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Blog Desde mi Atalaya - Jesús Norberto Galindo Sánchez

Jesús Norberto Galindo Sánchez

Miembro de honor de la Asociación de Directivos de Empresas Turísticas de España, durante una parte de su vida profesional ha estado vinculado a la gestión y asistencia técnica de organizaciones y actividades turísticas, tanto en la empresa privada como en el sector público. Corresponsal de prensa d...

Sobre este blog de Murcia

La temática de aquellos artículos, reflexiones o ensayos que se van a difundir en este blog están referidos a acontecimientos puntuales relacionados con la actualidad de tipo social, político o profesional y no pretenden guardar ningún tipo de hilo conductor ni temático, en concreto, entre ellos, má...


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  • 20
    Octubre
    2016

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    Murcia

    A vueltas con el Mar Menor

    Ahora que ha acabado la temporada veraniega, y cuando parece que los medios de comunicación, y algunos de los colectivos que más se han ocupado de tratar el tema de la preocupante situación medio ambiental por la que está pasando nuestro Mar Menor, se han tomado un respiro, aprovecho para escribir sobre esta cuestión, tratando de eludir la tensión que estos meses pasados hemos estado soportando y en la confianza de poder aportar un poco de serenidad no exenta de la necesaria y constructiva crítica, cuando esta sea necesaria.

    A vueltas con el Mar MenorAl Mar Menor lo podríamos calificar como la “joya de la corona”. Esa joya, que muchos han descubierto este año y que, los que tenemos la dicha de haber nacido junto a ella, la hemos admirado con una especial sensación; y por eso sabemos de la fragilidad de su hábitat, como así mismo  conocemos que su entorno está permanentemente acechado por numerosos episodios ligados al comportamiento de la actividad diaria de aquellos agentes empresaria-les, sociales y económicos que, en el uso legítimo de sus derechos, y mediante la utilización de una serie de elementos propios de su actividad, pueden llegar a afectar el normal desarrollo biológico de este entorno tan peculiar y único en su género.

    Por otra parte, el Campo de Cartagena, ha sido –desde tiempo inmemorial- un territorio abierto a la proliferación de pequeñas explotaciones agrarias, fundamentalmente de secano que, con la llegada del trasvase Tajo-Segura, gozaron de unos recursos hídricos que permitieron, no solo la conversión de unos terrenos que eran de secano en regadíos, sino la ampliación de muchas más hectáreas de huerta que fueron poniéndose en explotación conforme se iba asentando un nuevo concepto de agricultura, que ha acabado convirtiendo la comarca en un territorio con un alto grado de tecnificación agrícola y con una agricultura que ha pasado a ser denominada como “intensiva”.

    Ambos eco-sistemas han convivido desde hace innumerable tiempo sin que, aparentemente, haya interferido el uno en el otro, si bien es cierto que el incremento de las explotaciones agrícolas unido a una pertinaz y creciente sequía, y además a una minoración paulatina de los caudales procedentes del trasvase, han dado como consecuencia la búsqueda de otros caudales alternativos (agua de pozos) cuya excesiva salobridad obligaba –tras la correspondiente depuración- a verter los caudales excedentes a una serie de canales de drenaje, a través de los cuales llegaban a la laguna. Si además añadimos que estas aguas, además de su alto índice de salobridad, contienen una serie de nutrientes (restos de amonio, silicatos, fosfatos) que han sido utilizados como elementos necesarios para la fertilización de estas tierras, nos encontramos con un cóctel ideal de difícil digestión para la fragilidad del sistema medio-ambiental de nuestro Mar Menor.

    Esta situación, además, se agrava a través de un fenómeno natural producido por las escorrentías de aguas ya utilizadas en el riego (y que también incluyen estos nutrientes), o por el mismísimo efecto de lluvia, y que al filtrarse a través del subsuelo, van siguiendo su cauce natural hacia cotas más bajas, es decir hacia el mar; de tal forma que el Mar Menor recibe no solo los vertidos procedentes de la agricultura y que fluyen en superficie, sino también aquellos otros que le llegan a través del nivel freático y que, igualmente, están cargados de materia orgánica.Prueba de ello es que la mayoría de las muestras de estas aguas subterráneas, procedentes de los regadíos y que han sido analizadas, superaba el límite de los 50 miligramos por litro impuesto por la UE.

