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A pie de tiza
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  • 13
    Julio
    2012

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    Confianzas y "ajustes"

     

    Hace más de un año que pesonas inteligentes y bien informadas están dando una y otra vez la voz de alarma respecto de las decisiones de nuestros gobernantes (pasados y actuales, europeos, nacionales y autonómicos) supuestamente orientadas a sacarnos de esta crisis econonómica. Valga como ejemplo este artículo, que a pesar del tiempo transcurrido espero que encuentren, como yo, muy actual: www.lavozdegalicia.es/opinion/2011/09/17/0003_201109G17E12993.htm.

    No creo que España pueda "generar" confianza solo a base de recortar los gastos del estado y castigar a sus clases medias y a sus funcionarios. Creo que se generaría mucha más confianza, a corto plazo, obligando a devolver el dinero público a los políticos que se lo han llevado crudo, independientemente de las responsabilidades que se sustancien en sede judicial; y a medio y largo plazo, regenerando moralmente la vida política (que los representantes rindan cuentas ante sus electores; que no haya nepotismo (la hija de Fabra; la hija de González Tovar...) en los partidos: los treintañeros, a formarse en centros de estudios exigentes y prestigiosos, con becas del partido, por ejemplo, y no sentados a la diestra del líder en el parlamento tras haber hecho suficiente ruido en las juventudes...) y en la administración (jefes que no hagan la vista gorda cuando el interino recién llegado, puntual y cumplidor, es "avisado" por sus colegas de que "aquí no se hace así", por ejemplo). Escuché en la radio local una anécdota de primera mano narrada por quien la presenció: dos altísimos cargos del partido gobernante conversan y uno dice que hay que adelgazar la administración autonómica, que por ejemplo podría prescindirse del defensor del pueblo murciano, y el otro responde inmediatamente "¿es que tú tienes algo contra José Pablo?", y creo que huelga el comentario.

    En estos meses se ha ido desvelando lentamente, poquito a poquito, ante nuestros ojos atónitos el desastre de Bankia (gordísimo) y otras entidades bancarias. El escándalo de las "opciones preferentes", que el hecho de que la codicia animase a los inversores no exime de vergüenza a entidades y empleados que las "colocaron" sin escrúpulos. Se ha puesto sobre la mesa la posibilidad de reducir elementos de la administración (diputaciones, ayuntamientos, defensores del pueblo, televisiones...). Y a todo eso, cada vez más parados, anuncios en un informe de la OCDE de que una parte de ellos jamás volverán a  tener un empleo; incremento del número de jóvenes ni-ni (que ni trabajan ni estudian); autoexilio económico de titulados universitarios (a 4 euros la hora de los enfermeros en Portugal); reducción de las inversiones públicas y privadas en I+D+i (cuando en Francia y Alemania han aumentado con la crisis); y aún más reducciones en educación, sanidad y dependencia. Un desastre, en el que nuestro ministro de Hacienda es el único que aparece feliz y emocionado con los "tiempos duros".

    En Inglaterra se ha descuberto recientemente un escándalo en el Barklays Bank, y en cuestión de días ha habido las dimisiones lógicas. Cuando, tampoco hace mucho, los ciudadanos británicos se enteraron de que algunos de sus diputados se habían gastado importantes sumas de dinero público en reformar sus casas particulares, y aunque hacerlo no era ilegal, los afectados se apresuraron a devolver el dinero inmoralmente usado y algunos dimitieron. ¿Por qué seguimos siendo diferentes, con lo odioso que era el lema? En España, Rato, por ejemplo, no ha dimitido realmente. Sí lo ha hecho MAFO, pero sin poder ir al parlamento a explicarse... calidad democrática, se ve.

    La prima de riesgo sigue en alturas que se decían intolerables, la deuda española al 7%, la UE a su ritmo de tortuga vieja sin prisas, ahogando sucesivamente a los países que tienen "dificultades financieras". Porque el "rescate" de Grecia y Portugal, que se sepa, no ha puesto a estos países en mejores condiciones. Y el "préstamo a la banca" española tampoco parece habernos sido de gran ayuda en "los mercados". Y más y más "ajustes" (¿por qué dicen "ajuste" cuando quieren decir "reducción"?) que en lugar de "tranquilizar a los mercados", no hacen sino aumentar su histeria y su codicia.

    ¿Hasta cuándo vamos a seguir creyéndonos estos cuentos? ¿Hasta cuándo vamos a hipotecar el futuro de nuestras generaciones venideras?

    Quitarle la paga extra a los funcionarios (tras las rebajas de sueldo que ya llevamos), complicarle la vida a los farmacéuticos (sin haber calculado seriamente el verdadero ahorro real de la medida), reducir el gasto social (ONG,s, dependencia...), aumentar el IVA (sin haber calculado seriamente si los ingresos finales que generará compensarán el freno al cosumo)... son medidas que tal vez ahorren gasto del estado, pero que seguro que no generan ni confianza (de los ciudadanos ni de los mercados) y mucho menos revitalización económica. Y si no se prevé nada orientado a que de verdad aumenten sosteniblemente los ingresos del estado, entonces ¿qué haremos cuando ya no quede nada de nada, cuando el gasto del estado esté reducido a los sueldos de los representantes políticos y las subvenciones a los amigos? ¿De dónde reduciremos?

    Entre los argentinos ha sido un tópico preguntarse cuándo se fue a la mierda su país. Algunos aquí ya nos lo estamos preguntando también, aunque la respuesta no nos saque de la ídem.

     

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