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A pie de tiza
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  • 01
    Noviembre
    2011

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    He encontrado a un ciudadano

     Todo el mundo sabe que las casas a veces padecen epidemias. De pronto un buen día se estropea una lámpara, y al poco un grifo, y así hasta que hay que cambiar la bañera. Eso ocurre sin necesidad de buscarlo, que otra cosa es decidir hacer algún cambio o reforma en la casa. En ambos casos, no obstante, la experiencia suele resultar traumática. Además de las incomodidades que hay que sufrir, del desagrado que supone tener que reconocerse uno mismo como literalmente "dependiente" de un grifo o una lámpara, puesto que siente que no puede vivir sin ello, además de todo eso, digo, está la cara que a uno se le queda cada vez que el operario no acude cuando dijo que vendría, incluso alguno te dice con un desparpajo digno de mejor mentira que estuvo y no estabas tú, o cuando de resultas de lo primero la enfermedad se complica y el presupuesto (real o, la mayoría de las veces, imaginado por el pagano) y la duración del asunto se disparan.http://blogs.laopiniondemurcia.es/apiedetiza/wp-includes/js/tinymce/plugins/wordpress/img/trans.gif

    A partir de la edad en que uno ya aprende esta lección de la vida, cuando una de estas epidemias entra en su casa se  prepara lo mejor que puede, se arma de paciencia y si es creyente se encomienda a sus entes protectores, y acomete el proceso de solución, cada vez con menos esperanzas de que esta resulte plenamente satisfactoria. Ya sabe que esto es así y ya no lucha ridículamente contra lo que no está en su mano cambiar porque parece inscrito en el ADN de cuantos profesionales se dedican a arreglarnos todo eso que necesitamos para vivir como vivimos. En momentos así es cuando la resignación resulta valiosa porque ahorra bilis.

    Dentro de todo eso que hay que tragarse en estos casos, está por un lado "el presupuesto" y por otro "la factura". La pregunta "¿cuánto me va a costar?" suele responderse con una cifra acompañada siempre por una cláusula del tipo "pues esto puede salir por unos...", es decir, queda clara la aproximación y uno ya sabe que ha de incrementar esa cantidad en un cierto porcentaje y de hecho lo hace mecánicamente de modo inmediato, sabiendo igualmente que eso no significa que la cantidad adquiera estabilidad. Pides presupuesto y te dan... esa contestación. Podrías, de hecho al principio lo intentas, explicarle que un presupuesto es un documento, etcétera, etcétera, etcétera. Pero cuando ya te has cansado de no entender que encuentren ofensiva tu pretensión, pues dejas de luchar. Ser consumidor exigente resulta agotador, y no siempre se tienen las fuerzas, no pequeñas, que hacen falta para ejercer los derechos, en esto como en tantas otras cosas.

    Así pues, contratas sin contrato, llegan a tu casa unas personas que entran y como te descuides disponen incluso más allá de aquello que les incumbe por tu petición de trabajo/auxilio. Cuando llega el momento final, tú sibilinamente esperas, medio sugieres que cómo pagas... el caso es que invariablemente sueles enfrentarte a una u otra formulación de la idea siguiente: "si usted quiere factura es que es un poco tonto, pero que yo  por mí no hay problema, que si usted no quiere hacerme caso y quiere ser tonto, pues yo le hago la factura, pero ya le estoy explicando, y no sé si usted me está entendiendo, que entonces tiene que pagar el iva.". (Lo de "usted" lo pongo yo, que lo normal es ya considerarlo una extravagancia). Y de nuevo depende de las fuerzas que a uno le queden que diga una cosa u otra. Aunque otras veces, las cosas discurren de tal modo que en ningún momento se plantea siquiera tal posibilidad (recibo o factura, y ni recibo recibes), todo en un sobreentendido revestido de cortesía y empapado en incivismo.

    Por eso creo que debo calificar de milagro haber dado con un profesional que, cuando se le pide presupuesto, lo da por escrito, detallado por conceptos, con el iva incluido. Que acude exactamente el día y a la hora fijada. Que manda e-mails exactamente cuando anunció que los mandaría. Y que, al terminar, viene con su factura, exactamente ajustada al presupuesto, a pesar de haber puesto de su cuenta algunos materiales. ¡¡Una factura completa, completamente legal, con todos los datos: nombres, nif's, número, fecha, iva...!! Y al pagarle, la firma y escribe la fecha y su NIF personal. Asombroso, milagroso, estupendo. Se llama Juanjo Pérez. Un ciudadano de verdad.

    Sí, ya sé que esto es fantasía, literatura, nada que ver con la realidad. Que no se molesten los gremios en desmentirme. Ya sé que es que hasta ahora he tenido mala suerte, que lo que me pasa a mí no le pasa a nadie, ya, ya lo sé.

     

     

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