    Hasta ahora se estaba estimando que el aporte por este último concepto (las aguas procedentes de las escorrentías del subsuelo) podría estar entorno a los 6 ó 7 hm3, pero un reciente informe emitido por un equipo investigador externo ampliaba esta cifra hasta los 60 hm3. Este testimonio, aunque en principio es fruto de una mera especulación fruto de un artículo aparecido en una revista científica, ha hecho saltar todas las alarmas y ha propiciado que se realice un detenido y riguroso trabajo de investigación con el objeto de que, lo que hasta ahora está siendo una mera estimación, se convierta en un dato fidedigno que posibilite, tras ofrecer un diagnóstico lo más real posible del estado del eco-sistema, aplicar un tratamiento de choque lo más eficiente posible.

    La situación, por tanto, es la siguiente: el agua vertida con un alto índice de salobridad y una importante carga de nutrientes ha venido a cambiar el equilibrio ecológico de la laguna.  Por otra parte, hasta el pasado año (2015) el Mar Menor ha tenido una alta concentración de medusas (de la especie Cotylorhiza Tubercalata ), popularmente conocida como “ huevo frito”, que –por cierto- no es la especie autóctona de nuestro Mar Menor.  Esta alta concentración de medusas había hecho que se minimizase el efecto que producía la aportación orgánica procedente de los vertidos y a la que ya se ha hecho referencia, dado que las medusas son como depuradoras que se alimentan precisamente de esta materia orgánica, lo que propiciaba una minoración de sus efectos. Lo cual no obsta para que se pueda afirmar que, desde hace unos años, el Mar Menor ha ido manifestando una sucesiva y progresiva degradación, a la que no se le daba especial importancia, pese a las voces que, desde distintos ámbitos ecologistas y científicos, se producían alertando sobre esta situación.

    Con el sellado de numerosos pozos y conductos de vertidos, las autoridades administrativas creían que se iba a conseguir una involución importante en el comportamiento ecológico de este espacio. No obstante, no se conoce a ciencia cierta si debido a la casi ausencia total de medusas este año, o a que el nivel de nutrientes que ya están sedimentados en el fondo de la laguna es muy importante, el caso es que la “mejoría” que se estimaba iba a producirse tras el referido “sellado” no se ha cumplido en su mejor proyección, si bien es cierto que ha habido una cierta recuperación y que el nivel de “visibilidad” ha aumentado, lo que significa que se está en la buena senda aunque haya todavía mucho camino por recorrer. 

    El escenario en el que nos encontramos provoca una situación muy compleja, ya que, por un lado están los intereses de las empresas agrícolas, cuyos medios de subsistencia están ligados de forma directa a la explotación de sus aprovechamientos agrarios, lo que hace que –al utilizar una serie de medios y de recursos que –a su vez- inciden de forma negativa en la conservación de la laguna, hacen que el normal desenvolvimiento de su actividad profesional genere un daño irreversible de proporciones incalculables, si este no se corrigiese.

    Por otro lado está el deterioro medioambiental que se está produciendo como consecuencia del libre desempeño de esta actividad, además del gravísimo perjuicio económico que se está haciendo al sector del turismo, que a día de hoy supone más de un 10% del peso específico en el PIB regional, y que durante el verano de 2016 ha sufrido la cancelación de un buen número de reservas, consecuencia de una desastrosa campaña de comunicación muy negativa con la actual situación de degradación del ecosistema y a lo que habría que añadir la pésima imagen que se ha dado de cara a la fidelización clientelar para próximas temporadas.

