descontentos con la radicalización y el tratamiento del “problema” catalán) como por su izquierda, ya que estos últimos habían encontrado, en Podemos, un partido más ajustado a sus convicciones y preferían el original a una copia desdibujada.

    Así estaban las cosas cuando tras las dos últimas elecciones generales, donde el PSOE ha ido en caída libre, y las autonómicas gallegas y vascas, donde tampoco es que salieran bien parados, Pedro Sánchez le echó un órdago a su Comité Federal, sin sopesar las fuerzas con las que contaba, ni las consecuencias que todo este lío iba a traer. El resultado, ya se sabe: enfrentamiento con parte de la dirección de su propio Comité Ejecutivo, dimisión del Secretario General, constitución de una Gestora y un giro importante en algunas decisiones fundamentales que enmendaban las que hasta entonces habían propiciado un bloqueo en la gobernabilidad de España, y que nos llevaban directamente a la celebración de unas terceras elecciones que el PSOE tenía claro no les iban a ser más favorables; más bien todo lo contrario.

    Hasta aquí nada nuevo que no sea constatar que esta serie de episodios ha producido una importante fractura no exenta de un fuerte enfrentamiento entre los que ya el anterior Secretario General del PSOE bautizó como los dos bandos. El Comité Federal, auspiciado por la nueva Gestora, se vio obligado a tomar una serie de acuerdos que, además de ayudar a desbloquear la situación de parálisis política y administrativa que teníamos, tratara de incidir en el restañamiento de las heridas (por cierto muy profundas) que se habían producido en el seno de la organización. Pedro Sánchez, en un alarde de buen sentido, para –según él reconoció- ser coherente con sus ideas, renunció al acta de Diputado, para no verse “obligado” a votar, en el pleno de investidura, en contra de lo que la disciplina de su partido le había impuesto. Pero he aquí que en menos de cuarenta y ocho horas y en el transcurso de una entrevista televisada, anuncia su intención de dar la batalla para recuperar la Secretaría General y se propicia como candidato para acudir a las próximas primarias de donde debería salir el próximo candidato del PSOE a la presidencia del gobierno.

    Está claro que el antiguo Secretario General no piensa para nada en el bien de su partido, todo lo contrario de lo que él mismo se había cansado de pregonar.  El PSOE está roto y quien ha tenido parte de la culpa de que esto sucediera (él mismo) no está legitimado para “coser” las costuras de los desgarros que se han producido. Con su esperpéntica decisión no va a conseguir más que dividir más el partido que él tanto dice amar.  Los que estén más cerca de Pedro deberían recomendarle que no le haga más daño a su partido, si es que todavía lo considera algo suyo y si de verdad siente algo por él. Como ya le han dicho algunos de los que hasta ahora eran incondicionales suyos, es hora de que dé marcha atrás, como ya ha hecho con su dimisión, y dejar que el partido restañe sus heridas, volviendo a ser el partido de referencia de la izquierda, sin ningún tipo de vínculos y sin necesitar ningún tipo de apoyos que le condicionen una política clara y efectiva que es la que históricamente el Partido Socialista ha desarrollado en este país, al que ha ayudado a proporcionar, hay que reconocerlo, etapas de prosperidad y de desarrollo.

    Me viene a la memoria un episodio protagonizado por su antecesor Felipe González, cuando este dimitió (en mayo de 1979) como consecuencia de su propuesta –rechazada en un Congreso- a través de la cual proponía abandonar los fundamentos marxistas. Pues bien, en aquella ocasión Felipe dimitió de la Secretaría General y se retiró sin hacer ningún tipo de maniobras ni pronunciamientos que perjudicasen la división que entonces existía en su partido.  Cinco meses después ese mismo partido, gestionado por una Gestora que presidía José Federico de Carvajal, había recompuesto su situación interna y propuso de nuevo a Felipe González para dirigir el partido. La diferencia es que, en este último caso, fue el propio partido el que, tras un amplio debate interno y una reconsideración de sus políticas programáticas, restauró la cohesión y propició un acercamiento al dimitido dirigente.

    Pedro Sánchez tiene la oportunidad de hacer lo mismo, y no debería caer en la tentación de querer volver a aferrarse al poder que hasta ahora había ostentado y desde el que, intencionadamente o no, ha causado un grave perjuicio del que el partido se tiene que recuperar. Y no parece lo más coherente que quien ha estado en este desaguisado sea el mismo que prepare el banquete de boda. Sería bueno que pasara previamente por un curso de reciclaje y, mientras tanto, dejara a otros que sean los que gestionen un buen tratamiento.

    Eso es lo que espero, por el bien del PSOE.

    Jesús Norberto Galindo // Jesusn.galindo@hotmail.com

     

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