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Blog Desde mi Atalaya - Jesús Norberto Galindo Sánchez

Jesús Norberto Galindo Sánchez

Miembro de honor de la Asociación de Directivos de Empresas Turísticas de España, durante una parte de su vida profesional ha estado vinculado a la gestión y asistencia técnica de organizaciones y actividades turísticas, tanto en la empresa privada como en el sector público. Corresponsal de prensa d...

Sobre este blog de Murcia

La temática de aquellos artículos, reflexiones o ensayos que se van a difundir en este blog están referidos a acontecimientos puntuales relacionados con la actualidad de tipo social, político o profesional y no pretenden guardar ningún tipo de hilo conductor ni temático, en concreto, entre ellos, má...


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  • 15
    Diciembre
    2016

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    Murcia

    A vueltas con la cohesión territorial

    Hace escasas semanas unas desafortunadas declaraciones de la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, desataban una polémica con los responsables políticos andaluces en el entorno de la financiación autonómica y la “contribución” de unas regiones en favor de otras.

    Esta polémica, que antaño era exclusiva de los políticos catalanes (“España nos roba”, “Lo que se recauda en Cataluña para los catalanes”…), parece ser que ha traspasado fronteras y se ha contagiado a otras latitudes, al parecer porque aquellos ya están en otra cosa y este tipo de demanda se les ha quedado pequeña.

    Pues bien, ante este contagio (todo lo malo se pega) sería bueno hacer algunas reflexiones alrededor de este nuevo episodio de falta de cohesión y de pugna territorial en la que estamos instalados en este país y que, de seguir así, vamos a acabar asemejándonos a una corrala de vecinos mal avenidos.A vueltas con la cohesión territorial

    Comenzaré por decir que en cualquier estado moderno y sobre todo aquellos cuya riqueza está basada en un régimen de economía de mercado, como es el nuestro, quienes tributan son las personas y/o las entidades, nunca los territorios. Esto es importante ya que hay que desterrar, del discurso demagógico que muchos utilizan, aquellas frases tan manidas y desafortunadas como las que hemos escuchado más de una vez: “La Comunidad de Madrid paga para que Andalucía tenga sanidad”; o aquella otra: “Cataluña está financiando los ordenadores que utilizan los escolares extremeños”.

    Este tipo de manifestaciones es algo que está alejado de la realidad y que obedecen más a un sentimiento nacionalista, más propio de regímenes endogámicos y poco desarrollados, y de sociedades excesivamente vinculadas a políticas dirigidas basadas en un populismo trasnochado.

    Quizá que, para expresar mi teoría, lo mejor sea poner un ejemplo:

    La empresa “X” está radicada socialmente en la Comunidad Autónoma “C”, y como consecuencia de ello paga allí sus impuestos, derivados de los beneficios que obtiene por sus ventas. Impuestos con los que se gravan las industrias radicadas en dicho territorio y que vienen a suponer una fuente de ingresos de los que se nutre la citada Comunidad Autónoma.  Pero para que la empresa “X” tenga un balance positivo que le permita tributar, tiene que vender sus productos, y si lo hace solo en la región donde está instalada, no es suficiente, por lo que precisa expandir su área de venta. De ahí que tenga que vender estos productos en otros territorios, y gracias a ello disponer de un volumen de ventas que le permita tener unos beneficios que son los que le obligan, a su vez, a pagar impuestos por ello.

    Y ¿dónde efectúa estas ventas?, pues en otras regiones donde, por su nivel de desarrollo, comunicaciones, y una serie de factores muy heterogéneos no han podido cumplir los requisitos para que se radiquen estas industrias. Y aquí es donde aparece la necesidad de contemplar un factor corrector de solidaridad entre las distintas Autonomías y que es algo a lo que se resisten algunos de los denominados “territorios históricos”.

    Todos conocemos el sistema foral que está implantado en las Comunidades del País Vasco y de Navarra, y que está contemplado en nuestra Carta Magna. Pero ello no es óbice para que yo considere que es un sistema injusto y que, aunque  está basado en un reconocimiento histórico, también es cierto que fue abolido casi en su totalidad en la etapa de la dictadura de Franco, aunque se reconoció posteriormente en la Constitución española de 1978.

    Lo que viene a significar este tipo de “fueros” y que otras Autonomías ya están demandando es, básicamente, administrar sus propios ingresos derivados de los impuestos, y eso –como he manifestado- me parece injusto. ¿Y por qué considero injusto este tipo de conciertos?; pues por una razón muy simple: si todos los territorios de España tuvieran derecho a este tipo de regímenes especiales, los más pobres no podrían salir nunca de su pobreza y agudizarán, cada vez más, su penuria. Pero es que además es injusto por otra razón: ¿acaso las regiones más favorecidas tendrían la riqueza que actualmente tienen, si los productos que se fabrican allí no los compraran en el resto de territorios de este país al que, por cierto, con este tipo de actitudes se está cuestionando su unidad territorial?.

    Deberíamos aprender de algo que ya experimentó la Unión Europea, cuando daba sus primeros pasos de cara a la formación de una gran unión de países, donde también existen este tipo de desigualdades y donde se han propiciado una serie de programas de ayuda a regiones y territorios considerados como más desfavorecidos. Estos programas no son otra cosa que una gran “hucha” donde los países más ricos de la UE vierten sus aportaciones, a través sus contribuciones establecidas en el marco económico de sus presupuestos, y que sirve de elemento corrector hacia los países menos beneficiados, incentivándolos mediante la ejecución de una serie de proyectos de infraestructuras, sociales y de desarrollo económico capaces de generar un aumento de la “renta per capita”, mediante la redistribución de esa misma renta procedente de los países más favorecidos.  Si cambiamos la terminología “Países más favorecidos” por la de “Regiones” o por “Comunidades Autónomas” y extrapolamos este tipo de programas a España como conjunto, al final nos daremos cuenta de que es lo mismo. ¿Por qué entonces algo que ya se está haciendo en la UE y que está considerado como normal, solidario y progresista, aquí en nuestro país nos lo estamos cargando?. ¿Por qué a través de este tipo de postureos autonomistas y filoindependentistas estamos cuestionando la cohesión territorial de un país como España, cuando la inercia general de las sociedades actuales apuestan por la cooperación, la colaboración y la globalización?.

    Son preguntas que deberían hacérselas todos aquellos que defienden un modelo de desarrollo económico basado en la autarquía, renegando de aquél otro que es el que todos los países desarrollados mantienen y que está basado en la solidaridad y en la redistribución de la riqueza, como medio para la erradicación de las desigualdades.

    Y lo peor es que algunos de los que defienden la autonomía presupuestaria se autodenominan progresistas… A lo mejor es que como se sienten de una nación diferente no quieren compartirlo con otros.

    Jesús Norberto Galindo // Jesusn.galindo@hotmail.com

     

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