    El Gobierno regional debe aceptar que este problema le ha sobrepasado y que le ha pillado “con el pie cambiado”. No se tomaron en su momento las decisiones adecuadas, y se ha visto arrastrado por el clamor generado en la sociedad, del que los medios de comunicación se han hecho eco, sirviendo de altavoz de todas aquellas plataformas y organizaciones que, de forma inconexa, individualizada y en algunos casos, también hay que admitirlo, con informaciones sesgadas y catastrofistas, han jugado un papel significativo en estos último meses denunciando esta situación.

    En su favor, por otra parte está el haber constituido una Comisión de Expertos, a cuya cabeza está el prestigioso científico Angel Pérez Ruzafa, y donde se ha excluido de forma explícita la representación “política”, circunscribiendo por tanto la composición de esta comisión al ámbito técnico y científico que es de donde tienen que salir todas las soluciones posibles que el Gobierno regional tendrá que ejecutar

    El portavoz de esta Comisión, a finales del mes de agosto, ya apuntó –por los datos y estudios que se estaban manejando- que creía NO había un punto de “no retorno” en el proceso de degradación y que, por tanto, era optimista al creer que la situación podía ser reversible. Yo también creo firmemente en el poder de regeneración que tiene nuestro Mar Menor, si bien también es cierto que la Administración tiene que tomar medidas drásticas que posibiliten cortar de raíz los problemas que producen la degradación paulatina de su ecosistema, y de otra parte se tienen que tratar de minimizar al máximo los daños que se van a producir en el sector agrícola al eliminar determinados medios y recursos que a este sector le son de vital importancia para el desarrollo normal de su actividad productiva.

    Es sabido que ya se han tomado una serie de medidas, algunas de ellas en proceso de ejecución y otras en estudio.  Se ha comenzado la construcción de canales de conducción de vertidos a las desalobradoras de Cabo de Palos y San Pedro del Pinatar; se ha proyectado la ejecución de los “filtros verdes”; Se está analizando el efecto que produce la aportación de agua del Mediterráneo al Mar Menor a través de las golas y su incidencia en el ecosistema (hay una cierta controversia en este asunto);  y hasta se está estudiando la posible inclusión de alguna especie biológica que sea capaz de absorber la carga de nutrientes existente en el lecho marino. Pero dejemos que sean los científicos los que propongan las soluciones más convenientes y no intentemos ser más “papistas que el Papa”, ni utilizar esta situación como arma arrojadiza para ganar un puñado de votos.  Es la hora de los técnicos y a los políticos les toca ahora hacer posible aquellas soluciones que se propongan desde este órgano asesor.

    También es importante que nos concienciemos que una continua campaña de desprestigio, con noticias que generan titulares alarmantes, no es lo más conveniente en estos momentos en los que se está trabajando para solucionar el problema. Sobre todo si además constatamos el perjuicio que esta situación está generando en el sector turístico que, como ya se ha dicho, es un factor importante, pilar básico en el desarrollo económico de esta comarca y donde, merced entre otros factores a la amplia repercusión generada a lo largo del pasado verano, se va a producir una más que probable regresión en las reservas turísticas para la próxima temporada.

    Por todo ello mi opinión, y la postura que voy a tratar de defender se basa en proponer que el tratamiento de estos temas se haga huyendo de cualquier tipo de alarmismo. Seamos respetuosos con la información que manejamos y tratemos de no sacar réditos políticos de esta situación. Ya habrá tiempo, después, cuando el enfermo mejore.

    Digamos SI a la información veraz, ecuánime, basada en una realidad acreditada y positiva y alejada de todas aquellas actitudes que no estén basadas en soluciones objetivas y científicas. Y digamos NO a la información catastrofista, oportunista, que busca titulares y que, soterradamente, tiene otras pretensiones más centradas en buscar consecuencias políticas que en analizar situaciones dentro de un ámbito científico y técnico.

    Dejemos a los expertos que trabajen y que propongan las soluciones más convenientes que, estoy seguro, se van a encontrar y que van a propiciar que el Mar Menor vuelva a ser el espejo en el que se ha mirado la Región de Murcia y orgullo de todos los que vivimos junto a él así como de los que, de manera habitual, nos visitan.

    Jesús Norberto Galindo // Jesusn.galindo@hotmail.com

     

     

     

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